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MI HERMOSA LAVANDERÍA

Mira que está lejos Japón...

Isabel Coixet

Isabel Coixet

Hoy sólo me han preguntado ocho veces por qué me gusta tanto Japón y, aunque durante mi actual visita he visto mayoritariamente a personas japonesas, ... no hay gaijin ('extranjero') que se resista a preguntármelo. Para abreviar y no entrar en detalles que me llevarían demasiada energía y explicaciones, no dudo en recurrir a los tópicos: la literatura (los dos Murakami, Ryu y Haruki; Yasunari Kawabata, Mishima, Kenzaburo Oe, Yoko Ogawa, Banana Yoshimoto...); la comida, el kabuki, el butoh, el sake, el shochu, el shiso, el yuzu, los templos, la moda (Limi Feu, Tsumori Chisato, Yohji Yamamoto, Rei Kawakubo, Junya Watanabe); el cine (Kurosawa, Oshima, Koreeda, Naomi Kawase)... Con unos cuantos nombres, pronunciados rápidamente para que la pronunciación parezca mejor de lo que es, mis interlocutores se quedan tranquilos y yo puedo ahorrarme hablar a desconocidos, que normalmente lo único que quieren es que les recomiende un par de restaurantes donde se coma buen sushi, de las cosas que, además de la retahíla de nombres citados, siento cercanas a mi corazón de este país, al que siempre regreso, bien sea para pasear o, como en este caso, para trabajar. Confieso que me molestan sobremanera los comentarios del tipo «qué país más raro», «los japoneses no son como nosotros» o «qué cansancio tanta reverencia»: los comentarios que sólo revelan una cerrazón irracional que está en la base de todos los prejuicios del mundo y que contribuyen a hacer de este un lugar más aburrido y estúpido, al que cada vez cuesta más pertenecer sin sentir un acendrado sentimiento de vergüenza.

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