El bloc del cartero
Pero
Como diría nuestro Miguel de Cervantes, es razón suficientemente averiguada que deberíamos prestarle más atención a esa conjunción adversativa. Cuántas veces, tras verse confrontado con lo que tiene ardua justificación, vemos que alguien recurre al comodín del 'pero' para que la indulgencia de quienes lo escuchan caiga propicia sobre su frente. Como nos recuerda un lector, lo hacen los niños desde su inocencia, cada vez que sus mayores les afean una travesura. Esto no deja de tener su gracia, incluso nos enternece, como todo lo que hacen los niños. Cuando el 'pero' lo esgrime, en cambio, una mente pueril que ya hace años dejó atrás la pubertad, el espectáculo resulta sórdido. Y más si se trata de un asesino de inocentes. Y más aún si alguien va y le ríe la gracia.
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titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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Almas errantes
Recientemente, he tenido que recuperarme de una operación de cadera en un centro de mayores. ... Una experiencia inolvidable, con menos luces que sombras: soledad, aburrimiento y enfermedad. He oído bastantes quejíos de mayores llamando a los cuidadores para que los ayuden a salir al exterior, a tomar el aire. En muchas horas el tiempo se hace eterno, y las personas mayores dan vueltas por los patios y pasillos como almas errantes que no saben dónde van ni dónde están y solo esperan la hora del almuerzo y de la cena. Los dolores de articulaciones, cuello, manos y pies los tienen postrados veinticuatro horas, pegados a un asiento con dos ruedas y nadie los consuela. Los centros de mayores necesitan 'facturar' mucho más amor, atención, consideración y paciencia. Así, nuestros mayores serían más felices, también sus familias y la sociedad.
Jesús Bustillo Martret. Sevilla
Ni pero ni pera
Cuando de niño yo hacía alguna 'trastada', mi madre me llamaba a capítulo y me preguntaba: «¿Has hecho tú esto?». Y yo buscaba escapatorias: «Es que fue sin querer... los otros también... sí, pero...». Entonces ella, dedo índice arriba, pronunciaba: «Ni pero ni pera». Aprendí a bajar la cabeza y esperar su sentencia, que yo estaba obligado a acatar. Debo decir que siempre era ese juez benevolente que aplica cada atenuante posible. La mayor 'trastada', creo, que puede realizar el ser humano es matar a otro ser humano. Y cuando uno mata a otro al que no conoce ni le ha causado mal es un asesino. Y si lo hace a quien no tiene opción de defensa (niños, ancianos) es un asesino deleznable. Así, con una sensibilidad mínima, deberían entenderlo todos los humanos. Y ni dogmatismos ni odios ni venganzas son 'peros' aceptables. Me gustaría glosar a Ortega y Gasset y que estas palabras 'miraran a los ojos' de políticos y comunicadores varios y les dijeran: «No es eso, no es eso». Pues eso.
Juan de Dios Molina Suárez. Almuñécar
Si te dicen que leí
Se ha puesto de moda entre los famosos mostrar sus espléndidas casas. Comparten mesa y mantel con sus invitados mientras hablan del vino, del asado que cocinó el anfitrión, de los planes que todos tienen para el futuro. Velada perfecta para los televidentes. Glamur y lujo. La cámara va enfocando las dependencias, los jarrones, las lámparas, las alfombras, los cuadros. Pero no hay librerías, no hay conocimiento ni ganas de saber. Los deportistas bajan de sus autobuses con cascos, auriculares y elementos de última gama. Ninguno con un libro al regreso de un viaje en avión. Qué sentido tendría. Ningún político recomienda en redes la primera obra de un autor desconocido. Eso no vende, no estimula, no hace ruido. No hagas caso, no lo tengas en cuenta y prefiero que me guardes el secreto si te dicen que leí.
Guillermo Delgado Ortega. Valladolid
Homenaje a un gran librero
«Leer es viajar cierra sus puertas…» Así empieza la despedida de Fernando, un gran librero y desde aquí quiero rendirle un homenaje por su gran profesionalidad. Siempre daba una información muy acertada para la próxima compra, además de una agradabilísima charla gracias a sus amplios conocimientos sobre libros. Somos muchos los que le echaremos de menos. Entre los motivos del cierre de su librería aduce el cambio de hábitos en la compra de libros. Siento una gran pena que estos cambios de hábitos nos vayan a privar de los espacios mágicos que son las librerías y de los buenos libreros. Los cambios debidos a otras formas de compra como la de los libros digitales deberían ser compatibles con las realizadas en las librerías porque tienen características diferentes, especialmente porque lo on-line no puede llegar a la experiencia personal que se vive en una librería. Desde mi punto de vista, los peores cambios de hábitos de compra son el descenso de tiempo que dedicamos a leer y, lo peor, la piratería, debida a veces a la ignorancia del daño que hace este hecho a todas las personas que intervienen en la vida de los libros desde autores a libreros. Fernando termina su despedida pidiendo que no dejemos de leer y yo añadiría que no abandonemos las librerías.
Isabel Carril Martínez. Madrid
La frágil porcelana
El pasado puente pude disfrutar con mi familia de unas pequeñas vacaciones y me he dado cuenta de que turismo y egoísmo comparten el mismo sufijo. En la fila para ir al servicio de la cafetería de un conocido monumento nacional, una camarera le dijo a otra: «Si no te hacen caso, grítales. Total, no los vas a volver a ver». Ahí es cuando me di cuenta de cuánto peligra ya la frágil porcelana del civismo, del respeto. Queremos llegar con el coche hasta la puerta de los sitios; pisoteamos hasta la última brizna de hierba —aunque esté prohibido— con tal de tener la foto perfecta; dejamos el entorno sucio de vasos, colillas y restos de envases de comida. Hacemos filas imposibles para no perdernos qué sé yo cuando hay mil sitios no descubiertos que enriquecen tanto o más que los senderos ya trazados. El turismo no debería ser una puerta al exterior, sino al interior de uno mismo. No se trata de modificar y masacrar el entorno, sino de volver nuevo, aprendido y renovado dejando todo sin mácula para que otros puedan descubrirlo en un futuro. Si esto no sucede, el viaje no habrá servido de nada. Como escribió Kavafis, Ítaca no puede enriquecerte si no lo has hecho ya por el camino.
Elena Mahave Ayala. Logroño (La Rioja)
La riqueza del tiempo
Escribía Kipling que debemos cuidarnos de preocuparnos en exceso por el dinero, la posición o la gloria: algún día conoceremos a alguien que no se preocupa por esas cosas y sabremos qué pobres somos. Entre las pobrezas no materiales de hoy, destacaría la falta de tiempo —para reflexionar, utilizar nuestra creatividad, relajarnos, holgazanear—, pero observo una aún mayor: imbuir en los niños la idea de que gran parte del día debe estar dedicado a cargas lectivas, deportivas, sociales… Así, ellos completan su jornada escolar y luego se cargan con otras obligaciones, como ven en sus padres. Y muchos llegan hasta la extenuación emocional. Tal vez deberíamos transmitirles de otro modo las palabras de Kipling, para que puedan reivindicar su tiempo: el de disfrutar, tan propio de la infancia. Tiempo de ocio, diversión, creatividad, juego, de estar en familia, de holgazanear y hasta de aburrirse. Este tiempo no volverá. Lo ansiaremos, pagaríamos por él; pero no volverá.
Alicia Hernando Rosado. Correo electrónico
Por qué la he premiado… Por recordarnos la sabia advertencia del añorado José Luis Sampedro: el tiempo no es oro porque vale mucho más que el oro, que no vale nada.