A la vejez... ¡acrobacias! Récord de vuelo sobre las alas de un avión a los 97 años
Un año después de sufrir un ictus, Betty Bromage regresa a las alturas para romper su propio récord Guinness y recaudar fondos para un hospital. «Si no subo ahí arriba, me aburro», dice esta exenfermera inglesa.
Madrid
«Cuando envejeces hay muchas cosas que no puedes hacer: no puedes conducir, no puedes ver... Yo no puedo ver muy bien y me frustro ... un poco. Así que quiero dedicarme a las cosas que sí puedo». Esta es la respuesta larga que Betty Bromage, una enfermera jubilada inglesa de 97 años, ofrece cuando se le pregunta por su afición 'de vértigo' al wing walking. ¿La corta? «Si no lo hiciese, me aburriría. Además, la montaña rusa es mucho peor».
La buena de Betty se acaba de convertir en la persona de más edad en practicar esta disciplina acrobática extrema, que consiste en volar atada con un arnés sobre las alas de una avioneta. Un 'deporte' que inventaron los pilotos de la Primera Guerra Mundial para dar espectáculo en las ferias aéreas y que en sus inicios se practicaba sin medidas de seguridad estrictas.
Lo curioso es que Betty Bromage ya poseía el récord Guinness (lo consiguió con 93 años) y ahora ha reeditado esta hazaña aérea, no ya para superar su propia marca, sino impulsada por un profundo sentido de gratitud tras sobrevivir a un ictus sufrido en agosto de 2025. «Me afectó al habla; quiero decir una palabra y no siempre me sale, pero el resto de mí está tan sano como un roble... Bueno, para una persona de 97 años», bromea.
Betty logró recuperarse del ictus con una determinación admirable y fijándose el reto de volver al cielo en cuanto recobrara las fuerzas. Y esta vez con un propósito aun mayor: el de recaudar fondos para la Unidad de Accidentes Cerebrovasculares del Cheltenham General Hospital, en el suroeste de Inglaterra, donde la atendieron. Porque como no se cansa de repetir la agradecida mujer, «solo pasamos por este mundo una vez, así que cualquier bien que podamos hacer, hagámoslo ahora». Su nuevo vuelo de wing walking —su sexta 'caminata' desde que comenzó a practicar este deporte extremo con 87 años— tuvo lugar el pasado 4 de agosto. Cuenta entre risas que lo que más le costó fue subir a la aeronave y trepar hasta el ala superior. «Una vez arriba, no hay problema. A mi edad, ¿a qué le voy a tener miedo?». Tras desafiar la gravedad, soportar vientos de más de 200 kilómetros por hora y maniobras de giros y caídas en picado, la corajuda Betty ya prepara su siguiente meta. «Tendré que pensar en algo especial cuando cumpla los 100».