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Pablo Artamendi, casado y padre de cuatro hijos, donó su riñón a un desconocido. «Donar el riñón es lo mejor que he hecho en mi vida».
Pablo Artamendi, casado y padre de cuatro hijos, donó su riñón a un desconocido. «Donar el riñón es lo mejor que he hecho en mi vida». (Kiko Asunción.)

Donantes en vida a desconocidos

La generosidad cosida a la piel: no te conozco de nada, pero te doy mi riñón

Los llaman 'buenos samaritanos': son los donantes de órganos en vida... a desconocidos. Pablo Artamendi es uno de ellos. Lleva la generosidad cosida a la piel. Literalmente. Él mismo nos cuenta su experiencia para dar visibilidad a una opción cada vez más necesaria. La enfermedad renal ha aumentado un 30 por ciento en la última década en España.

Fue el día más bonito de mi vida profesional. No uno de los más bonitos, ¡el más bonito!». Lo cuenta Beatriz Domínguez-Gil y se refiere a una mañana del año 2022 cuando la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), que ella dirige, homenajeó a tres personas que decidieron dar un paso poco común: donar en vida uno de sus riñones a un desconocido. «Entraron en mi despacho y desprendían el aura de la bondad personificada», recuerda Beatriz de estos tres donantes altruistas, un término que a ella no le gusta porque, como objeta, «todas las donaciones son altruistas, pero es verdad que estas representan el altruismo en su máxima expresión porque parten de quienes se someten a una cirugía mayor, la extirpación de un riñón, para ayudar a un paciente al que nunca conocerán».

Pablo Artamendi era uno de aquellos tres voluntarios que deslumbraron a Beatriz. Este oftalmólogo vitoriano de 58 años y residente en Alicante forma parte de ese reducido y excepcional grupo de seres humanos a quienes, no por casualidad, se los conoce como 'buenos samaritanos', personas que llevan la solidaridad tan cosida a la piel que entregan parte de ellos mismos a un extraño. Porque donar un riñón en vida para salvar a un hijo, un hermano, una madre, un buen amigo o a tu pareja es comprensible… ¿pero a un enfermo que no has visto en la vida?

Un trasplante de riñón en directo. La ONT subraya el impacto multiplicador de los donantes altruistas, que generan una media de casi cuatro trasplantes gracias al programa de trasplante renal cruzado. Cuatro vidas salvadas, cuatro familias que respiran.
Un trasplante de riñón en directo. La ONT subraya el impacto multiplicador de los donantes altruistas, que generan una media de casi cuatro trasplantes gracias al programa de trasplante renal cruzado. Cuatro vidas salvadas, cuatro familias que respiran.

«¿Usted lo haría?», le lanzamos a bocajarro la pregunta a la jefa de la ONT: «En este momento de mi vida no, aunque si tuviera un momento vital más tranquilo creo que lo vería de otro modo. Por eso –apunta Beatriz, que, además, es nefróloga– valoro tanto a estas personas, porque realmente te reconcilian con el ser humano».

«Hasta el último momento te puedes echar atrás. A mí incluso dentro del quirófano me seguían preguntando si estaba seguro de que quería hacerlo»

La historia de Pablo, que hoy se encuentra «fantásticamente bien», no echa a andar a las puertas de un quirófano, sino años atrás, con la pérdida de su hermana, que falleció con apenas 40 años a causa de una enfermedad renal que la mantenía atada a una máquina de diálisis tres veces por semana. Por entonces, en España no se contemplaba la opción de la donación en vida, por lo que no pudo ayudarla, pero las ganas de donar siempre permanecieron latentes y esa necesidad, con el tiempo, encontró su cauce. «Yo tenía esa motivación, pero conozco a otros donantes altruistas que no han pasado por ningún trance familiar parecido», precisa.

