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Mi hermosa lavandería

Teloneros

Isabel Coixet

Viernes, 28 de Abril 2023, 09:49h

Tiempo de lectura: 3 min

Ahí están en el escenario dándolo todo, ajenos al público indiferente que no ha pagado por verlos a ellos, sino a otros, los cabeza de cartel. Confieso que el entusiasmo y la inquebrantable voluntad con que los teloneros salen a tocar, como si no percibieran el desinterés del público, me produce algo entre la admiración y la vergüenza ajena. Me gustaría poseer ese arrojo, ese «da igual que no nos conozcan, nos van a escuchar quieran o no». No lo tengo. Soy la clase de telonero que intentaría pasar el trago pidiendo perdón por estar en el escenario y hasta intentaría devolverles el dinero a los que han venido. Y la clase de espectador que sobreactúa aplaudiendo a los teloneros, me gusten o no. Afortunadamente para la música y la humanidad, las posibilidades de que me contraten para servir de aperitivo a Metallica o a Harry Styles son nulas. Recuerdo un concierto en Buenos Aires de Guns N' Roses en el que el público empezó a lanzar botellas de cerveza a los teloneros, un grupo que luego, años después, se hizo muy popular. Verlos en escena, resistiendo la lluvia de objetos e insultos, desafiantes y energéticos, es algo que nunca olvidaré. Los teloneros de hoy pueden ser las estrellas de mañana. Nunca se está demasiado alto para no caer. Probablemente, los Guns N' Roses nunca imaginaron en ese momento que en pocos años la tortilla fuera a dar la vuelta.

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