El negociador
Jared Kushner, ¿el presidente en la sombra? Cómo el yerno de Trump maneja el poder
Hay analistas que no dudan en calificarlo como el hombre más poderoso de Estados Unidos. No solo porque es el yerno del presidente y, 'de facto', el responsable de la política exterior del país. Su gran poder, dicen, reside en que es el único que sabe lo que pasa en la cabeza de Donald Trump. Y le saca un beneficio económico personal astronómico.
Jared Kushner habla tan bajo que sus interlocutores tienen que inclinarse para oírlo. Mide 1,85, viste trajes oscuros, es delgado. Apenas gesticula. En el ... primer mandato de su suegro fue el 'yernísimo' florero: un treintañero con pinta de becario al que Trump puso a resolver la paz en Oriente Medio como quien encarga a su cuñado que arregle el grifo. Le llovieron las burlas. El comediante John Oliver lo describió como «un maniquí de Zara al que alguien enchufó por error». En los pasillos del ala oeste lo llamaban 'el Ghost Boy', el niño fantasma. Ya nadie se burla.
Ahora, en el segundo mandato, Kushner es el negociador de facto de la política exterior norteamericana: ha cerrado el alto el fuego de Gaza con Hamás, se ha sentado con Putin en el Kremlin para hablar de Ucrania y ha representado a Washington frente al ministro de Exteriores iraní en tres rondas de negociaciones nucleares con Irán en Ginebra, mediadas por Omán. Todo ello sin cargo oficial, sin confirmación del Senado y sin supervisión del Congreso. Eso sí, no lo hace gratis. En los ratos libres llama a los fondos soberanos del golfo Pérsico para pedirles dinero con el que engrosar su fondo privado. Y no lo hace ocultándose, sino de manera pública y notoria.
El fondo se llama Affinity Partners, tiene sede en Miami y gestiona unos 5400 millones de dólares que proceden casi en su totalidad de gobiernos de Oriente Medio. El mayor inversor, con diferencia, es el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí, el PIF, el brazo financiero del príncipe heredero Mohamed bin Salmán. Bin Salmán metió 2000 millones de dólares en Affinity en 2021, seis meses después de que Kushner dejara su puesto de asesor en la Casa Blanca. Lo hizo contra el criterio de su propio comité de evaluación, que desaconsejó la inversión citando la bisoñez del equipo.
Kushner presentó en Davos el proyecto de la 'Nueva Gaza': rascacielos, aeropuertos, 'hub' logístico... Ya en 2024 dijo que la Franja tenía «un litoral muy valioso» y que habría que «mover a la gente y luego limpiar aquello». No era una broma
El fondo no ha devuelto un céntimo de beneficios a sus inversores desde que se creó. Pero lo que el príncipe heredero compró no fue un vehículo financiero con expectativa de rentabilidad: fue una línea directa al centro del poder en Washington. Lo dice el senador demócrata Ron Wyden, que ha investigado a Affinity desde el Comité de Finanzas del Senado. Y añade que «los gobiernos extranjeros aprovechan ese canal abierto». Por supuesto, hay que pagar el peaje, que oportunamente lucra a miembros de la familia Trump. Cuando un periodista de la CBS le preguntó a Kushner por el conflicto de intereses, respondió con una perla: «Lo que la gente llama 'conflictos de intereses', Steve (Witkoff) y yo lo llamamos 'relaciones de confianza'».
El fin de la diplomacia
Steve Witkoff es el otro enviado de Trump para Oriente Medio, un promotor inmobiliario neoyorquino amigo del presidente. Juntos, Kushner y Witkoff fueron los arquitectos del plan de 20 puntos de Trump para Gaza. Son ellos dos –no el secretario de Estado Marco Rubio ni el Consejo de Seguridad Nacional– quienes manejan las negociaciones más delicadas de la política exterior norteamericana.
El Departamento de Estado, explica The Atlantic, se ha convertido en algo parecido a unas «catacumbas de la diplomacia»: los responsables de política exterior se enteran de lo que Kushner y Witkoff negocian después de que haya ocurrido. Cuando las conversaciones con Irán se rompieron, el ministro de Exteriores de Omán voló de urgencia a Washington para explicar que la pareja de negociadores había malinterpretado la propuesta iraní. Varios expertos nucleares dijeron que Kushner y Witkoff carecían de los conocimientos técnicos mínimos para entender lo que estaba sobre la mesa. A los pocos días, Trump empezó a bombardear Irán.
