La Voz de Galicia

Las capuchas no convencen

Arousa

El sector, que duda de la eficacia del sistema, sostienen que las coberturas plásticas asfixiarían al mejillón antes de que las manchas de fuel pudiesen ser retiradas del agua

28 Nov 2002. Actualizado a las 06:00 h.

La solución promovida por la Consellería de Pesca para proteger las bateas de Arousa y Muros no convence en absoluto a los mejilloneros. Es más, no son pocos los representantes del sector que se toman a broma la idea de cubrir con un plástico los criaderos. La Plataforma, por su parte, insiste en que la verdadera prevención, en la que se deberían concentrar todos los esfuerzos, es cerrar la ría con barreras anticontaminación. Mortandad del producto Juan Maneiro, responsable de la unidad de observación de la marea negra, aseguraba esta semana que las coberturas plásticas pueden proteger tanto la estructura de las bateas como la producción. El sector sostiene, sin embargo, que extender un material de este tipo hasta una profundidad de uno o dos metros supone exponer al mejillón a un grave riesgo de mortandad. Como mucho, los bateeiros creen que el molusco podría aguantar un par de días. Pero incluso si sobreviviese, las partículas de refinado afectarían al producto: «¿E quen mercaría mexillón dunha ría na que entrou o fuel?». Ineficacia de la capucha Para que las coberturas se mantengan por debajo de la superficie son necesarios unos contrapesos, que en teoría deberían garantizar la estabilidad de todo el conjunto. Sin embargo, la propia consellería asume que de nada servirá el sistema con mar batido. Ello no sólo supone que zonas como O Grove y Aguiño queden desde el principio excluidas, sino que el plan puede ser inviable en el conjunto de ambas rías a poco que las olas comiencen a levantarse por encima de un metro. «Se o vento tira para riba das cordas das bateas, como non vai levantar o plástico», razona un mejillonero. Las pruebas en Muros La intención de la consellería era comenzar ayer mismo las pruebas de las coberturas en la ría de Muros. Posteriormente, llegaría el turno de los polígonos arousanos. Con todo, Maneiro advirtió que por el momento se situarán en las bateas afectadas los dispositivos. Pero, lógicamente, no serán extendidos en ningún caso si las manchas de fuel no comienzan a llegar. La máxima altura que las olas pueden alcanzar en el interior de la ría es de unos dos metros. Si en el momento en que se necesitase la cobertura plástica el mar alcanzase esta fuerza, el sistema ni siquiera sería puesto en marcha. Limpieza de manchas El plástico tendría una segunda utilidad: evitar que las manchas de fuel se disgregasen en una miríada de pequeñas bolas al atravesar las bateas. Teniendo en cuenta que cada una de ellas dispone de unas quinientas cuerdas, el efecto sería enorme. Sin embargo, que el hidrocarburo sufriese una disgregación más leve resultaría incluso positivo, ya que podría ser retirado más fácilmente. La consellería razona que, atravesando polígonos cuyas bateas estén protegidas por las coberturas, el vertido podría ser eliminado con mayor eficacia. El problema es que ello exigiría una amplia dotación de lanchas de limpieza ágiles, capaces de maniobrar entre los polígonos con soltura. En toda la ría de Arousa sólo hay una, la del Puerto de Vilagarcía, que no podría navegar en caso de mar muy batido. Necesidad de material Pesca se encargaría de todos los gastos económicos y de proporcionar el material plástico a los bateeiros. Sólo en Arousa trabajan unas 2.200 bateas. Aproximadamente la mitad de ellas podrían ser protegidas por las capuchas. Los mejilloneros dudan de que la Xunta sea capaz de conseguir todas las coberturas necesarias para tantos viveros. Además, y teniendo en cuenta que la amenaza se cierne sobre el fin de semana, creen que tampoco hay tiempo.


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