Viernes, 16 de Agosto 2024, 09:48h
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Se supone que el alma de la democracia, entendida como fundamento de Gobierno, es el sufragio universal, convertido en única fuente de legitimidad. En cualquier régimen democrático moderno que se precie, el voto es la más genuina expresión de la soberanía: «Un hombre, un voto», suele aducirse, como si así estuviese zanjada la discusión. Ante la urna, el pueblo decide; y lo que decide va a misa (o siquiera a una misa negra). Pero… ¿de veras esto es cierto?
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