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El bloc del cartero

Oppenheimer

Lorenzo Silva

Contrapone uno de nuestros lectores la figura de Oppenheimer, alguien que se planteó los límites del conocimiento, aunque acabara dando lugar al arma atómica, con los tecnocientíficos actuales que se plantean cruzar todas las líneas rojas con la sola condición de que ello resulte factible –y rentable–. El mito de Prometeo, que robó el fuego de los dioses a sabiendas, frente al de Fausto, que cegado por la ambición pactó con el diablo sin ser consciente de lo que ponía en juego. No está mal que la película que ha puesto de moda a Oppenheimer nos lleve a esta clase de reflexiones, aunque Hollywood nos dé del personaje una visión algo más amable que la que les cabe tener a quienes sufrieron por dos veces su invento. La utilidad, ese temible motor de la Historia, multiplica los Faustos. Y los destrozos.

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Oppenheimer, el Prometeo americano

Prometeo ayudó a los hombres entregando a estos el fuego que había robado a los ... dioses. Zeus lo condena al tratarse de una donación irreversible: superaba el límite establecido, aunque Prometeo lo sabía. Robert Oppenheimer –el Prometeo americano y padre de la bomba atómica– reflexionó sobre los límites y sobre el daño que en ocasiones esta transgresión puede generar. Fausto –hombre moderno sin límites– se independiza como héroe de su autonomía y está dispuesto a llegar a los confines del conocimiento sin límite alguno. Aprovechando los mitos de la tradición occidental, el conocimiento, la ciencia y la tecnología pueden ser enfocados con un modelo prometeico (el progreso científico para superar la naturaleza tiene límites) frente a un modelo fáustico (que utiliza el conocimiento y la tecnociencia sin límites para superar la condición humana dejando en segundo plano la búsqueda de la verdad ante el interés de la utilidad). En el 'turbocapitalismo' que vivimos predomina el modelo fáustico de ciencia y tecnología que asociamos a progreso, pero ¿somos conscientes de sus consecuencias?

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