No le gusta su nombre y se ríe de su nombre. «Si a mí nunca me duele nada».
Pero no quiere que la llamen Loli ni Lola ni Lolita porque no ve la relación que tienen los dos nombres, y si sus padres ... la hubieran llamado Lola, pues Lola sería. Pero es Dolores. Hacía meses que no la veía, desde antes del verano. Nos sentamos en una terraza del pueblo a tomar un vino, ella se toma un vermut. «Te lo digo antes de que te lo digan, que ya sé que te lo van a decir, que tengo cáncer». Y se ríe. Y le da un sorbo al vermut. «Y eso, cómo, qué, cuándo, dónde». «De pecho, parece que gordo». Y se vuelve a reír y creo que se ríe más al ver mi cara reaccionando a su risa.
«Ayer me dieron cuatro horas de 'quimio'». «¿¿Qué?? ¿Y estás bien, te encuentras bien?». «Cansada, pero bien; me han dicho que igual mañana estoy chunga, oye, qué horror el vermut, me sabe raro». Enciende un cigarro. Le voy a decir que no fume, pero me aguanto porque le da una calada y lo apaga, también le sabe raro. «¿Y si me rapo el pelo antes de que se me caiga? Eso salía en una película tuya, ¿no?». Tiene una melena castaña brillante y frondosa. Me la imagino por un momento una mañana mirando un mechón de pelo reluciente en la almohada y tocándose la cabeza en la que ya se empiezan a ver claros importantes. No sé si decirle que se lo corte o que igual a ella no se le cae, a veces no se cae, depende del organismo; a veces se vuelve gris en un día.
«Tengo un gen de esos malos, así que tendrán que hacerme la doble mastectomía, bueno, eso parece... y... en fin, que voy a ir viendo pelucas». Ya no se ríe, no se termina el vermut. Se va a comprar el pan, «nos vemos mañana», dice. Pero al día siguiente no está para salir de casa. Hablamos por teléfono. «Es como si mi cuerpo quisiera expulsar toda la mierda esa que me metieron dentro, por la boca, por la piel, por las uñas, por todos lados...». «Descansa –digo–, ponte una peli, no pienses, ¿te llevo algo?». «No, no necesito nada, bueno, despertarme y que todo esto sea un mal sueño».
En la plaza del pueblo, me encuentro con una amiga suya: «La voy a reñir a Dolores, es que no se cuida, está siempre ayudando a todo el mundo, tiene que dejar de trabajar ¡¡¡y de fumar!!!». «No la riñas, mujer, que es peor, creo yo...». La amiga está angustiada, más que Dolores. La veo a los dos días, se encuentra mejor, hasta se ríe. «Qué alivio que esa sensación tan horrible no esté ya, qué alivio». Dolores hace planes para Navidad, para Año Nuevo, para Reyes. Luego se para y dice: «Bueno, igual estoy fatal y no puedo ir a ningún sitio... pero yo los planes los hago por si acaso». Admiro su sentido pragmático, su vivacidad, su alegría. Admiro su energía y la manera que tiene de hablar del cáncer. Dice que cuando se lo dijeron repitió diez veces la palabra «para no tenerle tanto miedo». Dice que no se angustió, que lo aceptó enseguida y se puso a hacer planes. Las fiestas, las vacaciones, los viajes.
Que ya sabe que será un año «complicadito». Y yo no sé muy bien qué decirle, así que me levanto y le traigo un vermut, con una raja de limón, que he leído no sé dónde que el limón quita un poco el sabor metálico que deja en la boca la 'quimio'. Brindamos: «Salud». «Uy, 'salud' dice esta». Y se echa a reír.
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Articulista de Opinión
Isabel Coixet (Barcelona, 1960) es una cineasta española ganadora de varios Premios Goya
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