El bloc del cartero
Sexualidades
Hace tiempo que disponemos de indicios de que algo muy serio está fallando en la educación sexual de la población. No solo en las nuevas generaciones, porque no son exclusivos de ellas los comportamientos que causan o deberÃan causar fundada alarma. Plantea una lectora que la raÃz del mal, entre otras razones, podrÃa estar en la falta de consenso social sobre cómo, cuándo y dónde facilitar a las personas una pauta para esta dimensión de la condición humana, en la que no puede negarse al individuo la libertad de elección, pero donde esta no puede llegar al extremo de prescindir, por acción, omisión o ignorancia interesada, de los sentimientos y de la dignidad de los demás. No es asunto banal para el debate ni cuestión desdeñable para quienes aspiran a gobernarnos. Aunque prefieran dejarla desatendida.
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
"]
La ausencia llena de vacÃo
¿Sabes? Tu foto la tengo encima de mi mesita. Cada dÃa, antes de irme a dormir, ... te miro un rato. Creo que en ella tenÃas 20 o 21 años, no lo recuerdo bien. Aún estabas acabando la carrera de Magisterio. Recuerdo que estabas muy ilusionada con las prácticas que ibas a realizar en un colegio de las afueras de Barcelona. Recuerdo que me hablabas sobre las teorÃas de la educación y la pedagogÃa de Aristóteles, de Piaget, de Vygotsky, de Celentin Freinet, de Paulo Freire y yo qué sé quiénes más. Y yo te escuchaba con embeleso. Recuerdo que cuando volviste de tu práctica en el Centro estabas muy triste porque te habÃa ido fatal: te habÃa tocado una clase muy difÃcil, con niños procedentes de familias desestructuradas y pensabas que no valÃas como profesora y lo querÃas dejar y yo trataba de darte ánimos. Te decÃa que no te rindieras tan pronto, que todo requiere un aprendizaje. ¡Ay! Paso revista a la reluciente piel de tu cara, a tus grandes y negros ojos, a tu limpia mirada, a tu largo y sedoso pelo, a la boca que tanto besé, a la redondez de tu nariz y vuelvo a sentir aquellas ganas de protegerte. Estaba tan enamorado que me hubiera enfrentado a un elefante por salvarte. Cuando te fuiste después de tu larga enfermedad, me dejaste un agujero tan dentro de mà que ni siquiera la montaña era capaz de llenarlo. Tu ausencia llenó de vacÃo lo que solo tú completabas... En fin, buenas noches, mi amor, que duermas bien.
Venancio RodrÃguez Sanz. Zaragoza
Los muchos ignorados
Vivir es sentir, respirar, aspirar, desear; sin vida, no hay existencia. Todos, al nacer, vamos escribiendo nuestra propia historia. Los menos la publican a través de las bibliografÃas. La mayorÃa, mediante nuestras acciones cotidianas, que no son grandes gestas históricas, pero sin las cuales el mundo no tendrÃa una mÃnima estabilidad. Los hechos diarios de los cuidados y educación a las personas nunca han formado parte de los grandes descubrimientos. Sin personas, los hechos históricos no cabrÃan, sin ellas no existirÃan los grandes personajes de la historia. En cualquier actividad, sea polÃtica, económica o social, siempre se habla de los lÃderes, y en muy pocas ocasiones de los equipos que lo conforman. La base de la sociedad siempre ha sido ignorada en la historia. Por ejemplo, un edificio ha sido diseñado por el arquitecto X, sin mencionar a los obreros que lo construyeron. Solo las muertes en los campos de batalla recuerdan los nombres de los soldados que cayeron en el frente. A veces hay que recordar que detrás de toda innovación, descubrimiento, avance social... hay muchas personas que han contribuido para que el logro se materializase. Unos pocos se llevan el mérito, y muchos son ignorados. Vaya por ellos el agradecimiento que la historia nunca les reconocerá. Hoy tenemos medios tecnológicos para que sus rostros formen parte de la historia.
Pedro MarÃn Usón. Zaragoza
Sobre educación sexual
Son varias las voces que, de tanto en tanto, se alzan en la sociedad diciendo que a los niños hay que 'darles' educación sexual. Y tienen razón, porque la sexualidad es una dimensión fundamental en la formación humana integral. Sin embargo, antes mejor que después, es fundamental que las partes implicadas e interesadas (familia y agentes sociales de educación) hablen, dialoguen, debatan hasta conseguir un acuerdo o pacto sobre los dos pilares básicos: qué se entiende por educación y por sexualidad humana. Y este consenso ideal deberÃa dejar claro quién tiene que educar: es decir, los agentes y responsables; en qué momento del arco evolutivo: es decir, cuándo; qué dinámicas utilizar, modo de hacerlo; y qué transmitir según edades y circunstancias, el contenido. Hoy las posturas no son convergentes; mientras tanto, muchos niños y preadolescentes se entregan a la autoridad de las redes sociales que no son, ni mucho menos, el camino educativo.
MarÃa del Pilar Prieto. Madrid
«Para los jóvenes, rebosantes de fuerza y salud, borrachos de futuro e ilusiones, los viejos son, a modo de intrusos, fotos fijas de un pasado caduco. Mejor formados, apenas toleran a los viejos porque cada vez son más a la hora de votar»
Un vistazo a la vejez
La resistencia a aceptar la vejez, la propia y la que las personas no tan mayores ven en otros, se asocia al miedo y rechazo a la muerte. Los primeros entrevén que se cierne sobre ellas, y con los múltiples achaques la sienten crujir en sus carnes (sobre todo en sus huesos), mientras que los segundos rechazan el para ellos tan intempestivo como repulsivo aviso del inexorable final de la vida. Solo a los niños suelen caerles simpáticos los ancianos porque les recuerdan a sus abuelos y a algunos bonachones personajes de los cuentos. Para los jóvenes, rebosantes de fuerza y salud, borrachos de futuro e ilusiones, los viejos son, a modo de intrusos, fotos fijas de un pasado caduco. Para descalificar algo, lo califican de 'viejuno'. Ven en los ancianos seres mermados, si no parásitos sociales, pese a que en otros tiempos se los considerase sabios. Ellos, mejor formados e informados, apenas los toleran porque cada vez son más a la hora de votar. Eso sÃ, siempre que permanezcan convenientemente arrumbados y callados. Callados y arrumbados, solos, los mayores, sabedores de que no tienen futuro, miran al pasado (y, asimismo, al cielo por si llueve). Recuerdan el niño que fueron y el joven aquel que no tuvo tiempo ni ganas de anticipar lo que serÃa de viejo...
Carmelo Carrascal. San Sebastián
Pena en rojo
VeÃa la mueca en el rostro de mi madre. No oÃa su lamento de dolor, pero lo imaginaba. Con mis cascos seguÃa Acabo de llegar , de Fito, para intentar tocar su canción con la guitarra acústica. De repente, algo estalló en mi cerebro. Me vi en la terraza tras arrojarme desde lo alto de mi edificio. Ese loco deseo de autoliquidación pronto fue amortiguado por un salto de mi gatita, que se puso entre mis piernas. Recordé que, desde que empezó lo de mi madre, habÃa dejado de escribir. Esa tarde habÃa leÃdo algo sobre lo nuevo de Julio Llamazares ( Vagalume ), la necesidad de escribir, la dificultad de mostrar nuestra vida oculta y me habÃa fijado en una cita de Faulkner: «Entre la pena y la nada elijo la pena». ¿Qué sentÃa? Estaba al lÃmite. Tirar adelante o sucumbir. La gatita con otro salto obró, de golpe, el milagro. El boli se activó en mi mano y comenzó a fluir la congoja. Elijo la pena y en tinta roja. José RodrÃguez. Badajoz
Por qué la he premiado… Porque la vida es a veces la decisión difÃcil, pero también la única que permite contarlo.