El hombre que dibujó (mal) el mundo
Pasó hambre de niño, quedó huérfano, se salvó de la hoguera y se codeó con los genios de su tiempo. ¿Quién fue Gerardus Mercator, el cartógrafo por cuya 'culpa' llevamos 500 años viendo el mundo distorsionado?
Madrid
¿Quién no tiene en la cabeza aquel mapamundi con el que aprendimos en el cole a colocar los países? Esa representación que sitúa con ... similares hechuras Europa y América del Sur salió de la mente del cartógrafo y matemático Gerardus Mercator en 1569, y en estos casi cinco siglos es el que ha configurado nuestra imagen mental del planeta, convirtiendo ese mapa distorsionado en una especie de credo geográfico. Aunque los expertos llevan décadas invalidando la llamada 'proyección Mercator', no ha sido hasta el pasado día 4 de septiembre cuando la Asamblea General de la ONU aprobó un mapamundi (el proyectado en 2018 por Equal Earth) más acorde a las dimensiones reales de países y continentes y definitivamente mucho menos eurocéntrico.
No es que Mercator intentara engañar a nadie: quiso ayudar a los marinos a navegar por mares y océanos y 'falló' al plasmar en una superficie plana un planeta esférico. Aun así se le ha considerado el padre de la cartografía moderna. Pero mucho antes de dibujar el mundo, Mercator pasó hambre, fue perseguido por hereje, se salvó de morir quemado vivo y se codeó con los grandes matemáticos de su tiempo.
Gerardus nació el 5 de marzo de 1512 en Rupelmonde (Flandes) bajo el apellido Kramer (en alemán 'mercader'), que más tarde latinizó en Mercator. Era el séptimo hijo de una familia de campesinos pobres, tan humildes que los nueve se alimentaban de pan y poco más. El chaval era el más espabilado de todos los hermanos, y un tío cura, Gisbert (que se convirtió en su tutor tras la temprana muerte de sus padres), vio en él talento, inteligencia y posibilidades de labrarse un prometedor futuro.
Gisbert lo envió a estudiar fuera y en 1530 ingresó en la prestigiosa Universidad de Lovaina, donde estudió Filosofía y Humanidades. Más tarde, en un monasterio franciscano un fraile cartógrafo le enseñó por primera vez un mapa. Allí estaba la estructura del mundo, contenía matemáticas, filosofía y exploración, y Mercator supo entonces que había encontrado su vocación.
Regresó a Lovaina y, bajo el magisterio de Regnier Gemma Frisius, quizá el más famoso astrónomo y matemático neerlandés de su época, aprendió a construir globos terráqueos y a elaborar mapas (el primero, en 1537, el de Palestina, donde describe geográficamente la región de Tierra Santa y la ruta del Éxodo de los hebreos), al tiempo que crecían sus dudas sobre la versión católica del origen del universo.
Eso y sus simpatías por el protestantismo acabaron situándolo en el punto de mira de la Inquisición, que lo encarceló en 1544 junto a otros 43 ciudadanos acusados de herejía. La mayoría fueron decapitados o quemados vivos. Gerardus se salvó de la hoguera gracias a la intercesión de la Universidad de Lovaina. Tras quedar libre, se instaló en Duisburgo (Alemania), un territorio más tolerante que Flandes.
Allí montó un taller de cartografía con la obsesión de representar la superficie esférica de la Tierra en una hoja plana para ayudar a los marineros a trazar rutas de navegación en línea recta. Así elaboró en 1569 un gran 'atlas' (él dio al término esta acepción cartógrafica) de dos metros de largo, una proyección que distorsiona el tamaño de las masas de tierra a medida que se alejan del Ecuador hacia los polos.
En el mapamundi de Mercator, por ejemplo, Groenlandia y África parecen tener un tamaño similar. En la realidad, África es 14 veces más grande que Groenlandia, como refleja el mapa diseñado por Equal Earth en 2018 y que ha aprobado la ONU. Algo similar ocurre con Europa y Sudamérica: el continente europeo parece enorme y comparable a Sudamérica, pero este territorio es casi el doble de grande que toda Europa, unos 18 millones de kilómetros cuadrados frente a unos 10,5.
