Juan José Serrano retrató el avance franquista por Andalucía en la Guerra Civil. Disparaba a todo, con crudeza. Así capturó, en julio de 1936, ... el dolor de estas mujeres de Triana llorando a sus muertos.
Agustí Centelles captó esta imagen el 19 de julio de 1936. Tenía 27 años y no dudó en lanzarse a la calle para capturar los combates. Fue pionero en el uso de la cámara Leica, dando a sus fotos un dinamismo inédito hasta entonces.
José María Díaz Casariego tenía 20 años cuando cubrió la guerra de Marruecos. Lo hizo, como se ve en esta foto de octubre de 1921, desde la trinchera. Jefe gráfico de ABC, abandonó el heroísmo bélico para mostrar las penalidades del combate.
Gervasio Sánchez, de 51 años y Premio Nacional de Fotografía, es un fotógrafo comprometido que pone sus imágenes al servicio de desaparecidos o de víctimas de minas. En 2000, en Sierra Leona, estos chicos sonrieron así ante su cámara.
Las fotos de Enric Martí, catalán de 52 años y con tres World Press Photo en su haber, son de las que sintetizan el horror de un conflicto. Como esta, tomada en octubre de 1998, en Kosovo, en el velatorio de un imberbe soldado albanés
José Cendón, gallego de 36 años, secuestrado hace tres por piratas somalíes y ganador del World Press Photo, retrata a diario la violencia cruel y extrema del continente olvidado. En marzo de 2008 viajó a las Comoras, en el Índico, a cubrir una cruenta rebelión. Allí inmortalizó a este hombre, cuya casa había sido alcanzada por tres misiles.
Álvaro Ybarra Zavala, de Bilbao, apenas tiene 32 años, pero conoce como pocos los horrores de la guerra. Recorre los conflictos del planeta y publica sus imágenes en Time, TheSunday Times Magazine y XlSemanal, entre otras revistas. En 2008 consiguió que este soldado congoleño posara para él mostrando sus preciados trofeos: la mano y los genitales recién mutilados a un rebelde.
Bajo el nombre de Hermanos Mayo, cinco fotoperiodistas se reunieron en los años 30 bajo un principio ineludible: transmitir la verdad de la guerra. Capturaron batallas y ofensivas, pero también el sufrimiento en Barcelona, Valencia y Madrid. Un buen ejemplo es esta niña herida ante los restos de su casa, en el barrio madrileño de Tetuán, en diciembre de 1936.
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