Antes de viajar, ¿compruebas una y otra vez que has apagado el gas y que llevas el pasaporte? A la vuelta del súper, ¿guardas por parejas los tarros en los estantes? ¿Quién no tiene manías? El problema: que este tic se vuelva enfermizo y genere un trastorno obsesivo compulsivo, una dolencia que afecta a 700.000 personas en nuestro país. Te proponemos un test para diferenciar las pequeñas manías de un auténtico problema de salud mental.
Eugenio Font
Jueves, 10 de abril 2025, 15:24
Quien más quien menos tiene sus manías: verificar si el gas está realmente desconectado, sumar los números de la matrícula del coche que va delante de nosotros, organizar objetos con simetría... Las manías son una especie de atavismo; no en vano de nuestros antepasados más remotos sobrevivieron los más prudentes y precavidos. Pero las manías pueden transformarse en enfermedad.
El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) ocupa el quinto lugar entre las alteraciones psiquiátricas más frecuentes, afecta a casi un tres por ciento de la población ... y provoca tantas incapacidades como las derivadas de la esquizofrenia. En España, concretamente, se estima que entre el 2 y el 3 por ciento de la población española padece TOC a lo largo de su vida, aunque la prevalencia puntual (personas con TOC en un momento dado) oscila entre el 1 y el 1.5 por ciento. Esto equivale que en nuestro país habría entre 500.000 y 700.000 personas con algún grado de TOC. Según datos del Ministerio de Sanidad y estudios como el ESEMeD (Estudio Europeo sobre la Epidemiología de los Trastornos Mentales), el TOC es menos frecuente que la depresión o la ansiedad generalizada, pero más frecuente que trastornos psicóticos o bipolares.
A quien lo sufre le asaltan pensamientos obsesivos y, para aliviar la angustia que le causan, desarrolla comportamientos repetitivos llamados 'rituales compulsivos'. Esta enfermedad «transforma a sus portadores en esclavos de sus ideas y acciones», explica la psiquiatra Ana Beatriz Barbosa, autora del best-seller Mentes y manías. Entendiendo mejor el mundo de las personas metódicas, obsesivas y compulsivas.
La causa final de un TOC, igual que ocurre con las fobias, es un temor. Pero a diferencia de los fóbicos, que padecen un miedo irreal respecto a un objeto real y evitan entrar en contacto con él, a los obsesivo-compulsivos lo que les genera la angustia son los pensamientos, y para librarse de ellos adoptan comportamientos compulsivos. Por ejemplo, los pacientes que piensan que pueden contagiarse con sólo tocar a una persona pueden llegar a lavarse varias veces con productos pesados de limpieza, como el aguafuerte, para evitar ese peligro. Saben que sus pensamientos y sus actitudes son completamente ilógicas, pero no logran librarse de la condena impuesta por sus propias mentes, y eso acaba por incapacitarlos.
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El cuestionario que ofrecemos a continuación no pretende sustituir al diagnóstico de un médico; es una simple comprobación de tu posible nivel de obsesión y compulsividad. En cada uno de los casos escoge la alternativa que mejor se aplique a tu situación.
A. | Me lavo las manos:
→ Cuando están sucias. (0)
→ Siempre que toco algún objeto que pueda estar sucio. (1)
→ Varias veces al día, incluso cuando parece que estén limpias. (2)
B. | Tengo que verificar, por ejemplo, si la puerta de la entrada está bien cerrada o si el gas está apagado:
→ A veces, pero no me preocupo mucho por esas cosas. (0)
→ Me gusta cerciorarme, pero con una o dos veces es suficiente. (1)
→ Regreso para comprobarlo todo muchas veces. (2)
C. | Cuando me visto para salir de casa:
→ Soy rápido, lo hago en pocos minutos si es necesario. (0)
→ Siempre tardo un poco, ya que me preocupo mucho por mi aspecto. (1)
→ Tardo mucho, a veces incluso varias horas, pues siempre tengo la impresión de que algún detalle desentona. (2)
D. | En relación a la organización de mis cosas y objetos:
→ Procuro tenerlo todo razonablemente organizado, pero no me preocupo dema- siado por esas cosas. (0)
→ Intento, casi siempre, tenerlo todo bien organizado. (1)
→ Todo ha de estar del modo en que lo puse. Detesto cuando alguien coge o toca mis cosas. (2)
E. | Cuando me baño:
→ Tardo sólo lo necesario para enjabonarme y enjaguarme. (0)
→ Suelo tardar un poco, pues aprovecho ese tiempo para relajarme. (1)
→ Pierdo la noción del tiempo. Por más que me lave, no me quito la sensación de que no estoy lo suficientemente limpio. (2)
