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Pequeñas infamias

Tejedor de serendipias

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Mi amigo Fernando Marías era un tipo raro. Lo era en la primera acepción de la palabra: inusual, poco común, extraordinario. Para cuando vean la luz estas líneas, tal vez me haya hecho a la idea de que ha muerto. De momento, pienso que todo es una broma estúpida, solo un malentendido, y que en cualquier momento recibiré un WhatsApp suyo. Uno con una buena noticia, porque tan raro era Fernando que todo lo que generaba a su alrededor era positivo.

Era, digámoslo así, un tejedor de serendipias. Si 'serendipia' es un hallazgo afortunado, valioso e inesperado, Fernando se las arreglaba para siempre propiciar alguno. No ... sé cómo lo hacía, pero a su alrededor solo se configuraban círculos virtuosos. Tal vez fuera su capacidad de escuchar o su inteligente manera de señalar otro camino cuando intuía que uno estaba a punto de tomar la senda equivocada; o quizá fuera su habilidad para conectar unas personas con otras de modo que todas se beneficiaran. Porque los amigos tejedores de serendipias (y si tienen ustedes uno en su vida no lo dejen escapar) son todo lo contrario de los amigos vampiro.

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