Carlos Manuel Sánchez
Miércoles, 1 de abril 2026, 10:58
Imagina un tiburón de casi siete metros nadando ahora mismo por las aguas heladas del Ártico y que ya estaba vivo cuando se publicó el ... Quijote. No es ciencia ficción. Es el tiburón de Groenlandia, el vertebrado más longevo del planeta: puede vivir más de 400 años.
Durante décadas, los biólogos sospecharon que estos animales tenían una vida extraordinariamente larga. Crecen despacio, apenas unos centímetros cada varios años, lo que sugería longevidad extrema. Pero hasta 2016 no pudieron demos-trarlo. Un equipo de la Universidad de Copenhague ha usado ahora datación por carbono-14 en los cristalinos de sus ojos —la parte transparente que enfoca la luz— para calcular su edad. El truco está en que el cristalino se forma al nacer y va añadiendo capas como los anillos de un árbol, pero el núcleo central nunca cambia ni se regenera. El carbono-14 del ambiente queda atrapado ahí para siempre, como una cápsula del tiempo química. El resultado: al menos 272 años de esperanza de vida. El ejemplar más grande que analizaron, una hembra de más de cinco metros, superaba los 400 años.
Otro dato sorprendente es que estos tiburones no alcanzan la madurez sexual hasta los 150 años. Década arriba, década abajo. Eso los convierte en una de las especies más vulnerables del océano: si un tiburón de Groenlandia muere antes de cumplir un siglo y medio, muere virgen. Y muchos acaban como captura accidental en las redes pesqueras del Atlántico Norte.
«Son depredadores alfa en el ecosistema ártico, pero su papel está ignorado», explica Julius Nielsen, autor principal del estudio publicado en la revista Science. «Espero que nuestras investigaciones ayuden a poner el foco sobre ellos».
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Hay quien le hace competencia al tiburón en longevidad. Las almejas de Islandia pueden superarlos 500 años: algunas nacieron cuando Colón llegaba a América. Ciertas secuoyas de California tienen más de 3000 años, es decir, son contemporáneas de los faraones egipcios. Y la medusa Turritopsis dohrnii es técnicamente inmortal: cuando envejece, revierte a su estado juvenil y vuelve a empezar.
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