Animales de compañía

Planetización humana

Viernes, 6 de junio 2025, 10:07

Como tengo fama de tecnófobo o ludita, son muchas las personas que me cantan las loas de la inteligencia artificial, como si quisieran tentarme. Pero tratar de tentarme a mí –un tipo que escribe a mano novelas de mil seiscientas páginas– con novedades tecnológicas es como tratar de tentar al marqués de Bradomín con el amor de los efebos.

La inteligencia artificial, a la postre, pretende que todo el mundo piense lo mismo

En realidad, como cualquier persona curiosa, he probado a hacer muchas preguntas a la inteligencia artificial; y sus respuestas siempre me han parecido mansuetas y ... consabidas, una farfolla pálidamente erudita, pálidamente tópica, pálidamente progresista; además, he descubierto que, bajo su apariencia atildadita e irreprochable, la inteligencia artificial desliza muchos errores y hasta citas apócrifas (y lo hace, evidentemente, porque ha sido programada para hacerlo). Escribía Marcuse en El hombre unidimensional que «la tecnología sirve para instituir formas de control y de cohesión social que resulten más efectivas y agradables». Y, oponiéndose a esa resobada y camastrona sentencia que afirma que «la tecnología es neutral», afirmaba que «la sociedad tecnológica es un sistema de dominación» cuyo fin último no es otro sino «determinar la vida» de la gente.

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Escritor y premio Planeta en 1997

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