Vassi Chambelán
Viernes, 14 de febrero 2025, 10:18
El helicóptero que despegó de Antigua hace 15 minutos desciende sobre la arena blanca de la pequeña isla caribeña de Barbuda. Un todoterreno espera para llevarme a mi cita con uno de los actores más grandes de nuestro tiempo. Nos trae aquí el último negocio de Robert de Niro, el Nobu Beach Inn. El actor es ya copropietario de 57 restaurantes y 42 hoteles en todo el mundo, un imperio construido a lo largo de 35 años, desde que abrió su primer restaurante en Nueva York en 1990, pero esta es su primera incursión en el Caribe. La habitación más barata cuesta 2500 dólares la noche (y sí, incluye el desayuno...).
Cuando entro en el restaurante del hotel, lo veo desayunando con tres de sus siete hijos: Julian, de 29 años; Elliot, de 26; y Drena, ... de 57, que están de visita. El dos veces ganador del Oscar (por El Padrino II y Toro Salvaje) se acerca. «Hummm, ¿cómo estás?», dice mientras me estrecha la mano, con una sonrisa burlona.
De Niro, que ya ha cumplido los 81 años, no tiene mucho interés en hablar de su carrera o de su compleja vida familiar, así que se dirige a uno de sus socios en Barbuda y le pide que me muestre el hotel. Me entero entonces de que el complejo cuenta con 25 villas que se pueden comprar, si se tienen 12 millones de dólares en el bolsillo.
Una vez finalizado el recorrido por el lugar, sigo a De Niro hacia la playa Princess Diana, llamada así porque la princesa de Gales vino aquí de vacaciones en abril de 1997, cuatro meses antes de su muerte. De Niro se acomoda en un sillón frente al océano, se quita el sombrero de pescador, coloca su iPhone sobre la mesa y saca unos prismáticos: «Hay cosas que nunca pasan de moda, como esta vista», dice mientras contempla la playa. De Niro nació en 1943 en Nueva York, hijo único de dos pintores bohemios, Virginia Admiral y Robert de Niro.
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Hace años que Robert de Niro no hace ningún esfuerzo por ocultar su hostilidad hacia Donald Trump. De hecho, lo hace tan abiertamente que en mayo del año pasado protagonizó una de las escenas más memorables de la campaña electoral cuando apareció en Manhattan, frente al tribunal en el que se juzgaba a Trump, para reprender al hombre que ahora es presidente (en la foto). A quien ya había llamado payaso y tirano, lo acusó de ser «otro sucio estafador inmobiliario disfrazado de pez gordo» y «un Playboy de pacotilla» evolucionado en agresor sexual y delincuente. Trump respondió diciendo que el actor era «patético».
«Trump quiere sembrar el caos. ¿Te das cuenta de lo enfermizo que es querer destruir un país? Quiere hacerlo y, eventualmente, podría destruir el mundo».
«Me recuerda al mafioso que interpreté en 'Uno de los nuestros'».
«Es la encarnación del mal. Es duro de decir, pero es la verdad: creo sinceramente que Trump es malo».
El matrimonio se separó cuando el actor tenía 3 años al iniciar su padre una relación con el poeta Robert Duncan. Por entonces, De Niro no sabía que su padre era homosexual. Se enteró años después, ya adulto, su madre se lo dio a entender, y él nunca preguntó más. Fue mucho tiempo después cuando reparó en las dificultades y el sufrimiento que sobrellevó su padre. «Ojalá hubiéramos hablado mucho más de eso». De Niro, que siempre tuvo una relación cordial con su progenitor, cuelga ahora sus cuadros en todos sus hoteles.
Cuenta a su vez que estudió interpretación para superar su timidez, inspirado por el brillo de actores como Marlon Brando y James Dean. Consiguió su primer papel en Greetings, de Brian de Palma, a los 24 años, en 1968, pero fue Malas calles, de Martin Scorsese, la que lo catapultó en 1973. El resto es historia: De Niro y Scorsese han trabajado juntos nueve veces más, la más reciente en Los asesinos de la Luna, en 2023. Aunque ahora anda ocupado con su nuevo hotel, que visita cada dos meses desde su casa en Nueva York, sigue actuando. El 23 de febrero se estrena en Netflix la serie Zero day y en marzo, la película Alto Knights. ¿Alguna vez piensa en dejarlo? «¿Y qué voy a hacer?», responde levantando los brazos. «Es importante mantenerse ocupado».
En cuanto a su vida amorosa, siempre ha sido hermético y lo sigue siendo. Conoció a su primera esposa, la actriz Diahnne Abbott, durante el rodaje de Taxi driver. Se casaron en 1976. Adoptó a la hija de ella, Drena, y tuvieron otro hijo, Raphael. Se divorciaron en 1988, cuando se hizo público su romance con la cantante Helena Springs, quien tuvo un hijo cuya paternidad –y consiguiente demanda para manutención– atribuyó a De Niro. Más tarde se demostró que el niño no era suyo.
Mientras tanto, el actor mantuvo relaciones con las modelos Naomi Campbell y Toukie Smith; con esta última estuvo ocho años y fue padre de los gemelos Julian y Aaron, ahora de 29 años, por subrogación. En 1987 conoció a la que sería su segunda esposa, la actriz Grace Hightower. Estuvieron juntos, aunque de forma intermitente, durante 20 años y tienen dos hijos. Se separaron en 2018. En la actualidad, De Niro mantiene una relación con Tiffany Chen, una experta en artes marciales de 45 años, a quien conoció en el set de El becario en 2015. Con ella se convirtió en padre por séptima vez hace dos años.
