Animales de compañía

Ciegos guiando a ciegos

Viernes, 10 de enero 2025, 09:44

Cuando nos asomamos a cualquier crepúsculo de la Historia, descubrimos una serie de fenómenos comunes. Tal vez el más repetido sea la penosa presencia de élites desfasadas, empeñadas en aferrarse a un pasado que ya no existe (y tal vez nunca existió), incapaces de interpretar el signo de los tiempos, ancladas en visiones y actitudes obsoletas (por venalidad a veces, otras veces por cobardía o camastronería) que les impiden entender lo que está sucediendo en derredor. También en este crepúsculo de la Historia aquellas personas a quienes presuponemos clarividencia se han quedado ciegas, están por completo ofuscadas y se empeñan en afrontar los problemas de nuestro tiempo con criterios y parámetros completamente caducos. Son ciegos guiando a otros ciegos; y, como nos enseña el Evangelio, «si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».

Los juicios sobre la realidad de este periodismo son miopes y sólo contribuyen a crear un público borreguil y desorientado

Se percibe esta deriva desastrosa en muy diversos ámbitos. En la Iglesia católica, por ejemplo, resulta dolorosa de tan evidente. A Francisco sus detractores se ... empeñan en pintarlo como un rojo desorejado; pero el problema de Francisco no es que sea rojo (ojalá lo fuese más, siquiera para acabar con cierto fariseísmo conservador), sino que vive en la cárcel mental vaticanosegundona, que impone que la Iglesia debe 'abrirse' al mundo. Estas 'aperturas' ya se probaron por completo erróneas hace tiempo; y una Iglesia dando la matraca con el cambio climático, u organizando 'sínodos sobre la sinodalidad' por dárselas de democrática, no interesa a nadie, es la sal que se ha vuelto sosa. Tal vez en épocas pretéritas esta actitud resultase atractiva o siquiera sugestiva (lo dudo, incluso más bien creo que fue la causante de la defección de muchos millones de creyentes); pero hoy resulta por completo grotesca, y sólo causa hastío y desinterés, amén de alipori (y muchas risas condescendientes y taimadas entre sus enemigos, que por supuesto la aplauden). Pues, hoy en día, cualquier persona con inquietudes religiosas está en pugna con el degradante espíritu de nuestra época; y, al acercarse a la Iglesia, busca una experiencia espiritual exigente e intensa. Pero, si se topa con un popurrí que trata de asimilarse con el espíritu de la época, regurgitando ocurrencias vaticanosegundonas que no interesan a nadie, sale inevitablemente desencantada.

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Escritor y premio Planeta en 1997

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