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"Cuando se puso el primer vestido sexy, la atacaron. Y ella lo entendió: podía enviar mensajes con la ropa"

Anna Harvey, estilista de la princesa de Gales Anna Harvey, estilista de la princesa de Gales

"Cuando se puso el primer vestido sexy, la atacaron. Y ella lo entendió: podía enviar mensajes con la ropa"

La princesa de Gales pasó de ser tímida aristócrata a un icono de la moda. Ahora, cuando se cumplen 25 años de su muerte, recuperamos el testimonio de la mujer que obró 'el milagro': su estilista, Anna Harvey, fallecida en 2018.

Conocí a Diana una mañana en el despacho de Beatrix Miller, entonces directora de Vogue, donde yo trabajaba como editora de moda. Diana estaba allí sentada, en compañía de su madre. La habíamos fotografiado para un reportaje sobre las chicas de la alta sociedad, y el compromiso real se anunció el mismo día en que el reportaje salió publicado. Madre e hija me explicaron que andaban buscando unos zapatos a juego con un vestido de noche; Diana sacó del bolso un retal de seda color albaricoque para que me hiciera una idea. En ese momento empezó nuestra relación laboral. Fui corriendo a la tienda de Manolo Blahnik y, sin saber que estaba haciendo historia de la moda, el español le confeccionó unos zapatos a juego con el vestido. A partir de entonces, Diana y yo trabajamos juntas durante 16 años.

Diana de Gales asiste al desfile del diseñador Joe Casely-Hayford junto con su estilista, Anna Harvey. Era el año 1995 y Diana ya era un icono de la moda.
La mujer en la sombra. | Diana de Gales asiste al desfile del diseñador Joe Casely-Hayford junto con su estilista, Anna Harvey. Era el año 1995 y Diana ya era un icono de la moda.

Pero yo no intervine en su vestido de boda. Enviaron a la princesa al estudio de Emanuel antes de que yo me involucrara. A la ... prensa no le gustó mucho, porque estaba lleno de arrugas. Pero es lo que tiene el tafetán fino como el papel. Mi primer trabajo fue reunir su ajuar: ropa para su luna de miel. Iban a zarpar en el yate Britannia y visitar puertos del Mediterráneo. Diana pasaría gran parte del tiempo junto a la piscina, pero luego necesitaría algo arrebatador para las noches. Por entonces había una tienda fantástica llamada Mexicana, donde confeccionaban unos maravillosos vestidos mexicanos blancos plisados. Compramos dos o tres, y unas cuantas blusas de campesina, y se los enviamos. Nunca vi que se los pusiera, pero a su vuelta me escribió una carta amabilísima diciendo que todo había sido perfecto.

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