En enero, entre negociación y negociación, Kushner se hizo un hueco para ir a Davos. Allí, ante el Foro Económico Mundial, presentó con diapositivas el proyecto Nueva Gaza: rascacielos con vistas al mar, zonas industriales, un aeropuerto, un puerto, un hub logístico con estación de tren. Todo empaquetado en un territorio de 40 kilómetros de largo donde viven dos millones de personas en tiendas de campaña entre edificios derruidos por las bombas, y donde Naciones Unidas calcula que hay más de 60 millones de toneladas de escombros. «Podemos hacerlo en dos o tres años», dijo Kushner, sonriendo mientras pasaba las diapositivas. «Ya hemos empezado a retirar los cascotes». Nada sobre títulos de propiedad ni sobre cómo se realojaría a las familias desplazadas. No hay un solo palestino en el consejo ejecutivo en-cargado de la reconstrucción. Es difícil no pensar en aquella frase que soltó Kushner en 2024: que Gaza tiene «un litoral muy valioso» y que habría que «mover a la gente y luego limpiar aquello». Resulta que no era una broma obscena.
Los grandes números de Affinity dan una idea de la escala a la que opera Kushner fuera de la diplomacia. En septiembre de 2025, su fondo participó junto con el PIF saudí y el fondo de capital riesgo Silver Lake en la compra de Electronic Arts –la empresa de videojuegos detrás del FIFA, Los Sims y Battlefield– por 52.500 millones de dólares, la mayor compra apalancada de la historia (es decir, financiada con deuda, no con dinero propio de los compradores). El esquema, según los expertos en ética consultados por Bloomberg y por el centro de estu-dios CEPR, funciona así: Kushner aporta cobertura política y acceso regulatorio –la operación debería haber pasado por el Comité de Inversión Extranjera (el temido CFIUS), pero con el yerno del presidente como intermediario, nadie esperaba obstáculos– y a cambio cobra comisiones garantizadas independientemente de que la inversión genere beneficios.
En diciembre, Affinity también entró en la oferta de Paramount para adquirir Warner Bros Discovery, una operación de 108.000 millones respaldada por la familia Ellison, fondos soberanos del Golfo y capital del gigante chino Tencent. Que Kushner pudiera acabar siendo copropietario de la CNN –la cadena que Trump considera su archienemiga– hubiera sido el colmo, pero Affinity se retiró cuando la puja se calentó.
Su padre fue condenado por 18 cargos federales. Como su cuñado colaboraba en la investigación, Charles Kushner contrató a una prostituta para que lo sedujera, lo grabó y le envió la cinta a su propia hermana
Nada de esto sería posible sin el respaldo del presidente. Y Trump lo ha explicado con una franqueza que desarma. En una entrevista con cuatro periodistas de The New York Times en enero de 2026 le preguntaron por qué en su segundo mandato permitía a su familia sacar tajada de cualquier acuerdo internacional después de haberlo prohibido en el primero. Su respuesta: «Descubrí que a nadie le importaba. Estoy en mi derecho. George Washington tenía dos escritorios en su despacho, uno para gobernar y otro para sus negocios».
De tal palo...
Para entender a Jared hay que mirar de dónde viene. Su padre, Charles Kushner, fue un promotor inmobiliario de Nueva Jersey que levantó un imperio desde los apartamentos que gestionaba su propio padre, un superviviente del Holocausto llegado de Polonia. Charles Kushner se convirtió en donante político de primera fila, un hombre acostumbrado a que los gobernadores le devolvieran las llamadas. En 2004, todo se torció. Un gran jurado federal empezó a investigarlo por donaciones ilegales a campañas electorales y evasión fiscal. Dos familiares cooperaron con la investigación: su hermana y su cuñado. Lo que hizo Charles Kushner al enterarse fue digno de un capítulo de Los Soprano: contrató a una prostituta para que sedujera a su cuñado en un motel, grabó el encuentro con cámara oculta y le envió la cinta a su propia hermana para que la viera. La maniobra de intimidación fracasó. Se declaró culpable de 18 cargos federales. Charles Kushner cumplió 14 meses en una prisión federal de mínima seguridad en Alabama.
Jared tenía poco más de 20 años. Estudiaba Derecho y Administración de Empresas. De un día para otro tuvo que hacerse cargo de los negocios familiares mientras viajaba cada fin de semana a Alabama para ver a su padre a través de un cristal. Años después dijo que aquella experiencia le enseñó «cómo se siente estar al otro lado del sistema». En diciembre de 2020, Trump indultó a Charles Kushner en la riada de perdones de sus últimos días en la Casa Blanca. Y en su segundo mandato ha ido más lejos: lo nombró embajador de Estados Unidos en Francia. El embajador Kushner no tardó en hacerse notar. En agosto de 2025 publicó una carta abierta a Macron acusándolo de inacción ante la violencia antisemita en Francia. El Ministerio de Exteriores francés convocó al embajador, calificó las acusaciones de «inaceptables» y citó la Convención de Viena, que prohíbe a los embajadores interferir en los asuntos internos de sus países de destino.
Pero los Kushner son ahora intocables. Cuando en febrero de 2026 Trump nombró a Jared enviado especial para la paz, una organización cívica exigió que presentara su declaración financiera en 30 días. La portavoz de la Casa Blanca respondió que preguntar por los conflictos de intereses de Kushner era «despreciable» porque Jared estaba «regalando su energía y su tiempo para asegurar la paz mundial».