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Pancho Lestegás: «O segredo? Non sei como cheguei aos 107 anos»

El abuelo de Foz reside con su familia y no necesita una residencia

La Voz de Galicia

Rodeado de familia y siempre de buen humor. Así festejará hoy Francisco Lestegás Eiras su 107.º cumpleaños, en su casa del barrio focense de Marzán, en A Mariña lucense. Será, sin duda, un día especial para el abuelo de Foz. El menú será de aúpa, como le gusta al cumpleañero, a base de callos. No faltará una copa de buen vino y una gran tarta para colocar las 107 velas. Él es el primer sorprendido cuando se le pregunta cuál es el secreto para ingresar en la selecta lista de los gallegos más longevos: «O segredo? Non sei como cheguei aos 107 anos». Es una de las cuestiones que más escucha: «Que sei eu! Non fumei, como de todo, non tomo medicamentos, non teño colesterol... e, de vez en cando, un vasiño de viño!». No sabe lo que es hacer dieta, muestra su preferencia por la carne de cerdo y hasta los 100 ejercía cada año de barman en la fiesta que organiza la asociación de vecinos de su barrio, el mismo en el que ha vivido durante toda su vida. Trabajó como marinero desde los 13 hasta los 60 años embarcado en el pesquero Relámpago -de ahí su apodo- y en el Brisas. Recuerda la dureza del trabajo en el mar y también los primeros pasos para levantar la cofradía de pescadores de Foz. Fueron tiempos difíciles.

Ahora, con 107 años, hace vida más casera. Ya no sale a jugar la partida. «Lévoche ido a poucos enterros e cabodanos!». Todavía colabora en alguna tarea doméstica, barre la acera, surte de leña la cocina económica, sigue algún programa de la tele, no hay conversación en la que no le guste participar y mantiene la sana costumbre de acostarse temprano. Fue difícil encontrar su historial en el Hospital da Costa. A los 100 años se operó de cataratas, y su familia ya ha tenido que enviar en dos ocasiones sendos certificados dando fe de vida. Porque Pancho sigue transmitiendo energía. Por eso a nadie le extraña que en su domicilio siga recibiendo a vecinos y también a turistas, sobre todo en verano. Todos interesados en hacerse fotos con el centenario y en conocer el secreto de la longevidad.

Rodeado de su hija, de su yerno y de dos nietos (tiene tres, y tres bisnietos). Con ellos conversamos horas antes de que Pancho cumpliera los 107. En familia y en casa. Así vive el abuelo de Foz, sin residencia ni cuidadores. Para sus vecinos es un fenómeno de la naturaleza, un superhombre que asegura que lo peor de cumplir años es tener que afrontar la pérdida de los seres queridos.

Etiquetas: Foz