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Robert de Niro protagoniza por primera vez una serie: Zero day (se estrena el 20 de febrero en Netflix), en la que interpreta al vicepresidente del Gobierno que debe salvar al país ante un ciberataque . Hasta ahora, su única participación en televisión era un cameo de lujo en la serie argentina Nada , en la que hace de narrador. Con su experiencia, nadie como él para dar consejos a quienes aspiran a triunfar en el show business.
1 ⇒ «Necesitas personas que puedan decirte lo que no quieres oír. Lo más difícil de ser famoso es que la gente siempre es amable contigo. Todos están de acuerdo con lo que dices, incluso si dices algo totalmente loco».
2 ⇒ «No puedes predecir lo que va a funcionar. No tienes ni idea de que años después la gente te reconocerá por la calle y gritará: '¿Me estás hablando a mí?' (de Taxi Driver ). Esa frase no estaba ni en el guion. Improvisamos. Por alguna razón tocó una fibra sensible. Eso simplemente sucede».
3 ⇒ «Si algo no ha funcionado, no pierdas el tiempo pensando por qué y cómo. ¡Pasa al siguiente proyecto! No soy alguien que se arrepienta. No me arrepiento de ninguna película que haya hecho porque había una razón para hacerla en ese momento».
Si hablara con sus hijos, ¿cómo describirían a su padre? «Dios mío, cada uno tendría una respuesta diferente. La familia es muy compleja. Yo hago todo lo que puedo. Espero que sean felices». De Niro siempre ha estado implicado en la crianza de sus hijos: iba a buscarlos a la escuela, jugaba con ellos en el parque... Y parece seguir estándolo. «Tengo un bebé. Me paso las mañanas viendo a la señorita Rachel (una youtuber para niños) con ella y le doy el biberón». ¿También cambia pañales? «No, no, pero antes sí lo hacía».
Seguramente su vida debe de ser digna de un libro. ¿Está escribiendo alguno? «He tenido ofertas, pero nunca me he animado». ¿Ha leído las nuevas memorias de su amigo?, le pregunto. «¿Qué amigo?». Al Pacino. «No, no». Se ríe. Relajado y renuente a hablar de sí mismo, le pregunto qué música suele escuchar. «Música tranquila, de esa para ambientar el coche, Sinatra...». ¿Eran amigos? «Estuve con él un par de veces. También escucho música de spa». ¿Qué? «La música que pones en el spa y una emisora llamada Chill».
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El último proyecto de De Niro en el paraíso trae consigo una gran polémica. La Ley de Tierras de Barbuda de 2007 establece que todas las tierras de la isla son propiedad comunitaria de sus habitantes y no pueden venderse a terceros. Para evitarlo, en 2015 el primer ministro de la isla, Gaston Browne, aprobó la Ley Paradise Found (que lleva el nombre de la empresa de De Niro), que otorga específicamente a Paradise Found un contrato de arrendamiento de la propiedad por 99 años.
No cayó bien entre los lugareños. Barbuda es una minúscula ciudad de 168 kilómetros cuadrados con unos 1.700 habitantes. Fue colonizada en el siglo XVIII por esclavos enviados desde Antigua por un rico propietario británico de una plantación de azúcar, Christopher Codrington, en cuyo honor se bautizó la principal ciudad de Barbuda. Desde la emancipación de los esclavos en 1834, Barbuda se ha gobernado de manera comunitaria y democrática. En 2017 llegó el huracán Irma, que destruyó el 90 por ciento de los edificios de la isla. Al ver la necesidad de modernizar la industria turística de Barbuda a toda prisa, Browne comenzó a aprobar rápidamente propuestas de promotores externos, entre ellas la construcción de un aeropuerto modernizado. Algunos han afirmado que se trata de una apropiación oportunista de tierras y un ejercicio de legislación encubierta, por no hablar de una amenaza para el medio ambiente, que pone en peligro la vida silvestre que siempre ha vagado libremente por la isla y destruye los manglares. Nobu Beach Inn cuenta con una zona de conservación de manglares y De Niro asegura que «proteger el medio ambiente local siempre será una prioridad. El Nobu Beach Inn está diseñado para integrarse con el entorno y mantener la belleza natural del paisaje; esto es lo que hace que la propiedad sea tan especial».
Me cuenta que visitó por primera vez el Caribe cuando tenía 24 años; su madre lo enroló en una especie de campamento hippie en la deshabitada isla Ginger, en las islas Vírgenes. Se entusiasma contando detalles de aquella experiencia, que suena un poco al programa Supervivientes: él y otros cuatro chicos que no conocía de nada fueron 'abandonados' allí para demostrar que podían valerse por sí mismos mientras trabajaban en la construcción de lo que iba a ser una comuna. «Me gusta la aventura», dice. ¿Por eso lleva binoculares? «Siempre los llevo porque nunca sabes lo que te vas a encontrar o lo que puedes ver. Simplemente, no quiero perderme nada».
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Texto: Virginia Drake / Fotografía y vídeo: Javier Ocaña
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