René Bautista: «En NORC no validamos hipótesis; las investigamos. Los datos no se negocian»
NORC es una organización que mide con objetividad desde hace 85 años lo que la gente piensa. Por ello ha recibido el premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA. Hablamos con el director de su Encuesta Social General, para que nos cuente cómo reconocer la realidad en el pajar de los algoritmos.
Estamos perdiendo la capacidad de distinguir la realidad de la ficción. Primero fue la posverdad, cuando el relato empezó a pesar más que los hechos. ... Luego, las redes comenzaron a propagar bulos. Y ahora la inteligencia artificial se inventa lo que le pidas… En medio de este marasmo, investigadores, periodistas y ciudadanos valoran cada vez más aquellos datos de los que pueden fiarse. Una organización que lleva más de ocho décadas proporcionándolos es NORC, el Centro Nacional de Opinión Pública (National Opinion Research Center, en inglés), en la Universidad de Chicago, una institución de investigación independiente y sin ánimo de lucro. La Fundación BBVA acaba de concederle su Premio Fronteras del Conocimiento en Ciencias Sociales, compartido con el Instituto de Investigación Social (Institute for Social Research, ISR) de la Universidad de Míchigan. El jurado las ha galardonado por medir, con objetividad y sin descanso, lo que la gente realmente piensa, basándose en evidencias empíricas.
El fundador de NORC, Harry Field, fue pionero en la medición de la opinión pública. Un inglés que había vendido enciclopedias puerta a puerta hasta que entró en la agencia de publicidad donde trabajaba el mítico George Gallup, el inventor de los sondeos electorales. Allí descubrió el poder de las encuestas, pero también su punto débil: si dependían de clientes privados o intereses políticos, podían acabar describiendo no el pulso de la calle, sino lo que querían oír los que las encargaban. En 1941 montó un centro de investigaciones independiente. Murió cinco años después en un accidente de aviación.
La joya de NORC es la Encuesta Social General (GSS, por sus siglas en inglés). Desde 1972 pregunta a los estadounidenses qué creen, en quién confían y qué les quita el sueño. Empezó con 25 preguntas y hoy acumula más de 7000 variables, todas comparables entre sí, lo que permite seguir la pista de una creencia o una inquietud a lo largo de medio siglo. Sobre esos datos se han levantado más de 32.000 artículos, libros y tesis; cada año los manejan unos 400.000 estudiantes; y es, después del Censo, el conjunto de datos más citado de Estados Unidos. Además, cualquiera puede hurgar en ellos a través de una herramienta abierta, el Data Explorer, sin coste. Su modelo es el estándar mundial para los estudios sobre la opinión pública. Significativamente en los tiempos que corren, al frente de una de las encuestas más completas y prestigiosas de Estados Unidos está un mexicano, René Bautista, científico social y politólogo que emigró hace un cuarto de siglo. Hablamos con él.
XLSemanal. Harry Field fundó NORC hace 85 años con una idea aparentemente sencilla pero radical: no dar por sabido lo que opina la gente. ¿Qué queda hoy de ese impulso original?
René Bautista. Queda lo esencial: lo que él vio sigue vigente, y esa visión es la que ha permitido que una organización como la nuestra siga en pie. Le digo lo que no hacemos: titulares. Nuestro foco no está en el impacto inmediato, sino en generar evidencia confiable. Documentamos los cambios de la sociedad, que son lentos y duran generaciones, y eso solo se sostiene si grupos independientes generan una información que no solo emana de los ciudadanos, a los que escuchamos, sino que al final del proceso se la devolvemos para que puedan usarla.
XL. Pero los sondeos son un terreno donde hay muchos intereses y la competencia es feroz.
R.B. Sí, pero la competencia es positiva porque te obliga a estar al día: innovas, eres más productivo, ofreces más calidad. Es la forma de que quien consume tus datos vuelva, de que mantenga la confianza.
XL. ¿La confianza es una especie en peligro de extinción?
R.B. Sin duda. Y eso lo hemos podido medir: lleva años erosionándose. Pero por eso mismo no podemos abandonar nuestros principios, que son el método científico y el rigor.
«Le digo lo que no hacemos: titulares. Nuestro foco no es el impacto inmediato, sino la evidencia confiable»
XL. Habrá clientes que lleguen con una idea formada, pidiendo que los números se la confirmen.
R.B. Siempre va a haber alguien interesado en que el dato diga una cosa concreta: presión por validar una conclusión, por demostrar que la mayoría de la gente piensa esto o lo otro. Para nosotros es muy simple: los datos no se negocian. No validamos hipótesis; las investigamos y proponemos cómo medirlas bien, salga el resultado que salga.
