Las recetas de Isabel Coixet para llevar la vida con humor: anchoas y champán (de desayuno)
Prefiere el jamón con grasa y no contar calorías. Sencillamente le gusta comer. Y explorar nuevos lugares y sabores. Lo cuenta todo en su nuevo libro, 'Silencio, se come'. Hablar con ella despierta el hambre.
Para Isabel Coixet, la gastronomía no es solo sustento, sino una extensión de la cultura, el placer, el consuelo y la sabiduría. Lo dejó claro ... en su serie Foodie love, en la que funde el acto de comer y el de amar, o en su reciente película, Tres adioses, en la que la comida se reencuentra con las ganas de vivir. La directora ha escrito numerosos artículos sobre gastronomía en los que inevitablemente confluye el cine: champán, tabernas, sushi, Whitney Houston, ostras, Catherine Deneuve, paellas, la perca del Nilo, su receta (secreta y original) para combatir la resaca... De todo ello habla en Silencio, se come (Siruela), unas deliciosas crónicas gourmets.
XLSemanal. ¿Por qué ha escrito este libro?
Isabel Coixet. Me gusta escribir y comer, y descubrir sitios y compartirlos. También soy consciente de que lo que hay alrededor de la gastronomía a veces está imbuido de elitismo. Y me fastidia porque creo que el amor a la gastronomía no tiene por qué agujerearte el bolsillo. En este libro se habla de sitios extraordinarios y de sitios al lado de tu casa.
XL. ¿Con estos artículos quiere transmitir la idea de que comer bien no es cosa de ricos?
I.C. Quería contar lo que pienso de la comida y todos estos artículos juntos tenían sentido. Hay, además, algo fundamental para mí que es, parafraseando a Susan Sontag, que la comida dice mucho de nosotros. Yo soy de los que en un restaurante miran cómo la gente pasea la comida por el plato, y veo cómo a la persona que dice «no, no, yo hidratos no» le llega el pan y se lo acaba. Hay ahí todo un mundo de caracterizar a la gente, de ver por dónde vamos.
«Yo entiendo que la gente quiera perder peso, tenga alergias... Lo que no quiero es que me lo cuenten»
XL. En uno de los artículos cuenta que nadie tiene una relación normal con la comida. ¿Cómo es una relación normal?
I.C. Es que no la hay. Si no es el gluten, es la lactosa o el «tengo que engordar o tengo que adelgazar»… Yo veo mi relación bastante normal. Para mí la comida es placer, pero si tengo que estar un mes en Uzbekistán comiendo comida de lata o comida que hay que pensárselo un poco antes de comérsela, pues lo hago también. Y hace 30 años que no me peso. Creo que la última vez que me pesé fue cuando estaba embarazada, porque me obligaban los médicos, los ginecólogos; los obstetras son lo peor. Hacen sentir culpable a la gente porque se ha comido un bocadillo de sobrasada. No puede ser esto.
XL. Pero de sus artículos se deduce que se cuida, que no come todo lo que quiere, que tiene cierto cuidado para no engordar.
I.C. ¿Sí? ¿Se ve eso? ¡Uy, qué mal lo he hecho entonces! En uno de ellos, desde luego. Pero es que los artículos hablan de muchas épocas de mi vida.
XL. ¿Nunca se ha puesto a dieta?
I.C. La última vez, ya te digo, cuando estaba embarazada. Yo llegaba al médico y me decía: «¡No! ¡Has engordado cuatro kilos; tenías que haber engordado solo dos!». Te lo juro, me martirizó este hombre.
XL. Es una suerte no tener que estar controlando.
I.C. Hay épocas en las que estoy más gorda. Ahora no, porque he pasado una época de –literalmente– no tener tiempo para comer. Y el último rodaje en Italia fue paradójico porque la jornada era toda seguida, no había corte para comer ni desayunar ni nada. Creo que soy la única persona que ha adelgazado en Italia. Cuando tenía un momento de cinco minutos, ya todo estaba frío. En un rodaje a mí no me importa: es una batalla, con lo cual vas tirando. Otras veces me pego una época de escribir encerrada, no salir y ponerme 17 cafés y dos paquetes de galletas, y engordo, claro. Pero no sé... yo entiendo que la gente tenga alergias, que quiera perder peso, todo eso lo entiendo. Lo único que me fastidia es que me lo cuenten.
XL. ¿Y se lo cuentan?
I.C. Te lo cuentan todo el rato.
XL. ¿Cuál es la película o serie en la que mejor se come?
I.C. Hay dos películas que me dan indefectiblemente ganas de comer: El festín de Babette, que me parece una obra maestra y que es una de esas películas que cada vez que la veo, y la he visto muchas veces, pienso: «Yo debería haber hecho esta película».
