Mi hermosa lavandería
Los niños de Minab
«Dentro de poco, esto será tan sólo el argumento de una serie de Netflix o una película conun Brad Pitt sudoroso y angustiado intentando, sin éxito, impedir la masacre mientras una música dramática sube el tono».
El 28 de febrero de este año, una serie de misiles Tomahawk del ejército norteamericano destruyó la escuela Shajareh Tayyebeh en la ciudad iraní de ... Minab, asesinando a 150 personas, entre ellas 123 niños. He mencionado en un artículo anterior este mismo hecho y reconozco mi obsesión con él: sigo recopilando información acerca de qué pasó, quién dio la orden y por qué.
Los ataques arrasaron la escuela de dos plantas, construida en unos terrenos que habían formado parte de un complejo militar en la localidad de Minab, al sur de Irán. Por el número de víctimas infantiles, se trata del error de identificación de objetivos más mortífero cometido por el ejército estadounidense en el siglo XXI. Investigadores de las Naciones Unidas han afirmado que existen motivos razonables para concluir que el ataque contra Minab y otro ataque estadounidense ocurrido ese mismo día constituían crímenes de guerra.
Nada de todo esto nos puede sorprender y, sin embargo, hay una nueva información que hiela la sangre más allá incluso del dolor por la pérdida de vidas inocentes: en entrevistas, funcionarios directamente implicados en una investigación interna del Pentágono (esta información aparece en Bloomberg, y también The Guardian se ha hecho eco de ella) afirman que el ataque no fue consecuencia de una única decisión catastrófica, sino de «una acumulación de decisiones menores», y el examen realizado ha identificado una serie de oportunidades desaprovechadas para impedir el desastre (los funcionarios han pedido no ser identificados).
En los últimos días de febrero, la administración Trump exigió una ofensiva aérea abrumadora. Según los funcionarios, aquella orden generó una urgencia que –combinada con las lagunas en la información de base sobre el lugar, los recortes de personal dedicado a la protección de civiles y una dependencia excesiva de la tecnología de inteligencia artificial– preparó el terreno para el error mortal.
Aunque años antes el lugar en Minab había sido identificado como un complejo militar, había pruebas claras de que había sido modificado y había cambiado de función, dijeron los funcionarios. Las alteraciones físicas correspondientes a nuevas construcciones –visibles en imágenes por satélite– se remontaban a casi una década atrás, y el recinto funcionaba desde hacía nueve años como escuela pública. Lo que nos están diciendo es que, antes de enviar los malditos Tomahawks o como se llamen, a nadie se le ocurrió mirar en Google Maps si esa construcción seguía siendo un cuartel o era un lugar de apuestas deportivas, un supermercado o una escuela.
Y lo que es peor: aun no sabiendo que era en la actualidad una escuela, dado que los sistemas de IA con que cuenta el ejército no estaban actualizados, el ataque se llevó a cabo a pesar de que varios miembros del ejército que conocían el terreno insistían en que era una escuela.
Dentro de poco, esto será tan sólo el argumento de una serie de Netflix o una película con un Brad Pitt sudoroso y angustiado intentando, sin éxito, impedir la masacre mientras una música dramática sube el tono, mezclada con el ominoso sonido de los misiles que se acercan.
Siempre fue demasiado tarde para los niños de Minab.