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Los enigmas de María Estuardo Descifran las cartas secretas de la monarca escocesa Las cartas secretas de la mayor enemiga de la reina de Inglaterra, al descubierto

Presionaba para su liberación (estuvo 19 años presa por orden de su prima Isabel I de Inglaterra), pedía sobornos e intrigaba. Es el contenido de las cartas secretas que la reina de Escocia escribió hace 500 años y que ahora han sido descifradas.

Por Fátima Uribarri

Viernes, 24 de Febrero 2023

Tiempo de lectura: 7 min

No puedo agradecerle lo suficiente el cuidado, la vigilancia y el cariño con que abraza todo lo que me concierne y le ruego que lo siga haciendo con más fuerza que nunca, especialmente por mi liberación a la que veo a la reina de Inglaterra bastante inclinada». Estas palabras de María Estuardo a su amigo y confidente el embajador francés Michel de Castelnau llevaban 500 años ocultas. Las escribió el 16 de abril de 1583. María llevaba tres lustros prisionera por orden de su prima, Isabel I de Inglaterra, que ordenaría su decapitación cuatro años después.

Que María Estuardo, reina de Escocia, mantenía correspondencia oculta desde su prisión se sabía, pero ahora se ha encontrado una prueba maravillosa: se acaba de descifrar el lenguaje secreto que la reina de Escocia utilizaba en su correspondencia con el embajador francés en Inglaterra. Las misivas estaban en la Biblioteca Nacional de Francia, en París, camufladas en unos archivos etiquetados como asuntos italianos. Las ha descubierto y descifrado un equipo de expertos en códigos secretos formado por el francés George Lasry, informático, criptógrafo y miembro del Proyecto Decrypt (una institución que se encarga de descifrar manuscritos históricos), el físico japonés Satoshi Tomokyo y el músico alemán Norbert Biermann.

Reina de Escocia y de Francia y aspirante al trono de Inglaterra, María Estuardo tuvo una vida dramática: se la relacionó con crímenes, estuvo presa y murió ejecutada

«Las cartas muestran definitivamente que María, durante los años de su cautiverio en Inglaterra, se involucró activamente en los asuntos políticos de Escocia, Inglaterra y Francia, y estuvo en contacto regular con las principales figuras políticas de la corte de Isabel I», concluye John Guy, historiador de la Universidad de Cambridge. «Estos nuevos documentos muestran que María fue una analista astuta y atenta a los asuntos internacionales», añade este estudioso de María Estuardo, una de las reinas con una peripecia vital más novelesca de la historia. Su destino fue «una tragedia de dimensiones clásicas», según Stefan Zweig.

En 1542, y siendo un bebé de solo seis días de vida, fue nombrada soberana de Escocia, uno de los territorios más periféricos y atrasados de Europa. «Reina de un pueblo difícil», explica André Maurois en su Historia de Inglaterra (Ariel). Efectivamente no lo tuvo fácil. Ella era católica, hija del recién fallecido rey Jacobo V y de la francesa (y muy poderosa) María de Guisa-Lorena, que la envió a Francia –cuando María tenía 6 años– a educarse con la intención de casarla con el delfín. La infancia francesa fueron los años más felices de su vida. Al delfín de Francia –cuenta Maurois– le gustó aquella niña de cara larga y pálida, pelo castaño y ojos bonitos. Se casaron, sí. Y, cuando murió Enrique II de Francia, María y Francisco se convirtieron en reyes. Ya era María dos veces reina y, como bisnieta de Enrique VII, podría serlo también de Inglaterra si se consideraba a su prima Isabel bastarda por ser hija de la decapitada Ana Bolena, cuyo matrimonio con Enrique VIII no era válido a ojos católicos.

Isabel I sabía que María conspiraba con España, Francia, el Papa... Para vigilarla, creó el mejor servicio secreto de la época

El reinado de María en Francia duró solo año y medio: su marido, Francisco II, murió de una infección en el oído y rápidamente su suegra, Catalina de Médici, tomó las riendas como regente de Carlos IX, hermano menor del fallecido Francisco.

Zancadillas escocesas

María, de 18 años, partió entonces hacia Escocia, su reino, donde encontró un panorama nada favorable. El verdadero dueño de Escocia era entonces John Knox, un pastor protestante vociferante, poderoso, rígido y áspero que se enfrentó a la reina desde que ella puso el pie en tierra escocesa. Cuenta André Maurois que al principio María demostró mucha paciencia y habilidad en hacer frente a los continuos desplantes que recibía como católica en un reino donde la religión protestante prosperaba entre el pueblo, «que pobre y serio no había amado jamás el lujo feudal de los obispos católicos», y entre los nobles, «que codiciaban los despojos de los monasterios».