XL. ¿Y la otra?
I.C. Tampopo, un filme icónico japonés donde hay una mezcla de sexo y comida muy rara. La parte del sexo es un poquito bizarra, pero la de la comida está muy bien conseguida.
«Yo hace 30 años que no me peso. Creo que la última vez fue cuando estaba embarazada, porque me obligaban los médicos. Hacen sentir culpable a la gente por comer un bocadillo de sobrasada»
XL. ¿Qué actor o actriz come mejor en pantalla?
I.C. Hay dos con las que yo he trabajado que comen muy bien. Son Laia Costa y Sarah Polley, pero sobre todo Laia.
XL. ¿A qué se refiere con 'comer bien'?
I.C. Hay un ejercicio de mandíbulas que te cambia la cara.
XL. ¿Cuál es la receta de una película que ha cocinado o desearía cocinar?
I.C. ¡Buah! Todos los platos de El festín de Babette. Lo que pasa es que son muy difíciles. Yo estoy más en una cocina más básica. A mí no me hagas preparar algo que vaya relleno con cosas y al horno y que tenga cuatro guarniciones, ahí me pierdo.
XL. ¿Y de otras películas?
I.C. Big night, que dirigió Stanley Tucci, que es sobre unos hermanos y un restaurante. He cocinado la receta –que es fácil– de la pasta all'arrabbiata que sale en la película.
XL. ¿Hay alguna escena de comida en el cine que le provoque rechazo?
I.C. Las escenas de comida suelen estar bien fotografiadas. Rechazo rechazo... Mira, en una de mis películas hay una escena de comida que está pensada para provocar rechazo. Es la escena inicial de Mapa de los sonidos de Tokio, donde ves esa práctica tan absurda que es que en ciertas comidas de negocios había mujeres desnudas y se servía el sushi en su cuerpo. Esto lo vi una vez, me pareció el horror y quise empezar esta película así.
XL. ¿Con qué actor, actriz o director ha comido mejor o le ha cocinado mejor?
I.C. ¡Ah! Con Bigas Luna. Una de sus casas estaba muy cerca de mi oficina y a veces me cocinaba y me hacía catas de aceites, que hace dos décadas era una marcianada. A él le gustaba mucho el aceite y te ponía diez panes diferentes, y era un festín.
«Con quien mejor he comido del mundo del cine es con Bigas Luna. A veces me cocinaba y me hacía catas de aceites, que hace dos décadas era una marcianada. Era estratosférico»
XL. ¿Era muy gourmet, muy cocinero?
I.C. Mucho. Estratosférico. Yo soy una aprendiz a su lado.
XL. Contó en una entrevista que un cineasta le dio fatal de comer y que dejaron de gustarle sus obras. No sé si era un director, un actor...
I.C. Era un filósofo. Me gustaban mucho sus escritos y después de aquello... porque lo hizo todo mal.
XL. Muy rácano, ¿no?
I.C. Muy rácano, y yo con la racanería no puedo. He heredado esta cosa, sobre todo de mi padre, de ¿vienen a comer seis?, pues vamos a hacer para diez. Hay que agasajar.
XL. ¿Come en el cine y en casa mientras ve películas?
I.C. No. En mi casa me tomo una copa de vino y en el cine bebo agua. Pero comer no.
XL. ¿Cree que podría haber sido cocinera?
I.C. No. Mi gran sueño sería tener un bar-librería. Lo he pensado muchas veces, pero es esclavo, tienes que estar allí.
XL. ¿Daría algo de comer?
I.C. Algo hay que dar de comer, claro, y ahí ya nos ponemos en un lío, con las salidas de humo, los permisos... Pues una champanería que vendiera libros. En París hay una, La Belle Hortense, que es un lugar que me encanta. Y si quieres comer algo te lo traen del restaurante de al lado.
XL. Si su vida tuviera el sabor de un plato, ¿cuál sería?
I.C. Algo agridulce. Un pollo al limón, con un poquito de una salsa chili. Así, agridulce.
XL. ¿Por qué agridulce?
I.C. Porque siempre hay una mezcla de cosas. Leí un artículo de una escritora que decía que ella había alcanzado la felicidad porque tenía hijos y nietos, y todos eran maravillosos y su vida, estupenda. Qué bien poder pensar así. Yo nunca he pensado mi vida así con esta cosa de plenitud. Nunca miro para atrás, siempre es lo que está por venir. Yo esto de vivir en el presente y en el pasado, no. Yo estoy como venga, ya, ya está. Next.
