Viernes, 30 de Mayo 2025, 10:27h
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Del erario salen muchos euros cada año, pero antes hay que allegárselos, a través del viejo mecanismo de los impuestos. De cómo se recauda, y el modo en que esa acción afecta a la vida personal y productiva de los ciudadanos, nos habla un lector que razona, con lógica difícilmente rebatible, que si fuera solo la codicia lo que le lleva a trabajar –ergo, a producir– habría bajado los brazos y se habría colocado en la cómoda posición de beneficiario del gasto público. Escuece un poco más su testimonio al leerlo junto al de otro ciudadano que observa –y sin poder evitarlo, pondera– el porte y la actitud de alguien a cuyos bolsillos va a parar parte de lo recaudado, a cambio de un supuesto servicio público. Y cuesta no pensar que, tanto para lo que entra como lo que sale del erario, convendría afinar más el tiro.
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