Los hombres de Trump se visten por los pies y lo hacen como Donald (dios) manda, con unos zapatos Oxford negros de horma clásica, cordones ... y piel de becerro a los que el inquilino del Despacho Oval se ha aficionado tanto que los regala a pares a los miembros de su gabinete y a su corte de asesores.
Nadie de su club de fieles se atreve a rechazarlos. «Es divertidísimo porque todos se los ponen, sea la talla que sea, por miedo al jefe», ha contado una funcionaria de la Casa Blanca a The Wall Street Journal.
Trump, que da gran importancia al código de vestimenta (todavía se recuerda la bronca que le echó a Zelenski por presentarse ante él con un polo de estilo militar), se ha enamorado de un modelo de 145 dólares (unos 125 euros) de la firma estadounidense Florsheim, que los fabrica en China.
Lo curioso es que el presidente calcula la talla de pie de sus agasajados a ojo de buen cubero. Se ha hecho viral la foto del pobre Marco Rubio luciendo unos Oxford descomunales, con dos dedos de espacio entre el talón y la parte trasera, que arruinan la elegancia del zapato. Todo sea por no contrariar al jefe, que con este último capricho ha tocado definitivamente suelo.
Ampliar
Por si fuera poco, el dueño de la empresa, Thomas Florsheim Jr. (la quinta generación al frente de la compañía), se ha mostrado abiertamente crítico con la política arancelaria de Trump. Al importar materiales de China, la firma tuvo que enfrentarse a gravámenes de hasta el 145 por ciento y a pérdidas de 16 millones de dólares, lo que obligó a Florsheim a aumentar un diez por ciento el precio del calzado.
Claro que eso fue antes de la popularidad mundial adquirida gracias a las excentricidades del mandatario. La matriz de Florsheim, el grupo Weyco, ha subido en Bolsa en un mes casi un siete por ciento, mientras que en la habitación contigua a donde Donald declara la guerra se apilan cajas y cajas de Trump shoes.
Ampliar
La querencia de Trump por los zapatos Florsheim es singular por el hecho de que no parece importarle que sus propietarios sean críticos con su política arancelaria, que la sede esté en la progresista ciudad de Chicago ni que el fundador de la marca fuese ¡canadiense! Bromea la prensa americana con que el presidente no sepa nada de esto, pero Milton Florsheim nació y creció en Montreal antes de montar en 1892 una fábrica de zapatos en Chicago, que pronto abriría tienda propia. La calidad del material y la perfección de las costuras dispararon la po-pularidad de la firma. En las dos guerras mundiales, Florsheim proveyó de botas a los solda-dos estadounidenses. En 2002, la multinacional Weyco adquirió la compañía, dirigida hoy por Thomas Florsheim Jr., quinta generación familiar.
Sobre la firma
Redactor
Bilbao (1967). Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Pública del País Vasco. Trabaja en la Agencia Colpisa desde 2009.
Publicidad
Más de
En otros medios
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia