Los 'tecnobros' se convierten en los malos de la película... y no les hace gracia
Hay tres películas que Elon Musk, Sam Altman y Mark Zuckerberg preferirían que no vieras: 'Musk', 'Artificial' y 'El precio de la red'. Producciones que retratan el inquietante mundo que ha proporcionado a los tecnoligarcas un poder jamás visto en la historia de la humanidad.
Genialidad, ambición y disrupción. Bajo esta deslumbrante trinidad, los tecnoligarcas llevan años intentado hacernos creer que son personas admirables y que sólo desean el bien ... de la humanidad. Aliados de Donald Trump en su proyecto de desmantelamiento global de la democracia, la industria del cine desafía ahora ese 'relato' con tres películas cuyos protagonistas –Elon Musk, Sam Altman y Mark Zuckerberg– preferirían que no vieras.
Se trata de Musk, revelador documental sobre el oscuro modus operandi y motivaciones de Elon Musk; Artificial, que recrea la crisis que OpenAI vivió en 2023, cuando Sam Altman, su CEO y gran icono de la IA, fue destituido y reincorporado en cuestión de días; y El precio de la red, secuela de la taquillera La red social, de 2010, y centrada en la filtración de los Facebook Files, los miles de documentos internos que revelaron al mundo que la empresa de Zuckerberg ignoró de forma intencionada los daños sociales y psicológicos causados por su extremadamente lucrativo negocio.
Musk amenaza al director Alex Gibney con una millonaria demanda por difamación para evitar el estreno de un documental sobre él
Estos tres argumentos representan todo un desafío a la gran obsesión de los retratados por controlar el relato a su alrededor. Aunque a la hora de responder, Musk, un hombre que, paradójicamente, se autoproclama «absolutista de la libertad de expresión», ha sido el único vehemente y agresivo. En sus intentos por frenar el estreno comercial de la cinta que deconstruye su figura amenaza al director Alex Gibney, ganador de un óscar y uno de los documentalistas más reputados del planeta, con una millonaria demanda por difamación.
Pero Gibney, autor de una larga lista de obras con el poder y sus mecanismos como claro hilo conductor, no da marcha atrás y defiende «el rigor periodístico» de su trabajo. Subraya, además, que Musk rechazó las numerosas invitaciones que le hizo para participar en la película y que muchos posibles entrevistados rechazaron participar por miedo a las represalias del empresario. Fiel a su estilo, el mandamás de compañías como X (Twitter), Tesla, SpaceX, Neuralink o The Boring Company prefirió despacharse a gusto contra el director desde la red social que se compró en 2022 por 44.000 millones de dólares. «Viejo amargado» o «la mierda de perro merece más respeto» son algunos de los tuits de Musk contra su nuevo enemigo.
Más sutil ha sido la maniobra, estilo thriller corporativo, que ha retrasado –y casi impide–, el estreno de Artificial, cinta que dirige sus focos hacia el personaje del controvertido Sam Altman. Producida por Amazon MGM, la cinta desapareció del radar tras la firma de un acuerdo estratégico entre el estudio propiedad del imperio de Jeff Bezos –sí, otro 'tecnobro' de por medio– y OpenAI. Oficialmente: decisión empresarial. Extraoficialmente: imposible ignorar la coincidencia. Rechazada posteriormente por Netflix, Universal, Warner y el estudio A24 –Josh Kushner, accionista y directivo de OpenAI, es uno de sus socios–, la distribuidora independiente Neon se ha hecho finalmente con su distribución y planea estrenarla a final de este año. Altman, mientras tanto, ha decidido optar por el silencio.
De hecho, Andrew 'Spiderman' Garfield, el actor que se ha metido en su piel, no ha podido conocerlo personalmente. Ahora bien, tras construir su personaje a partir del guion, entrevistas, transcripciones judiciales y otras búsquedas documentales, Garfield entiende que «cualquiera que asuma el nivel de responsabilidad que Altman tiene sobre una tecnología que va a causar muchísimo daño al alma de la humanidad debe poseer cierta capacidad de disociación».
Mark Zuckerberg, por su parte, también ha optado por la discreción ante la amenaza que para su imagen supone El precio de la red, que llega a los cines el 9 de octubre. No han trascendido movimientos de su compañía, Meta, para evitar su estreno, influenciada, quizá, por la dañina publicidad que arrastra ante las macrocausas judiciales que afronta por los efectos de sus plataformas en la salud mental de los menores, competencia desleal o violación de la privacidad. Tan mala prensa acumula Zuckerberg que Jesse Eisenberg, el actor que lo interpretó en La red social, la multipremiada cinta dirigida por David Fincher, rechazó el papel. «No quiero que me relacionen más con ese personaje», alegó.
Jeremy Strong, sustituto de Eisenberg en esta secuela –ambas son guiones de Aaron Sorkin, que esta vez también dirige–, ha revelado que le escribió a Zuckerberg para ver si lo ayudaba a preparar su personaje. Le dijo que no. Respuesta que bien podría traducirse como: «Ya que no puedo controlar el relato (un concepto decisivo en la lucha por el poder en la actualidad), tampoco voy a legitimarlo».
Actitud de la que podría extraerse la siguiente conclusión. Tras años volcados en la adquisición y desarrollo de plataformas, algoritmos y ecosistemas informativos y de entretenimiento para 'controlar el relato', ¿empiezan los tecnoligarcas a entender que no siempre decidirán qué versión de su historia nos acaba llegando?