Mercator estuvo casado 50 años con la misma mujer y tuvieron seis hijos. Al enviudar, con 74 años, se volvió a casar... con su consuegra. Y, tras cierto revuelo por enamorarse de la suegra de uno de sus hijos, fue con ella feliz hasta su muerte el 2 de diciembre de 1594 a los 82 años en Duisburgo. El viejo cartógrafo se marchó de esta vida sin saber, claro, que durante los siglos venideros ese mapa que creó con ánimo de ayudar a los navegantes acabaría colgado en las aulas de todo el mundo, contribuyendo involuntariamente a 'ver' un hemisferio norte grande e importante y otro, el del sur, más pequeño y secundario.
España, más grande
En su mapa, por cierto, España, situada relativamente lejos del Ecuador, tampoco escapa a esa deformación 'a lo grande' del continente europeo. Nuestro país aparece notablemente sobredimensionado en la proyección de Mercator. En la latitud donde está la Península Ibérica, las superficies representadas son alrededor de un 70% mayores que las reales debido a la dilatación que experimentan los territorios a medida que se alejan del Ecuador. Frente a ese 70%, las Islas Canarias se amplían 'solo' en torno a un 28%, precisamente por su mayor proximidad al Ecuador.
Sin embargo, el cartógrafo Juan José Alonso Gamo (Madrid, 50 años), técnico del Atlas Nacional de España del Instituto Geográfico Nacional (IGN), subraya que la proyección de Mercator mantiene «bastante fielmente» la forma del territorio español (salvo un ligero ensanchamiento en el norte de la península), una característica que «es una consecuencia lógica, ya que el cartógrafo flamenco quería mostrar la forma exacta de los territorios para no perderse en el mar».
El mapa de Mercator distorsiona las áreas más cercanas a los Polos; por eso países como Noruega o Suecia, más pequeños que España, parecen mayores
La distorsión se hace especialmente evidente al comparar España con países como Noruega o Suecia, que parecen mayores pese a tener menos superficie, por el aumento de tamaño que experimentan los territorios en el mapa de Mercator a medida que se ubican más lejos del Ecuador y se acercan a los Polos. Alonso insiste en que esto no convierte el mapa de Mercator en un mapa incorrecto. «Mercator no dibujó mal el mundo, lo hizo bien de acuerdo con sus objetivos. Su objetivo principal era representar los rumbos de navegación como líneas rectas, por lo que su mapa resulta adecuado para orientarse en el mar, pero no para comparar dimensiones. El mal uso, por el motivo que fuese, incluida la inercia, fue posterior por quienes seleccionaron esa proyección para otros fines», reflexiona Alonso.
Más fácil de leer
El técnico del IGN sostiene que el uso escolar del mapa de Mercator durante tantos años podría obedecer sencillamente a que dispone de más espacio y facilita la colocación y lectura de los textos. También influye la escasa familiaridad con otros mapas. «Si vemos un atlas del mundo en proyección de Goode (un mapa desarrollado en 1923 por el geógrafo John Paul Goode que se asemeja a la cáscara aplanada de una naranja) podemos sentirnos extrañados de ver los océanos cortados, sin embargo mantiene los valores de las superficies y obtiene mejores formas para los territorios. Pero que un mapa se lea mejor que otros o que parezca menos extraño no lo hace mejor. Un mapa es como una ventana por la que se mira al mundo real; tenemos que asomarnos a otra ventana si no vemos lo que queremos ver. Es decir, el lector del mapa debería saber qué mapa emplear según su objetivo, más que buscar 'el mapa correcto', se trata de escoger el adecuado para cada pregunta, sean estadísticas, vías de comunicación o distancia entre ciudades», señala Alonso.
El cartógrafo del Atlas Nacional de España en el IGN valora la elección de Equal Earth por parte de Naciones Unidas porque «hace que mejore la visión del mundo», pero, a su juicio, sigue sin ser universalmente perfecta y sin ser la única elección posible, y cita, entre otras proyecciones, la de Eckert IV, Winkel Tripel o Gott-Wagner. «De hecho», apunta Alonso, «si se empleasen más cualquiera de estas proyecciones, no solo Equal Earth, mejoraría la visualización de los territorios en relación a su tamaño. No obstante», añade el experto, «la declaración de la ONU es importante porque no solo se reconoce que han existido malas prácticas con determinados usos, sino que fomenta un cambio a mejor».