F. | En cuanto a coleccionar objetos:
→ Guardo objetos específicos, como fotografías de familia. (0)
→ Guardo muchas cosas, incluso ropa que ya no uso nunca. (1)
→ Me lo quedo todo, revistas y periódicos viejos, objetos... (2)
G. | El miedo a coger alguna enfermedad me lleva a:
→ Evitar tocar objetos que, seguro, están contaminados. (0)
→ Evitar tocar objetos que ofrezcan algún riesgo de infección, como la taza del inodoro. (1)
→ Evitar tocar objetos con los que muchas personas tengan contacto, como las manillas de las puertas en la oficina.(2)
H. | Los pensamientos en mi cabeza:
→ Fluyen en función de lo que estoy viviendo en este preciso instante. (0)
→ A veces se fijan en determinados puntos antes de volver a fluir. (1)
→ Se repiten, sin fin, una y otra vez. (2)
I. | En cuanto a los tipos de pensamientos que tengo:
→ Dependen de las situaciones que estoy viviendo o lo que estoy haciendo. (0)
→ A veces siento una necesidad muy fuerte de pensar en ciertas cosas. (1)
→ Me siento obligado a pensar en ciertas cosas, como una serie de números o palabras, para alejar un malestar. (2)
J. | En cuanto a mis actos:
→ Dependen del objetivo que tenga en cada momento. (0)
→ A veces hago cosas sin mucho sentido, como obligarme a usar determinada ropa dependiendo del día de la semana. (1)
→ Me siento impulsado a hacer cosas sin sentido, como golpear la puerta de casa cinco veces antes de abrirla o contar las sillas de una fila del cine y sentarme justo en la que queda en la mitad. (2)
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Tras analizar a más de 700 pacientes, un grupo de médicos del hospital Mount Sinaí, en Nueva York, comprobó hace unos años que, en el 70 por ciento de los casos, las relaciones familiares estaban hechas pedazos como consecuencia de sus manías y que nueve de cada diez obsesivo-compulsivos tenían la autoestima por los suelos. Eso explica que el trastorno venga acompañado con frecuencia de depresiones y alcoholismo y que los pacientes sean reacios a buscar ayuda. «Entre la aparición de los primeros síntomas y el diagnóstico, los enfermos esperan una media de 17 años —asegura el psiquiatra Euripedes Miguel, investigador de la Fundación de Investigación de São Paulo (Brasil)–. El problema es que cuanto más tiempo pasa sin tratamiento, más se intensifican los síntomas». Sin ayuda, la dolencia es incontrolable. Todos los rituales que efectúan los pacientes para alejar sus obsesiones sólo sirven para estimularlas aún más. Y la reacción contraria también lleva al mismo resultado: si no se ejecutan las tareas que se autoimponen, las obsesiones se agudizan. Es un círculo vicioso infernal.
Las causas del TOC aún no están claras. Se sabe que esta patología tiene componentes ambientales y genéticos, y gracias al desarrollo de máquinas que 'leen' el cerebro en funcionamiento se han descubierto que las obsesiones y las compulsiones aparecen en el córtex órbitofrontal y en los ganglios basales, las áreas que procesan las informaciones recibidas y controlan el miedo. Y también se ha establecido el papel en el desarrollo de la enfermedad de la serotonina, una sustancia producida en el cerebro que está asociada a las sensaciones de placer y bienestar. Mantener su correcto nivel en el cerebro es la base para el tratamiento farmacológico del TOC, que comenzó a ganar adeptos a finales de los 80, cuando surgieron los antidepresivos de la familia del Prozac.
1
Preocupado por las enfermedades, el escritor checo dormía con las ventanas abiertas, incluso en invierno, para que circulara el aire.
2
El magnate norteamericano temía contaminarse por virus y bacterias: su coche tenía un filtro antigérmenes y su casa era sometida a limpiezas profundas.
3
El mejor amigo de Einstein temía tanto enfermar que iba con abrigo hasta en verano. Al morir su madre, dejó de comer por miedo a ser envenenado.
4
El pianista canadiense, por miedo a infectarse, nunca se quitaba los guantes, el sombrero y la bufanda. La enfermedad acabó aleján- dolo del público.
Y aunque el TOC no tiene cura, la combinación de antidepresivos y psicoterapia reduce sus síntomas hasta un 80 por ciento. La terapia más utilizada es la comportamental-cognitiva, en la que el terapeuta intenta convencer al paciente de que sus preocupaciones son infundadas. Para ello se sirve de argumentos lógicos y expone al paciente al objeto de sus aflicciones. La mejoría se nota a las tres semanas de iniciar el tratamiento, pero la medicación debe mantenerse al menos un año para evitar las recaídas.
