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Pequeñas infamias

El irresistible encanto de los espejismos políticos

Carmen Posadas

Carmen Posadas

La semana pasada les comentaba la asombrosa habilidad de ciertos dirigentes para blanquear y hacer digeribles palabras que les interesan, como, por ejemplo, el malabarismo del PSOE al convencernos de las bondades de términos como 'amnistía', 'relator' (ahora transmutado en 'verificador') y, en breve, también 'referéndum'. Esto me ha hecho preguntarme cómo y por qué la ciudadanía es más proclive a aceptar ciertos relatos políticos que no daría por buenos si los propusiesen otras formaciones políticas; en este caso, unas más cercanas a la derecha.

Esta reflexión a su vez me ha llevado a otra, una que siempre me ha causado especial estupor, y es la siguiente: ¿por qué resultan ... más aceptables las transgresiones políticas y de toda índole cuando quienes las cometen son regímenes de izquierdas? ¿Por qué, además, grandes intelectuales y artistas apoyan y bendicen dichas transgresiones? Ocurre ahora mismo en los casos de Cuba, Nicaragua o Venezuela, pero el fenómeno no es nuevo. Ocurrió antes y con mucha más gravedad con la Unión Soviética y con la China de Mao, aceptados e incluso alabados ambos regímenes por miembros de la intelligentsia del mundo entero. El sovietólogo Alain Besançon, militante del Partido Comunista Francés hasta 1956, llama a este fenómeno la 'amnesia selectiva', y de ella han sido aquejados innumerables personajes relevantes de los siglos XX y XXI.

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