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El bloc del cartero

Pedro

Lorenzo Silva

Se llamaba Pedro Gil Pondal y asomó no pocas veces a estas páginas. Con motivo del vigésimo aniversario de esta sección de correo de los lectores se dejó entrevistar, como uno de los que la alimentaban y sostenían. Por otra lectora, y corresponsal habitual, nos enteramos de que se ha ido, como un día nos iremos todos para que se queden los pájaros cantando, según el aviso del poeta. En esta hora, Teresa, que así se llama la lectora, evoca las cartas que Pedro nos envió y a las que se les pudo hacer un hueco en este espacio. Envió muchas más, que quedan en la memoria del cartero. Su vida encierra una lección para todos: desde hacía años estaba en una residencia, donde pasó la pandemia, y eso no le impedía mirar el mundo y alumbrarnos con su mirada. No es el viaje, sino el viajero.

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Los peces no trepan árboles

Abril, 8 de la mañana, el despertador me pide que me levante un día más, ... lo apago, miro por la ventana, y con la mirada perdida vuelven aquellos pensamientos: ¿qué habrá sido del niño que le quitaba la cámara a su padre?, ¿dónde estará el joven ambicioso que veía sus sueños como un plan más? Me siento vacío, despersonalizado, sin reconocerme apenas, y como un acto reflejo me hago el desayuno un día más, sin darle especial importancia a que la ambición que siempre tuve y nunca valoré lo suficiente se había ido. Tardo más de lo que debería en pedir ayuda, en darme cuenta, de que no todo está perdido, que simplemente no estoy en el lugar correcto, y en el momento en el me doy cuenta de que soy un pez intentando trepar un árbol, todo cambia, y comienzo a nadar. Octubre, 8 de la mañana, suena de nuevo el despertador, pero esta vez lo apago con una sonrisa y, de nuevo, de modo inconsciente reinicio mi rutina, pero algo ha cambiado: ha vuelto mi ambición, mis ganas de mejorar y convertirme en la persona que realmente quiero ser. Todo el mundo es útil y puede hacer algo que le llene y, lo más importante, todos tenemos sueños; el problema es que cumplirlos, o por lo menos intentarlo, no es el camino fácil, pero todo esto cambiaría quizá si todos nos parásemos a pensar un momento: ¿de verdad esto es lo que quiero, para lo que verdaderamente estoy hecho?

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Pedro

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