Viernes, 26 de Julio 2024, 10:50h
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En algún pasaje de su libro Ortodoxia, Chesterton observa que las objeciones que se le hacen al cristianismo son contradictorias entre sí: mientras unos lo consideran una religión triste y pesimista, otros lo repudian por su optimismo desaforado; mientras unos abominan de él por su violencia airada, otros lo desestiman por su pacifismo bobalicón; mientras unos lo consideran demasiado elaborado intelectualmente, otros se burlan de él por ponerse al nivel de los idiotas. Una religión que concita críticas tan contradictorias –concluye Chesterton–, en caso de tratarse de un error, debe ser un error craso, monstruoso, mastodóntico; o, por el contrario, ser la piedra de toque en la que todos los errores concebibles por el ser humano se tropiezan, como ante una pared inconmovible.
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