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Pequeñas infamias

El regreso del Endurance

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Poco antes de que estallara la Primera Guerra Mundial, Ernest Shackleton partió hacia la Antártida. Su propósito era reivindicar uno de los fracasos heroicos que más ríos de tinta han hecho correr: el intento de Robert Scott de llegar primero al Polo Sur. Llegar llegó, pero solo para, desolado y medio muerto, comprobar como la bandera noruega de su rival Roald Amundsen ondeaba allí en señal de victoria.

El plan de Shackleton era ir un paso más allá y cruzar el casquete polar de parte a parte, desde el mar de Weddell al ... mar de Ross, al otro lado del continente. Para ello, y no con muy buenos augurios dado el momento histórico, en diciembre de 1914 y aprovechando el verano austral, el Endurance se adentró en las heladas aguas del océano Antártico, pero quedó atrapado en el hielo cuando se encontraba a poco más de un centenar de kilómetros de su primer destino, la bahía de Vahsel. Shackleton pensó entonces que, dada la época del año, el sol no tardaría en liberar la nave. No fue así.

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