Animales de compañía

Fútbol y racismo

Viernes, 2 de junio 2023, 09:15

Sólo una vez en mi vida he acudido a un estadio para ver un partido de fútbol, allá en la juventud. Fue en San Mamés, donde el equipo de mis entretelas se enfrentaba al Real Madrid, que entonces (como ahora) era el equipo todopoderoso al que todos sus rivales anhelaban derrotar. Recuerdo que cada vez que tocaba el balón Míchel, que entonces era el futbolista de moda, el pedrisco de vituperios, dicterios e improperios que se desataba en las gradas era aturdidor; y de una virulencia y sordidez en verdad insoportables. El pimpolludo Míchel no era negro ni feo; y, sin embargo, despertaba en las gradas el mismo aborrecimiento que hoy despierta Vinicius, al que nuestra época ha encumbrado como protomártir del ‘delito de odio’. ¿Por qué?

Por la sencilla razón de que, allá donde se extiende el veneno de la intoxicación gregaria, nos precipitamos hacia el nivel de lo infrahumano. Allá ... donde se junta una masa excitada, el hombre se entrega a las pasiones más sórdidas, anulando su conciencia personal y fundiéndola en una suerte de irracionalidad colectiva que disfruta vejando y execrando a quien comete el error de cruzarse en su camino. Al sumarse a la masa, el hombre se deja arrastrar hacia un territorio infrahumano donde no existen responsabilidad personal ni discernimiento de juicio, sino tan sólo una confusa enajenación más euforizante que la provocada por las drogas. A este fenómeno lo hemos denominado ‘cretinización de las masas’: consiste en convertir a las personas en una chusma que dimite de sus facultades racionales y hasta del libre albedrío, para caer en un estado de enardecimiento y exacerbación capaz de perpetrar cualquier desmán, por irracional o perverso que sea, desde insultar soezmente a un futbolista hasta votar bobaliconamente a un demagogo. Esta ‘cretinización de las masas’ es el paisaje más frecuente de los estadios deportivos, pero también la piedra angular sobre la que se sostiene la partitocracia reinante.

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Escritor y premio Planeta en 1997

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