Al piano con el mandilón puesto
Arousa
El palomar Los peques de la guardería y los alumnos de cuarto de Carril compartieron ayer una clase de música muy especial. Aporrearon el piano y hasta se montaron una romería
07 Jun 2006. Actualizado a las 07:00 h.
Perdonen que me ponga melosa, pero es que la estampa se presta. A ver si no. Niños de dos y tres años, con sus mandilones multicolor, sentados en el suelo y cantando aquello de «que llueva, que llueva, la Virgen de la cueva». Y aporreando la batería, y el piano, y dando palmas. De mañana se fueron al conservatorio de música de Vilagarcía, al auditorio, donde les esperaban Álex con la guitarra y otros profes bien provistos del trombón, el violín y el piano que les pusieran el tono para La Cucaracha , la Rianxeira y más. También estaban los alumnos de cuarto del colegio de Carril que, ataviados para la ocasión con trajes folclóricos y un pulpo á feira de cartón -pero que daba el pego- montaron una romería para los pequeñitos. Y miren a quien nos encontramos vestidas de los más enxebre . A Sandra Bouzas , Silvia Mosquera y Paula Gómez estamos más acostumbrados a verlas con el quimono blanco y dando esas patadas tan bien dadas que les han convertido en campeonas gallegas de alevín y terceras del campeonato de taekwondo de España. Pues también se las apañan con la música además de que, según me cuentan sus maestras, son buenas estudiantes y se portan muy bien. ¡Que más se puede pedir! Marta Rodríguez improvisó No, no es la diputada del PP. Es una alumna de Carril que ayer tuvo que improvisar una actuación ante sus compañeros. En medio de la algarabía, alguien se acordó de que Marta va a clases de piano y, como había un piano delante y se trataba de tocar, le pidieron que hiciese una demostración. Marta se atrevió sin partitura y demostró a su profe, que estaba de testigo, y al resto del público que le saca muy buen provecho a las clases de por la tarde. Con las manos en las teclas Otros no tenían tantas dotes, pero dio igual. Joel, Elisa y sus compañeros de guardería no se cortaron un pelo a la hora de sentarse al piano. De allí no salió ninguna melodía y sí mucho ruido. Pero, quien sabe, quizá ahí estén las bases del rock del futuro. En todo caso me encantó verlos. Los niños se acercaron a la música y los mayores nos acercamos a los niños. Con ternura y sonrisas, que mejor manera de empezar el día.