XL. Ya, pero en España tenemos un dicho: «Quien paga manda». ¿Cómo se blinda esa independencia en la práctica?
R.B. Con transparencia. Hay organizaciones profesionales que nos exigen divulgar los detalles metodológicos, enseñar cómo se ha llegado a donde se ha llegado. Nadie exige que una investigación sea perfecta. Ninguna encuesta es infalible. Lo que se exige es que sea transparente.
XL. ¿Qué es lo más diferencial del método de NORC?
R.B. Que la muestra es representativa. Toda persona debe haber tenido una probabilidad real y medible de ser elegida. No nos vale quedarnos con quien tiene móvil u ordenador ni con quien justo tenía ganas de hablar. Si queremos saber qué piensa Estados Unidos sobre una política, todos los grupos a los que esa política afecta tienen que aparecer. Salimos a buscar a la gente donde esté.
XL. Cuando los sondeos empezaban, abrir la puerta a un encuestador era casi un acontecimiento: lo invitabas a pasar, le ponías un café y le dedicabas la tarde. Imagino que muchos encuestados se sentían halagados por el hecho de que alguien los escuchase. Hoy, si me suena en el móvil un número que no reconozco, pienso que es spam y no lo cojo. ¿Les cuesta cada vez más que la gente hable?
R.B. Sí. En los años ochenta llamabas a las casas por teléfono: casi todos tenían fijo y contestaban. Hoy la gente tiene muchas maneras de expresar sus opiniones: en redes sociales o en los comentarios de los diarios digitales… El método no ha cambiado; lo que ha cambiado es el esfuerzo que nos supone llegar a la gente. Hoy hay que insistir, combinando vías: una carta, una visita en persona, reconocer que tienen la vida ocupada y compensarles el rato, a veces con un pequeño obsequio, una gratificación económica.
XL. ¿Y con el que no contesta a la primera merece la pena seguir intentándolo?
R.B. Sí, porque una tasa de respuesta alta no garantiza por sí sola una buena muestra. Puedes acabar hablando sobre todo con los de siempre: los fáciles de localizar, los que tienen más tiempo y están más dispuestos. Y, mientras tanto, otros grupos se quedan fuera, invisibles, que es justo lo que no queremos. Por eso a veces hay que tomar una decisión: dejar de insistir en el grupo que ya tienes bien medido y dedicar más esfuerzo a los márgenes.
XL. ¿Y quién se queda en esos márgenes? ¿Las minorías?
R.B. Es lo primero que uno piensa, y a veces es así: una minoría racial, por ejemplo, que en la sociedad americana es lo más visible. Pero una minoría puede ser muchas cosas: quienes reciben o no una ayuda pública, quienes no tienen buen acceso a la tecnología, quienes viven en una zona rural o alejada.
«La ideología, ser más progresista o más conservador, se ha mantenido constante. Lo que se ha acentuado es la identificación partidista»
XL. ¿Cómo deciden qué entra y qué sale del cuestionario?
R.B. Con mucho cuidado. La encuesta mantiene un registro histórico, pero no es una pieza de museo: experimentar es parte de nuestro ADN. Cada cierto tiempo entran preguntas nuevas porque el mundo cambia. En 2018 empezamos a preguntar por la relación de la gente con sus mascotas. Y, al revés, hay preguntas que se jubilan: teníamos una, de hace décadas, sobre si una mujer casada debía o no trabajar fuera de casa, y a finales de los noventa había perdido el sentido que tuvo, así que la retiramos. Lo que entra y lo que sale es, en sí mismo, un retrato del cambio.
XL. En España, cada agencia demoscópica tiene su 'cocina', y de los mismos datos salen resultados que muchas veces dibujan realidades diferentes, cuando no diametralmente opuestas.
R.B. La 'cocina' existe en todos los países, esa es mi experiencia. Lo que cambia es si se explica o no. Cuando alguien ajusta un dato y no cuenta qué supuestos ha usado, ahí empieza el problema. Nosotros también ajustamos, claro. La diferencia es que publicamos esos supuestos uno a uno. Sin eso, no se le puede pedir confianza al usuario.
