El coronel de Artillería Isidoro Cabanyes (Villanueva y Geltrú, 1843-San Lorenzo de El Escorial, 1915) fue un genio del siglo XIX. Patentó 250 inventos. Pero como nació en España... sus prototipos tuvieron una vida efímera. Hoy una de sus ideas, la torre solar, ha sido rescatada y está revolucionando la producción de energías renovables. Entre sus inventos destacan, además, el fotógeno (sistema de alumbrado por gas), una pila eléctrica, un tranvía de aire comprimido... También caviló sobre un rayo artificial que recuerda a La guerra de las galaxias de la era Reagan. Un motor eléctrico de 1500 caballos haría saltar una gran chispa. Serviría para controlar el estrecho de Gibraltar, atacando a los barcos mediante rayos emitidos desde un electrodo en Ceuta y otro en la península. Pero fue la torre o chimenea solar (1902) la idea que continúa inspirando a los científicos.
Se trata de un gigantesco tubo en el que se instalan varias hélices. La diferencia térmica entre la parte superior e inferior de la torre ... genera corrientes ascendentes que mueven unas aspas y producen energía. Estas torres combinan la energía solar, la eólica y la geotérmica y se han instalado en los Estados Unidos o Australia, sobre todo en zonas desérticas. Hay proyectos en China, Abu Dabi..., y Abengoa dispone de torres que recuerdan a la de Cabanyes en Sevilla. Por lo menos el coronel ya es profeta en su tierra. El Ministerio de Economía y Competitividad le ha dedicado una monografía.
Combina varias tecnologías: solar, térmica, eólica y geotérmica. En la base se almacena la energía solar, el aire asciende y, al hacerlo, mueve unas hélices que generan energía. Cuanto más altas son las torres, más energía producen. Se están instalando sobre todo en terrenos desérticos. Ya hay en Chile, Australia y los Estados Unidos y se proyectan en Abu Dabi.
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Cabanyes ideó un aeroplano semejante a una cometa pilotada. Con viento suficiente podía volar y maniobrar. Tenía hélices, un timón y persianas para regular el paso del aire. Perfeccionó el diseño, dotándolo de un barquillo para tres tripulantes, propulsión mediante gases de combustión de cartuchos de pólvora y un casquete de seda del Japón.
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En 1885 Isidoro Cabanyes presentó, con Miguel Bonet, un proyecto de sumergible eléctrico armado con torpedos, pero la burocracia y la competencia con el submarino de Isaac Peral –casi simultáneo y avalado por el Ministerio de Marina– truncaron sus posibilidades y no se llegó a construir.
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