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El hombre que susurra a los leones

Tony Fitzjohn

El hombre que susurra a los leones

El mayor experto en leones del mundo, Tony Fitzjohn, tiene 75 años y un pasado turbio de alcohol y garitos. Sin embargo, desde la reserva de Kora, en Kenia, ha revolucionado la protección de animales en África. Un documental recupera su historia temeraria, apasionante... y un ejemplo de que la vida da segundas oportunidades.

Lo gracioso cuando te ataca un león es que no te despedaza a mordiscos; te asfixia. ¡Con toda esa artillería y prefiere ahogarte!». Así recuerda Tony Fitzjohn, el legendario conservacionista británico, el ataque que casi le cuesta la vida. «Fue un macho adulto. Salió de unos arbustos y me tiró al suelo. Entonces puso mi cabeza en su boca y comenzó a apretar tan fuerte que me desmayé un instante... Recobré la conciencia y, desesperado, intenté escapar, pero no tenía fuerzas. Antes de volver a perder el conocimiento, vi que era uno de los nuestros, Shyman, el que me estaba atacando».

Fitzjohn en el hospital tras ser atacado en 1974 por un león que había sido intoxicado. El animal le dejó un agujero en el cuello y se llevó un trozo de oreja, pero milagrosamente no le cortó la yugular. El ataque no lo desanimó; al contrario.
Sobrevivir de milagro. | Fitzjohn en el hospital tras ser atacado en 1974 por un león que había sido intoxicado. El animal le dejó un agujero en el cuello y se llevó un trozo de oreja, pero milagrosamente no le cortó la yugular. El ataque no lo desanimó; al contrario.

Fue otro macho, joven y mucho más pequeño, el que lo salvó de una muerte segura. «Freddie, al que había criado desde que era cachorro, ... se enfrentó a Shyman, que me tenía cogido por el cuello y me arrastraba». Lo entretuvo el tiempo suficiente para que llegase George Adamson, al que llamaban el Viejo, su mentor y su jefe en el Parque Natural de Kora (Kenia), que blandía un palo y gritaba a pleno pulmón. Funcionó. Fitzjohn tenía un agujero en la garganta tan grande como un puño, el león también le había arrancado una oreja, trozos de musculatura de ambos hombros y no seccionó yugular y carótida por milímetros. Tuvo que esperar durante horas a que llegase un médico en una avioneta. Bebiendo whisky porque no tenía analgésicos y tomando diazepam de uso veterinario. Tenía 29 años. «Fue el momento decisivo de mi vida. Yo había estado dando tumbos, pero me dije que, si sobrevivía, quería continuar el trabajo de George: rescatar animales salvajes y reintroducirlos en su hábitat. Y eso sigo haciendo hoy, con 75 años».

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