Ante el juez con su nefrólogo y su urólogo

Cuando la ONT empezó a promover la donación en vivo, la pregunta volvió a tomar forma: «Si alguien necesita un riñón para vivir, y yo puedo dárselo, ¿por qué no hacerlo?». En esa generosa reflexión hay una idea que Pablo repite como un mantra: el foco no está en quien dona, sino en quien recibe. «La parte importante de esta ecuación no somos nosotros. Ahí fuera hay alguien que depende de la diálisis, y de la diálisis se sale mal; un trasplante les abre la puerta a una vida prácticamente normal», dice quitando importancia a su gesto.

Antes de llegar a la mesa de operaciones, Pablo se sometió al exhaustivo protocolo de la ONT. Pasó por pruebas médicas para confirmar que su estado de salud le permitía prescindir de uno de sus dos riñones y también fue evaluado por psicólogos que analizaron la solidez de sus motivaciones. No basta con querer ayudar, hay que demostrar que no se trata de un acto improvisado o guiado por una emoción pasajera, y que tampoco existe ninguna presión o la expectativa de una recompensa en el horizonte.

Desde que en 2010 se puso en marcha el programa de donación altruista, solo 27 personas han dado en vida un riñón a un desconocido

El sistema es garantista hasta el extremo y él tuvo que comparecer ante un juez para firmar un consentimiento oficial. «Es un acto muy rápido, pero solemne», lo describe Pablo, que fue acompañado del urólogo que iba a realizar la cirugía y del nefrólogo. Y aun así hay margen para echarse atrás. Incluso cuando todo está listo para abrir, la pregunta vuelve a plantearse: ¿seguro que quieres seguir adelante? Todavía sonríe al recordarlo. «Les tuve que decir que no me lo preguntaran más, que yo lo tenía muy interiorizado y que íbamos pa'lante». Este detalle, lejos de ser anecdótico, revela algo que el médico vitoriano y la directora de la ONT quieren subrayar: en este tipo de donación no hay coerción posible. «Si en el último instante te quieres dar la vuelta, te puedes dar la vuelta».

El momento de enfrentarse a la nefrectomía –la extracción quirúrgica de un riñón– comporta sus riesgos (la anestesia, el dolor posterior, los hematomas, las posibles infecciones, el sangrado…), pero uno de los miedos más frecuentes es la incertidumbre, el qué puede pasar en el futuro. «Soy optimista, no tiene por qué pasar nada», se adelanta a responder Pablo con una sonrisa que conjura cualquier nubarrón.

Casado y padre de cuatro hijos, cuando su familia supo de sus intenciones, reaccionaron con preocupación. ¿Y si dentro de unos años alguno de tus hijos necesita ese riñón? ¿Y si te falla el que te queda? Él escuchó esas inquietudes («que son comprensibles»), pero siguió adelante. «Es una decisión que tomas muy en soledad, porque no se acaba de entender». «Yo les insistía en que era optimista, en que no esperaba que a mis hijos les pasara nada. Pero si algún día uno de ellos necesitara un riñón, miraría a mis familiares y les preguntaría '¿quién de vosotros me va a ayudar?'», zanja la cuestión.

Con esa mirada limpia y machadianamente buena, el oftalmólogo lleva hoy una vida completamente normal. Su día a día no gira en torno a la ausencia de un órgano. De hecho, muchas veces se le olvida. «No me levanto por la mañana, me miro al espejo y digo 'qué machote'. Cuando hago una entrevista vuelvo a interiorizar el proceso, pero no pienso en ello cada día, tengo más en cuenta la lista de la compra, mi horario de trabajo o llegar a fin de mes», relata.

Desde su puesta en marcha en 2010, 373 personas se han interesado por el Programa de Donación Renal Altruista de la ONT, pero solo 27 (un 7 por ciento) se han convertido en 'buenos samaritanos'. La mayoría prefiere permanecer en la sombra. Pablo es una rara avis. Rechaza la etiqueta de héroe y cuenta su experiencia para dar visibilidad a un programa que los nefrólogos quieren promover ante el aumento de enfermos renales, un 30 por ciento en la última década, y las 30.000 personas que necesitan diálisis.