XL. Confiese su receta infalible contra la resaca.
I.C. Comparto algo que a mí me ha funcionado: antes de acostarse, una ducha fría y otra caliente (en este orden) y dos latas de Sprite y una de anchoas. Sin pan.
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CONFESIONES DE UNA 'FOODIE'
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1.
¿Su primer recuerdo ligado a la cocina?
Comer cruda la masa de las croquetas de mi madre, lo recuerdo perfecta-mente. De mi infancia recuerdo una cosa que le gustaba muchísimo a mi padre, y que mi madre le prohibía pedir, pero la acababa pidiendo. Se llamaba 'pijama'. Es un postre como de los años sesenta que es helado, flan, nata y melocotón en almíbar, y yo creo que hasta un plátano frito. Todo junto. Creo que se conocía como 'pijama' porque ya te ibas a la siesta.
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2.
¿Qué plato pide si está 'depre'?
Arroz y anchoas. Si un día estoy mal del estómago, hay un restaurante en mi barrio que se llama Envalira y pido un arroz de enfermo, que es arroz con merluza y guisantes. Me parece el paraíso. Y cuando estoy baja de moral, que no 'depre', un pan con tomate bueno con anchoas. La mezcla de tomate y anchoa es mi sabor favorito. Hay algo ahí que me gusta mucho.
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3.
¿Hay algo que le quite las ganas de comer?
Si no tengo hambre, es señal de que no estoy bien. Cuando estoy currando, la comida no es una prioridad para mí. Pero, si no es así y no tengo hambre y al día siguiente tampoco, es que algo me pasa.
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4.
¿Qué comida no soporta?
Hay muchas cosas que no me gustan. No puedo soportar el bacalao. Hay algo en su textura que me horroriza. No digiero el ajo. Me tomo cualquier cosa con ajo, pasan tres días y el ajo sigue ahí. Y el pepino; y el 'mundo' ojos de ternera, criadillas, orejas...
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5.
¿Su chef de referencia?
El gran mito, para mí, es Anthony Bourdain. Luego, Quique Dacosta me parece increíble; Ferran y Albert Adrià; Joan Roca...; Terry Giacomello; Adelf Morales, el cocinero del Topik; Yoshi, el de Suto; los hermanos Torres, una gente cojonuda; Juanjo, de La Tasquita de Enfrente; Jesús Sánchez, del Cenador de Amós; y Fina Puigdevall, de Les Cols, una grandísima cocinera.
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6.
¿Su gran pecado oculto en la nevera?
Yogures industriales de sabores raros. Como el yogur de cheesecake de arándano de Mercadona. Soy más de salado, pero los yogures de sabores exóticos me pueden.
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7.
¿Restaurante donde ha sido más feliz?
La Tasquita de Enfrente, en Madrid. Ya no es solo la comida, sino que ves que ahí está el alma de alguien. No ha habido un decorador. Es su chiringuito y lo cuidan muy bien; y la carta no es muy larga, pero todo lo que tiene es bueno. He ido a muchos grandes restaurantes: el Celler de Can Roca, elBulli y uno que me gusta mucho de París, que es una brasserie clásica y se llama Le Square Trousseau. Son muchos.
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8.
¿Le gusta ir a la compra?
Mucho. Pero al mercado. Y me gustan tantas cosas que luego digo: «Todos estos repollos y nabos y chirivías y la pechuga de gallina para el caldo, pero ¿en qué estoy pensando? ¡Si solo voy a estar dos días en casa!».
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9.
¿Qué plato le sale mejor?
El arroz negro. A mí me cuesta mucho la técnica de la cocina. Me gusta improvisar cosas. Empiezo una receta, digo: «Ay, voy a ir por aquí...». No sé. Me aburre esto de mirar cuántos minutos en el horno. Yo improviso.
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10.
¿Qué ngrediente está más sobrevalorado?
La trufa: la de verano, la negra y hasta la blanca. Me gusta, pero a veces piensas «esto sin trufa también estaría bien», como que no le añade nada a las cosas.
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11.
¿Bebida favorita para tomar con amigos?
Champán. Y Aperol Spritz. Menos mal que el champán es caro porque, si no, bebería mucho. Me sienta muy bien. Yo no tengo problema en desayunar con champán.
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12.
¿Su último capricho gastronómico?
Me gusta mucho el carpaccio de gambas rojas. Y siempre es difícil hacerlo en casa porque las tienes que congelar y cortar finitas. Pero hace un mes hice uno y le puse un aceite ahumado que me gusta mucho. Y le añadí granada porque tenía en casa, una cosa completamente absurda. Oye, quedó muy bueno.