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Decapitada. Recreación de María Estuardo dirigiéndose a su ejecución. Tenía al morir 46 años. En la imagen que abre este reportaje, sobre su retrato, un extracto descodificado de una de sus cartas. La grafía ocultaba la palabra ‘recepción'. |Getty Images

La joven María demostró paciencia y mano izquierda. «Hablaba poco. Asistía a las lecciones del Consejo haciendo labores de punto y con su hechizo conquistó a algunos de los nobles protestantes», cuenta Maurois. Y eso en un entorno hostil, sin consejeros leales, «entre nobles sin escrúpulos y predicadores inhumanos», dice el autor de Historia de Inglaterra.

Ah, pero María perdió la paciencia y la sensatez y se enamoró de quien no debía. Se encaprichó de su primo Enrique Estuardo, lord Darnley, un pésimo consorte. Con él tuvo a Jacobo, su único hijo, aunque es posible que el auténtico padre fuera su consejero David Rizzio, un italiano ambicioso en cuyo asesinato participó el marido de María. La reina de Escocia vivió un 'Juego de tronos' cruento sembrado de crímenes en el que ella también se involucró. Se enamoró de otro sinvergüenza, James Hepburn,lord Bothwell –un «belicoso señor de la frontera», según relata Winston Churchill en Historia de los pueblos de habla inglesa–, que primero la violó y luego la conquistó. «Toda Escocia lo aborrecía», cuenta Maurois.

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Apoyo Francés. Las cartas descifradas eran para el embajador Michel de Castelnau.

Bothwell asesinó al marido de María y tres meses después del crimen ella se casó con él. Era la gota que colmó el vaso. El Papa, España, Francia, todos abandonaron a María. Algunos escoceses se rebelaron. Bothwell huyó. A María la destronaron en favor de su hijo Jacobo, un niño. La habrían ajusticiado, pero la protegió su prima Isabel I de Inglaterra.

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Primas y rivales. María e Isabel I de Inglaterra (en la imagen) se llamaban 'querida hermana' y se odiaban.

La relación entre ambas reinas fue paradójica, intensa en la rivalidad política, de celos obsesivos, de rechazo y temor. Mientras se llamaban la una a la otra 'querida hermana', se odiaron, vigilaron y enfrentaron. Si Isabel protegió a María cuando perdió el trono escocés fue para no «dar a sus súbditos el ejemplo de una reina decapitada», opina André Maurois.

El mejor servicio secreto

Los escoceses no ejecutaron a su reina, pero la encerraron. Tras un año presa, María logró escapar. Huyó a Inglaterra. Si su mera existencia ya «era un peligro para la supervivencia de la Inglaterra protestante», como dice Churchill, su llegada a Inglaterra para Isabel fue una pesadilla. La católica María podría sucederla en el trono. Y no era, además, una mosquita muerta. Isabel sabía que su prima conspiraba con España, Francia, los banqueros florentinos, el Papa... Para vigilarla, la reina inglesa creó «el mejor servicio secreto de la época» –explica Churchill–, al que María le dio mucho que hacer. «El número de conjuras en las que participó María hacen admirar la paciencia de Isabel», dice Maurois.

Isabel la tuvo encerrada en varios castillos 19 años resistiéndose a ejecutarla. «En la prisión, María bordaba lindos tapetitos que luego regalaba a Isabel mientras, incorregible, seguía intrigando», cuenta André Maurois. Escondía sus mensajes a las Cortes de Europa en libros, prendas de la lavandería, joyeros e incluso en rizos de las pelucas. Y también –lo acabamos de saber– en sus cartas al embajador francés Michel de Castelnau utilizando el código recién descifrado.

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Código secreto.Un equipo de criptógrafos acaba de des-cifrar 57 signos empleados por María Estuardo para camuflar mensajes a sus partidarios.

Para desenmascarar a la autora de esas cartas, ha sido crucial la abundancia de terminaciones femeninas, de expresiones francesas del siglo XVI y las menciones a Francis Walsingham, el jefe del espionaje inglés, el gran perseguidor de María Estuardo.

Los descifradores han tardado nueve años en dar con el significado de hasta 57 signos utilizados en esas cartas en las que María protesta por las condiciones de su encarcelamiento (aunque eran de máximo lujo), se queja de su salud, pero sobre todo intriga y cotillea sobre las familias nobles europeas (se mencionan 120 nombres) y conspira, solicitando nuevos mensajeros para difundir sus notas secretas y pidiendo que se sobornase a funcionarios al servicio de Isabel.

María escondía sus mensajes a las Cortes de Europa en libros, prendas de la lavandería, joyeros y en rizos de las pelucas

Walsingham, deseoso de que Isabel diera por fin la orden de ejecutarla, le tendió una trampa utilizando agentes dobles. Urdió la conspiración de Babington, una trama que planeaba matar a la reina de Inglaterra, y María cayó de lleno en la trampa implicándose en el plan para acabar con su prima.

Isabel por fin se decidió a firmar su ejecución, aunque se dice que luego tuvo remordimientos. A María la decapitaron. Quizá hubo cierto empate póstumo en la enconada justa vital que enfrentó a estas dos soberanas porque, cuando murió Isabel, le sucedió en el trono Jacobo –el hijo de María–, que reinó como Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia.