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Pequeñas infamias

Apasionadamente moderada

Carmen Posadas

Carmen Posadas

Quién nos lo iba a decir. La moderación se ha vuelto revolucionaria. Sí, ya sé que siempre se la ha tenido por una virtud sensata, civilizada. Pero, si se fijan, igual que ocurre con el amor, la moderación es (o al menos parece) la antítesis de la pasión. ¿Puede uno ser apasionadamente moderado? A mí me encantaría serlo, pero suena a oxímoron. Además, queda muchísimo mejor declararse arrebatado que tibio, vehemente que moderado, extático que sensato.

La moderación es (o al menos parece) la antítesis de la pasión. ¿Puede uno ser apasionadamente moderado?

En la historia, las páginas gloriosas no son para los contenidos, sino para los revolucionarios, los disruptivos, los temerarios y rompedores. Como Alejandro Magno, atreviéndose ... a cercenar con su espada el nudo gordiano, o la decisión de Julio César de cruzar el Rubicón. Pero dicho esto, ¿qué sería de la especie humana sin la gris, burocrática y aburridísima moderación? Los arrebatados rompen moldes y tiran abajo viejas estructuras, pero los moderados construyen, apaciguan, sosiegan. Ambas actitudes son necesarias y se complementan, pero ¿qué pasa cuando una claramente domina sobre la otra?

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