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Pequeñas infamias

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Carmen Posadas

Carmen Posadas

De unos meses a esta parte he descubierto los pódcast. No se puede decir que sean nuevos, llevan con nosotros desde 2008, pero experimentaron un auge durante la pandemia. Se trata, como ustedes saben, de una suerte de radio a la carta, donde puede uno escuchar conferencias, diálogos, entrevistas o cualquier otro contenido en el momento que uno quiera. Todos los grandes medios de comunicación tienen los suyos, y resulta muy interesante conocer de viva voz qué opinan los analistas de The New York Times, Le Monde, The Economist o la Universidad de Harvard sobre el calentamiento global, la guerra de Ucrania o la inflación.

También los hay de historia, de filosofía y de mil temas más. Pero no hace falta ser una institución de renombre; hoy en día, cualquiera ... puede colgar un pódcast y pontificar sobre lo que se le ocurra: el terraplanismo, por ejemplo, o las ventajas de beber lejía, o sobre cómo Bill Gates y Warren Buffett conspiran para introducirnos a todos un microchip a través de las vacunas. Los pódcast vienen, por tanto, a sumarse al general debate sobre los límites de la libertad de expresión en las redes y la conveniencia o no de poner límite a opiniones que son perniciosas o que, simplemente, van en contra del más elemental sentido común.

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