La organización sin ánimo de lucro que Sean Penn creó en 2010 y que tanto éxito cosechó durante la pandemia por la ayuda que prestó a la población de Los Ángeles ha terminado en un caos de gastos no contabilizados y acusaciones contra sus directivos por ignorar denuncias de acoso sexual.
Por Raquel Peláez
Miércoles, 22 de febrero 2023, 17:02
Según la investigación realizada por Bloomberg Businessweek, ocho empleados de la ONG de Sean Penn conocida como CORE comunicaron a sus superiores que los bomberos de Los Ángeles acosaban sexualmente a sus compañeras de forma habitual mientras trabajaban en plena crisis contra la covid. «El jefe del batallón me tocaba el culo cada vez que pasaba a mi lado», ha explicado Serena Serrano, una de las denunciantes, que entonces tenía 23 años. «Lloraba todos los días porque no sabía qué hacer. Tenía miedo». Serena le contó el caso a Ann Lee, la CEO de la organización, pero esta no tomó cartas en el asunto. Un mes después, Serrano estaba en la calle.
Los empleados añaden que tampoco en el capítulo financiero las cuentas están muy claras. La fama de la ONG hizo que recibiera una gran cantidad ... de dinero en donaciones privadas y subvenciones de la Administración de Recursos y Servicios de Salud de Estados Unidos. Millones de dólares que, según ellos, la ONG está utilizando para pagar gastos inapropiados: desde hoteles y cenas de lujo hasta multas de tráfico.
Antes de conseguir sus dos premios Oscar por los protagonistas de Mystic River y Mi nombre es Harvey Milk y de fundar la ONG que le llevaría al estrellato de la solidaridad, Sean Penn no se había caracterizado precisamente por su amabilidad. Su matrimonio con Madonna, que pasó a la historia como una de las relaciones más tormentosas de Hollywood; o su paso por la cárcel tras agredir a un fotógrafo le valieron la fama de hombre violento. Pero cuando la mediana edad llamó a su puerta, Penn se suavizó y en 2005 fue una de las muchas celebrities que viajaron a Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina. El actor, que ayudó a muchas personas a escapar de las inundaciones, también obtuvo sus críticas porque iba acompañado durante todo el viaje por un fotógrafo profesional para dejar constancia de sus actos. ¿Ayuda? Sí ¿Postureo? También. Y ese parece que ha sido su sello desde entonces.
En 2010 Sean Penn fundó la ONG que años más tarde se conocería como CORE (acrónimo de Community Organised Relief Effort) para ayudar a las víctimas del terremoto de Haití. Su participación le valió incluso una medalla del presidente del país Fue allí donde el actor conoció a Ann Lee, que dirigía otra organización sin ánimo de lucro, y la contrató como directora ejecutiva. Con ella al timón, Penn siguió ayudando en varias crisis hasta que la pandemia del covid arrasó el planeta y CORE se convirtió en el alma de la fiesta solidaria en Los Ángeles. Sus empleados ayudaron a realizar decenas de miles de pruebas al día en la ciudad, incluidos los test masivo en el estadio de los Dodgers, y también administraron las vacunas cuando estuvieron disponibles.
«Llegaron Ann Lee y Sean Penn», cuenta a Bloomberg Jeff Gorell, el teniente de alcalde en que momento. «Dijeron: déjenos hacerlo, déjenos gestionarlo y operarlo y lo haremos con nuestras propias donaciones». Y entonces llegó el dinero. Las donaciones se dispararon: el multimillonario Jack Dorsey, entonces director ejecutivo de Twitter y amigo de Penn, le entregó 10 millones de dólares y otros 20 más tarde. En comparación con los 6,6 millones de dólares que CORE había generado en 2019, en 2020 ya reportaba ingresos por 76 millones y en 2021 subía a 122.
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Sin embargo, según han denunciado varios de sus empleados, la organización no implementó los procesos contables necesarios para rendir cuentas sobre el uso de ese dinero. Gastos sin contabilizar, otros registrados en el año equivocado, falta de aprobaciones para nóminas y documentos de donaciones, una gestión poco estricta de subvenciones federales multimillonarias… Sam Hilsman, el antiguo director de tecnología de CORE que renunció a su puesto en el mes de septiembre, y otros empleados que todavía continúan han manifestado que el equipo que lidera la organización pasa más tiempo preocupándose por su imagen en los medios que por su administración.
Los empleados también dicen que las denuncias por agresión sexual y acoso por parte de los socios de CORE no se han abordado y que muchos de los que se ha pronunciado se han tenido que enfrentar a represalias. Hasta ocho de los empleados de CORE que trabajaron en el estadio de los Dodger en Los Ángeles durante la pandemia atestiguan el acaso que sufrieron sus compañeras por parte de los bomberos, añadiendo que las llamaban «las putas de CORE». Cuentan, también, que ninguno de los jefes de la organización hizo nada al respecto a pesar de que ellas lo pusieron en su conocimiento.
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