XL. Por cierto, los sondeos electorales fallan más que una escopeta de feria, no solo en España, también en Estados Unidos, donde no vieron venir a Trump en 2016…
R.B. Nuestra organización no hace pronósticos sobre el futuro; intentamos entender el presente. Se lo explico con un ejemplo. En las elecciones de mitad de mandato, a finales de este año, estamos preparando una encuesta con 85.000 personas que pondremos a disposición del público días después de los resultados para que se puedan analizar las decisiones de los votantes.
«La familia es lo que más ha cambiado. Es la célula más básica de la sociedad y donde más se ha movido todo: cómo se define, los papeles dentro de ella...»
XL. Con todo el ruido sobre lo polarizados que estamos, ¿qué le dicen los datos?
R.B. Que esto no es de ahora. La gente cree que la polarización es reciente, pero cuando miras las tendencias ves que viene de lejos; ya pasó en la historia, con otra magnitud y a otra velocidad. Un ejemplo es la ideología. En Estados Unidos la gente no ha cambiado tanto en cómo se define, si más progresista o más conservadora; eso se ha mantenido bastante constante. Lo que sí se ha acentuado mucho más es la identificación partidista: si uno se reconoce como demócrata, republicano o independiente. Hay cosas más volátiles que otras, y eso solo lo ves comparando la misma pregunta en distintos momentos.
XL. ¿Y por qué nos hemos polarizado así, tiene alguna pista?
R.B. Tenemos los datos para que esa pregunta pueda contestarse, pero no somos nosotros quienes damos una explicación. Nuestro trabajo es producir información contrastable. Luego vienen los sociólogos, los historiadores, los politólogos o los periodistas y la analizan.
XL. De todo lo que ha visto cambiar en más de medio siglo que lleva la encuesta, ¿qué le ha sorprendido más?
R.B. La familia, sin dudarlo. Trabajamos un poco como esos científicos que van al Ártico y perforan el hielo: cada capa les cuenta cómo era la atmósfera de hace décadas. Pues nuestras capas cuentan cómo ha cambiado la sociedad. Y ahí se ve muy bien lo que ha pasado: qué cuenta hoy como familia, los papeles dentro de ella, el peso que han ganado las mujeres en el mundo laboral y en la política. Sin embargo, la familia sigue siendo la célula básica de la sociedad.
XL. Contra viento y marea...
R.B. Sí. Y eso es importante. La familia cambia, pero ahí está. Seguimos viendo opiniones muy sólidas sobre su papel. Es una buena muestra de que una sociedad puede transformarse y mantener sus referencias.
XL. Se repite mucho que vivimos en una sociedad manipulable, pero albergo la esperanza de que la gente tenga más sentido común del que sugiere el ruido mediático. ¿Soy un ingenuo?
R.B. Le daré esperanza. Hay un desacuerdo político fuerte, claro que sí. También hay una caída de confianza en algunas instituciones. Pero eso no significa que todo se esté hundiendo a la vez. Hay terrenos donde se mantienen acuerdos. Hay avances en el reconocimiento de derechos y libertades civiles, en la aceptación de grupos que antes sufrían más rechazo. Algunas actitudes cambian mucho; otras son más estables.
XL. O sea, que la sociedad no se resume en una sola foto.
R.B. Exacto. Si miras solo un indicador en caída, puedes concluir que todo va mal. Pero una sociedad no se entiende desde una sola perspectiva. Hay indicadores que bajan, otros que suben y otros que se mantienen. El GSS, la Encuesta Social General, permite mirar muchas tendencias a la vez, y eso nos acerca a entender científicamente los cambios en lugar de especular.
XL. Pues es un consuelo…
R.B. Le diré más. Hay una tendencia que nos encanta mirar: la felicidad que la gente dice tener es bastante estable a lo largo del tiempo. Hubo un bandazo durante la pandemia, que no sabemos si fue real o efecto de las prisas con que hubo que cambiar la manera de encuestar, porque tuvimos que dejar de hacer entrevistas cara a cara. Pero, incluso ahí, la serie es útil: te permite distinguir una sacudida de una transformación profunda.
XL. La 'posverdad' fue la palabra del año en 2016, pero una década más tarde lo que tenemos parece peor: casi vivimos en realidades paralelas.
R.B. La preocupación es real. La tecnología cambia la forma en que circula la información, pero no todos los grupos son igual de vulnerables. Normalmente los extremos son más sensibles a ciertos mensajes que la zona media de la sociedad.
XL. Al final del día, ¿ve el vaso medio lleno o medio vacío?
R.B. Soy moderadamente optimista. La tecnología cambia, pero la necesidad de datos fehacientes es más necesaria que nunca. A mí me gustaría que una organización como la nuestra contribuyera a crear un contexto en el que su labor fuera cada vez menos imprescindible, del mismo modo que quienes luchan contra el cáncer o la pobreza aspiran a que esos problemas se reduzcan. Yo estudié Ciencias Políticas y vi muchos debates. Para que una discusión tenga sentido, al menos debe partir de hechos que las dos partes acepten como existentes.
XL. ¿Teme que podamos quedarnos sin herramientas para distinguir lo verdadero de lo falso?
R.B. Sí, y por eso creo en lo que hago. Y si no llegamos a tiempo, que quede al menos el rastro. Que alguien mire mañana nuestras notas y diga: «Mira, no siempre fue así; esta gente creía en hacerlo bien, creía en la ciencia».
Breve historia de la opinión pública
-
1932
-
Los 'Mad Men' inventan el sondeo. George Gallup, profesor de Periodismo, ficha por Young & Rubicam —la mayor agencia publicitaria de Nueva York— como director de investigaciones de mercado. Su tarea: medir qué le interesa al público para que los clientes inviertan mejor su dinero. El sondeo moderno nace en la legendaria avenida Madison.
-
-
1941
-
La voz del ciudadano. El británico Harry Field, un veterano de la Primera Guerra Mundial que emigró a Estados Unidos, donde trabajaba como vendedor a domicilio, conoce a Gallup y funda el primer servicio de encuestas sin ánimo de lucro en Denver, la semilla de NORC, con la idea de medir la opinión del ciudadano para darle voz, no para venderle cosas.
-
-
1945
-
La cuestión moral. Poco después de la rendición de Japón, NORC pregunta a los estadounidenses. El 44 por ciento está de acuerdo con haber lanzado la bomba atómica, y no solo en Hiroshima y Nagasaki; el 23 por ciento «hubiera borrado todas las ciudades japonesas». Apenas un 4 por ciento no la habría lanzado.
-
-
1948
-
El gran patinazo. El Instituto de Investigación Social (germen del ISR de la Universidad de Míchigan) es el único centro que predijo correctamente la victoria electoral de Harry Truman. La fotografía de Truman riéndose mientras levanta el Chicago Tribune con el titular equivocado («Dewey derrota a Truman») se convierte en un icono.
-
-
1963
-
La dimensión del duelo. Una semana después del asesinato de Kennedy, NORC envía entrevistadores a las casas de 1384 estadounidenses para preguntarles cómo habían reaccionado al magnicidio: si habían llorado, si se habían enfadado, si habían buscado a sus seres queridos... El cuestionario se convertirá en un modelo mundial de encuestas.
-
-
1972
-
Las preguntas eternas. Arranca la Encuesta Social General, universalmente conocida como GSS (General Social Survey), con una batería de preguntas hechas cara a cara en domicilios de todo el país, y con un protocolo diseñado para perdurar. Con más de siete mil variables acumuladas, la GSS es la radiografía más completa que existe de una sociedad democrática.
-
-
2001
-
Una nación en 'shock'. Tras los atentados del 11S, NORC desempolva el estudio del asesinato de Kennedy y vuelve a aplicar las mismas preguntas a una muestra nacional. Por primera vez se puede comparar cuantitativamente cómo reaccionó la sociedad a dos traumas históricos. El magnicidio de 1963 generó profunda tristeza y desolación. El 11S provocó niveles de ira y rabia mucho más altos.
-
-
2021
-
El virus que reinventó la entrevista. La pandemia obliga a NORC a interrumpir cincuenta años de entrevistas presenciales puras. Por primera vez se combinan varios modos —web, teléfono, cuestionarios por escrito— y se introducen pesos estadísticos para corregir sesgos. El episodio da pie a una de las mayores revisiones metodológicas de la historia de la sociología, todavía en curso.
-
-
2024
-
La 'cocina' electoral, sin secretos. NORC lanza un proyecto diseñado para responder a los fallos de las encuestas en las elecciones a la presidencia de Estados Unidos de 2016 y 2020. Y publica, además, la receta de su 'cocina' demoscópica. Amplía el seguimiento a temas como la confianza institucional, la exposición del ciudadano a la desinformación, la inteligencia artificial, la salud, la inmigración...
-
-
2026
-
Baluartes de la opinión pública. La Fundación BBVA concede a NORC y al ISR el Premio Fronteras del Conocimiento en Ciencias Sociales. Destaca el papel de ambos centros universitarios como referentes globales de la medición objetiva y continuada de la opinión pública. Y su contribución como modelo internacional para los grandes estudios sociales comparados.
-