España es líder mundial en trasplante de órganos, pero la mayoría procede de fallecidos. La donación en vida sigue siendo minoritaria (402 en 2025) y la altruista, muy excepcional (4 en 2025). Quizá porque, como Pablo admite, «cuesta entender algo tan básico como ayudar a un desconocido». La ONT subraya el impacto multiplicador de este paso. Cada donante altruista genera una media de casi cuatro trasplantes gracias al programa de trasplante renal cruzado. Cuatro vidas salvadas, cuatro familias que respiran.

¿Cuál es la clave? «El amor al prójimo»

Pablo no es creyente, aunque creció en un entorno católico. Su decisión no responde a una motivación religiosa, sino a una convicción profundamente humana. «El amor al prójimo es algo sencillo». Y lo explica. «Hay que olvidarse un poco de uno mismo, no pensar tanto en ti, sino en los otros». Él no sabe quién recibió su riñón. Nunca lo sabrá. Y, aunque le habría gustado conocerlo, acepta esa distancia como parte del proceso. «Me basta con saber que está bien». Tampoco podrá disfrutar de eso que los psicólogos definen como 'recompensa emocional'. No hay abrazos ni besos de agradecimiento para no vulnerar el anonimato que exige la ley entre donante y receptor. La realidad es que tampoco los necesitan, aunque nuestro donante puntualiza: «Soy de carne y hueso, también me gusta alimentar al ego y que te agradezcan las cosas... pero no es el objetivo. No estamos buscando que alguien te diga 'qué bien que lo has hecho', sino que alguien diga al receptor 'qué bien que lo has recibido'. ¿De dónde? 'No lo sé, me ha llegado'».

Pablo pasa consulta como oftalmólogo en Alicante y Murcia. Pasea, lee, va al cine, practica natación y evita deportes de riesgo. Sigue el protocolo de vigilancia de la ONT para comprobar que todo sigue en orden. Más allá, su rutina no difiere de la de cualquier otra persona. A veces, en la barra de un bar, algún amigo que desconoce su gesto (y su gesta) suelta la frase hecha: «Esto cuesta un riñón». Él se limita a sonreír para sus adentros, una sonrisa pequeña y gratificante que no cambiaría por nada. Cuando se le pregunta si volvería a hacerlo, su respuesta es inmediata: «Ojalá hubiera tenido tres para poder donar otro más. Porque donar un riñón es lo más bonito que he hecho en mi vida».

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ENTREVISTA

Emilio Sánchez, presidente de la Sociedad Epañola de Nefrelogía: «El apoyo emocional salva tanto como el clínico»

El nefrólogo Emilio Sánchez (Oviedo, 57 años) se deshace en elogios hacia estos buenos samaritanos que donan en vida uno de sus riñones a una persona que no conocen. Como presidente de la Sociedad Española de Nefrología (SEN), a Sánchez, que también dirige el Servicio de Nefrología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), le gustaría que hubiera más Pablos.

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XLSemanal. ¿Qué me dice de Pablo?

Emilio Sánchez. Es para quitarse el sombrero. La donación altruista es uno de los actos de generosidad más espectaculares que puede haber. Ojalá hubiera más Pablos.

XL. En 2025, 402 personas donaron en vida, la gran mayoría a personas conocidas de su entorno…

E.S. Sí, la donación en vida está subiendo cada año porque, si se me permite la expresión, la tenemos en promoción.

XL. ¿En promoción?

E.S. Sí. Para el receptor la mejor opción es hacer un trasplante en vida porque se puede organizar clínicamente. Aun así, sigue habiendo pocos y necesitamos que más personas sepan que existe esta opción. La enfermedad renal crónica y la diálisis afectan al paciente y a todo su entorno familiar. Si mi pareja está enferma, su problema me repercute a mí también, y entre los dos podemos solucionarlo. Yo le dono un riñón y salimos beneficiados ambos.

XL. El gesto de Pablo cambió la vida a tres pacientes porque desbloqueó una cadena de trasplantes…

E.S. Sí, es el trasplante cruzado, una técnica de donación de vivo donde parejas donante-receptor incompatibles intercambian órganos con otras parejas en su misma situación, logrando compatibilidad biológica. No todos los riñones sirven para todo el mundo. Pablo activó una cadena de tres trasplantes cruzados en distintos puntos de España. El año pasado otro donante altruista, Adrià, hizo posible nada menos que cinco trasplantes cruzados.

