Animales de compañía

Libertad de expresión

Viernes, 1 de agosto 2025, 10:36

Las ideologías modernas, como están fundamentadas en conceptos por completo erróneos, convierten nuestra vida intelectual y moral en un completo despropósito, pues la obligan a guiarse por las distorsiones cognitivas más graves y delirantes. Para ilustrar este aserto, quisiera referirme a un debate completamente desquiciado que se suscitó recientemente, en torno a una reforma del reglamento del Congreso que impide el acceso al antro a ciertos reporteros muy combativos que hacen preguntas incómodas. En el ámbito progresista, donde tales reporteros levantan sarpullidos, tal reforma fue en general aplaudida con fervor democrático; pero hubo algunas voces disidentes que se atrevieron a señalar que, si bien lo que tales reporteros preguntaban a los diputados era improcedente, debía defenderse su libertad de expresión, pues en el futuro esa reforma del reglamento del Congreso podría aplicarse también a reporteros progresistas. De inmediato, muchos comentaristas conservadores y liberales echaron su cuarto a espadas en el debate, sumándose ancilarmente a la tesis del progresismo disidente.

Tiene que ser responsable y guiada por la razón en su búsqueda de la verdad

Tanto los progresistas disidentes como los conservadores y liberales que han defendido la 'libertad de expresión' de estos reporteros lo han hecho desde la convicción – ... tan engreída como condescendiente– de que son una chusma con la que no desean mezclarse, porque defienden posturas ideológicas que se les antojan abyectas. Pero, aun considerando que estos reporteros desbarran, defienden que puedan seguir ejerciendo su trabajo, para que el día de mañana no les ocurra a ellos lo mismo, si la mayoría parlamentaria cambia de signo (o sin cambiar siquiera, pues siempre el autoritarismo se envalentona cuando nadie le para los pies, y expande sus ansias represivas). Sin embargo, al considerar que sus opiniones pueden correr la misma suerte que las opiniones de estos reporteros, están implícitamente reconociendo que son opiniones de la misma naturaleza. Y puesto que consideran que las opiniones de esos reporteros son abyectas, están reconociendo que las suyas también lo son. A nadie que ofrece en el mercado viandas sanas y frescas le parecería bien que otros puedan ofrecer, en libre competencia, viandas podridas o envenenadas. Sólo a quien ofrece viandas podridas o envenenadas le conviene que haya otros que vendan idénticas bazofias, para que las suyas pasen inadvertidas.

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Escritor y premio Planeta en 1997

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