Algunas alteraciones psiquiátricas pueden confundirse con el TOC, como el sexo compulsivo, el juego patológico, la hipocondría, la bulimia o la anorexia. Pero la gran diferencia es que, en estos casos, los pacientes no tienen conciencia de que sus pensamientos y actitudes son absurdos. Un obsesivo-compulsivo, que desarrolla un ritual en el cual deja de alimentarse, no lo hace porque se sienta feo. Toma ese camino para alejar de su mente algún pensamiento catastrófico. Además de eso, es consciente de que no comer le hace mal.
Todos somos susceptibles de tener arrebatos obsesivo-compulsivos en ciertos momentos, pero esas manías, como comprobar mil veces si llevamos el pasaporte encima, no tienen mayor importancia si no socavan nuestra salud. Pero para quienes el TOC es una carga inhabilitante hay una buena noticia: la enfermedad, con tratamiento, se puede controlar, y ya nadie está condenado a vivir como rehén de su mente.
En el 90 por ciento de los TOC, los pensamientos recurrentes y los actos repetitivos están asociados. Éstos son los casos más frecuentes:
QUÉ ES: La persona cree que si no realiza ciertas tareas, como repetir palabras, no se librará de sus pensamientos.
LA EXPERIENCIA: «La estrella de cinco puntas es un símbolo místico: con la punta hacia arriba refleja el bien; hacia abajo, el mal. Y yo siempre pienso en ella así, y eso me obliga a repetir los nombres de los arcángeles».
QUÉ ES: Cuidado extremo con la exactitud o el alineamiento de los objetos. A veces, al tocar algún objeto sin querer con un brazo, la persona hace lo mismo con el otro.
LA EXPERIENCIA: «Cuando veía desordenados los discos de mi cuarto, me entraba la angustia y sentía que mis padres o yo íbamos a sufrir un accidente».
QUÉ ES: Miedo desmedido a ser contagiado por virus o bacterias. Se asocia a rituales de limpieza y lavado.
LA EXPERIENCIA: «Cuando rozo a alguien en la calle, me angustio al pensar que esa persona puede estar enferma y contagiarme algo. Sólo me calmo después de pasar horas en el baño lavándome a conciencia».
QUÉ ES: Inquietud constante por no estar completamente seguro de haber realizado determinada tarea.
LA EXPERIENCIA: «Cualquier cosa que hago, me deja siempre con multitud de interrogantes en la cabeza: '¿Lo he hecho ya?' o '¿lo he hecho bien?' No tengo ninguna seguridad ni paz. Mi vida es un infierno».
QUÉ ES: La mente es dominada por pensamientos obscenos e impulsos incestuosos, no deseados, que causan gran sufrimiento a la víctima.
LA EXPERIENCIA: «Evito salir de casa por miedo a no conseguir quitar los ojos de los genitales de la gente que me cruzo por la calle o de hacer propuestas indecorosas a quien considere atractivo».
QUÉ ES: Idea fija en coleccionar determinados objetos o no deshacerse de ellos, por pensar que todo podrá ser útil en el futuro.
LA EXPERIENCIA: «Comencé a juntar periódicos hace cerca de 15 años. Los conservo todos y no tiro ninguno por miedo a que, algún día, necesite alguna de sus informaciones».
QUÉ ES: Preocupación excesiva por padecer alguna enfermedad, incluso aunque la persona no presente ningún tipo de síntoma que la revele.
LA EXPERIENCIA: «Vivo pensando que tengo cáncer. No siento nada, sé que no tiene nada que ver, pero esa idea me atormenta todo el tiempo y me inhabilita para llevar una vida normal».
QUÉ ES: Sentir que se está a punto de dañar a alguien.
LA EXPERIENCIA: «Desde que tuve a mi hijo, mi manía de cerrar los cajones de los cubiertos sólo si estaban ordenados empeoró. Pensaba que si algún cuchillo se movía de su sitio en el interior, heriría con él a mi hijo. Así, abría y cerraba el cajón sin descanso».
De 0 a 5 puntos. No tienes de qué preocuparte. Tener algunas manías es absolutamente normal e, incluso, importante por cuestiones de higiene y seguridad. No tienes ningún tipo de problema.
De 6 a 10 puntos. Al igual que tú, la mayoría de las personas tienen alguna que otra manía. Si esta comienza a interferir en tu día a día, acude al médico para un análisis más completo.
De 11 a 20 puntos. Presentas síntomas que pueden estar relacionados con un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Busca la ayuda de un especialista para obtener un diagnóstico más preciso.
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