XL. Ambos viven ahora con un solo riñón…

E.S. Yo no me he hecho nunca una ecografía, con lo cual no sé si tengo un riñón o dos, je, je, je. Cuando hacemos trasplantes, solo ponemos uno porque se puede vivir con uno. ¿Qué pasa? Que hay más riesgo. Es como un coche. Si lo cuidas, te va a durar mucho. Si estás todo el día en la autopista a 200 por hora, pues probablemente el motor se acabe fastidiando pronto. Cuando uno tiene un riñón, lo que tiene que hacer es cuidarse.

XL. En España muere una persona cada media hora por enfermedad renal crónica… ¿Le estamos prestando atención al riñón?

E.S. Pues hasta hace poco no, y por eso no me canso de subrayar la importancia de cuidarlo. Por fin hemos convencido al Ministerio de Sanidad de hacer los cribados para la detección precoz de enfermedad renal en pacientes de riesgo. Hay unos siete millones de españoles con enfermedad renal crónica (ERC) y la mitad no lo sabe, de ahí la importancia de los cribados. Muchos pacientes podrían haber evitado la diálisis si se les hubiera detectado a tiempo su ERC.

XL. ¿Cómo cuidar el riñón?

E.S. Mejora la alimentación, haz ejercicio, pero adaptado a cada edad… porque con 60 o 70 años no hace falta machacarse en el gimnasio, basta con dar un paseo o levantar varias veces un paquete de arroz de un kilo.

XL. ¿Se avecina un repunte de casos de enfermedad renal?

E.S. De aquí a 2050 la ERC será la tercera causa de muerte tras las patologías cardiovasculares y los tumores. Evitarlo está en nuestra mano. Tenemos niños gordos, no hablo de sobrepeso hablo de gordos, porque los atiborramos de alimentos ultraprocesados. Tenemos también que dejar de fumar. En España todavía fuma el 25 por ciento de la población. ¡No me entra en la cabeza! Abusamos de fármacos antiinflamatorios, como el ibuprofeno, que son tóxicos para el riñón. Y, ojo, que ahora está muy de moda el consumo abusivo de proteínas en gente joven que va a los gimnasios. En fin… basta con cuidarnos un poco.

El papel del psiconefrólogo

En el proceso de convertirse en donante altruista, los candidatos se someten durante meses a pruebas físicas, médicas y psicológicas que serán determinantes para su elección final. En este engranaje aparece una pieza fundamental, la del psiconefrólogo. Isabel de la Fuente, con más de 25 años de experiencia como psicóloga en enfermedades crónicas, trabaja en el Hospital del Mar, en Barcelona, donde examina a donantes renales, entre ellos los buenos samaritanos.

«En primer lugar –explica Isabel–, tratamos de averiguar si la decisión ha sido tomada en libertad, sin ningún tipo de presión externa… ni interna –precisa–, porque a veces la persona puede sentir que necesita compensar alguna situación de su historia de vida previa de la que siente culpa o bien estar relacionada con una enfermedad psiquiátrica de base».

Además, comprueban que la motivación es congruente con sus valores y creencias. «Y por otra parte, valoramos que exista una comprensión real de lo que significa todo esto, y le planteamos distintos escenarios, como qué pasaría si en algún momento un familiar necesitara más adelante el riñón que ya ha donado». «Es importante buscar respuestas a las preguntas que puedan surgir en el momento presente o en el futuro», señala la experta.

Al margen de la valoración y el diagnóstico, el papel de estos especialistas es también el de acompañamiento a los donantes a lo largo de todo el proceso «y de los diferentes momentos y situaciones psicológicas que se pueden dar». Isabel explica que, como psiconefróloga, no decide nada sobre la exclusión de los candidatos. «Es una decisión conjunta entre todo el equipo de nefrología, incluso con la propia persona, porque al final se trata de detectar si es bueno que siga adelante».

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La generosidad cosida a la piel: no te conozco de nada, pero te doy mi riñón

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