Pequeñas infamias

Extrañas resurrecciones

Viernes, 3 de febrero 2023, 09:29

En el primer tercio del siglo XX, el mundo occidental se dejaba seducir por dos ideologías entonces tan nuevas como atractivas. Por un lado, estaban los admiradores (entre ellos, muchos intelectuales) del modelo marxista, que propugnaba una sociedad igualitaria determinada por el progreso, el bienestar de los más débiles, la educación y la enseñanza gratuita. Todo un canto a la esperanza que, justo es decirlo, en pocos años transformó a la Unión Soviética de una sociedad campesina y analfabeta a una industrial y urbana, así como a una superpotencia militar. Por otro, estaba el modelo fascista que, en un principio, devolvió la autoestima en particular a los alemanes, impulsó grandes obras como la construcción de autopistas, desarrolló la industria y relanzó la economía logrando que el número de desempleados pasara de 5,6 millones en 1932 a un porcentaje cercano a cero en 1939. No es necesario recordar, sin embargo, en qué acabaron aquellos dos bellos espejismos.

Me parece que no estaría de más aprender del pasado. No de la convulsa primera parte del siglo XX, pero sí de la segunda

Desde entonces, el fascismo cuenta –y à juste titre– con el rechazo absoluto y la no menos absoluta condena por parte de (casi) todo ... el mundo, pero, en cambio, no parece haber ocurrido lo mismo con el primero de los espejismos. Ni las purgas de Stalin o Mao ni el fracaso económico y político de un sistema que se desmoronó en 1989 sin haber alcanzado ninguno de los sueños de progreso, igualdad y, mucho menos, libertad que prometía han logrado restarle ni un ápice de predicamento. Cierto es que, después de la caída del Muro de Berlín, el mundo pareció por unos años olvidarse de tan fallido paraíso. Los rusos abrazaron el capitalismo e incluso algo así como un simulacro de democracia, mientras que China optaba (y con mucho éxito) por la cuadratura del círculo: una economía capitalista combinada con un régimen comunista que ha logrado convertir al gigante asiático en la segunda potencia mundial. Todo esto es así –o, mejor dicho, era– hasta que de pronto, como la historia no se repite pero rima, ambos finados (el marxismo y los populismos nacionalistas de derechas) parecen haber resucitado. Y con una clara ventaja del primero sobre los segundos porque, aunque la ultraderecha avanza en muchos lugares, al menos nadie quiere ver asimilado su proyecto con las figuras de Mussolini o Hitler.

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Sobre la firma

Carmen de Posadas es una escritora uruguaya nacionalizada española. Ganadora del Premio Planeta en 1998 con «Pequeñas infamias»

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