La extraordinaria (y dolorosa) historia del padre de la inteligencia artificial
Alan Turing

La extraordinaria (y dolorosa) historia del padre de la inteligencia artificial

Padre de la inteligencia artificial y la computación moderna, Alan Turing tuvo una vida de película. Espía británico y héroe de la Segunda Guerra Mundial, acabó sus días castrado químicamente a causa de su homosexualidad. Pero ¿quién fue realmente Alan Turing, el genio matemático que ‘descifró’ a los nazis? Así era el visionario más misterioso del siglo XX.

Esteban Font

Jueves, 27 de abril 2023, 09:53

Encadenaba su taza de café al radiador por miedo a que se la robaran. Y en los malos momentos buscaba consuelo en un osito de peluche. Le gustaba llevar el pijama debajo del abrigo y no dudaba en caminar bajo el sol de la primavera con una máscara antigás para combatir su alergia al polen. Solitario y gran corredor de fondo, afirmaba que su película favorita era Blancanieves y los siete enanitos. Nunca leyó un periódico, se confeccionaba sus propios guantes y muy pronto eligió confiar antes en las máquinas que en las personas. «Las máquinas me sorprenden con mucha frecuencia», decía. También: «Una computadora puede ser llamada ‘inteligente’ si logra engañar a una persona haciéndole creer que es un humano». Este perfil solo da locos o genios. Alan Turing perteneció a los segundos.

La obra del genio. Primer ordenador comercializado y producido según los planos de Turing de 1936. Se fabricó en 1956.

Fue concebido en Chataprur, la India, pero nació en Londres el 23 de junio de 1912: su padre era un funcionario inglés destinado en el ... gigante asiático. Allí, Turing pasó los primeros años de su vida y destacó por su inteligencia: aprendió a leer por sí solo en tres semanas y mostró desde muy pequeño un gran interés por los números y los puzles. Desde los seis años deslumbró a todos sus maestros y en 1926, a los 14, ya definitivamente en Gran Bretaña, ingresó, feliz, en el internado de Sherborne, en Dorset. El primer día de clase había huelga general, pero sus ganas de asistir a clase le hicieron recorrer más de 60 millas en bicicleta hasta la escuela, en Southampton, pasando incluso una noche en una posada. La prensa local publicó la hazaña del joven. Con 16 años, Turing ya comprendía los planteamientos de Einstein y, sin estudios de cálculo elemental, resolvía problemas muy complejos para su edad. Pese a ello, sus profesores de Sherborne, más afectos a los clásicos que a los científicos contemporáneos, no mostraban demasiado interés por él. Poco le importó, su vocación era clara.

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