Sin meditarlo mucho, me he visto convirtiendo esta columna en una necrológica por primera vez en once años. Me ha salido así, de modo espontáneo, pura necesidad, al enterarme de la noticia del fallecimiento de José Luis Yzuel, presidente de Hostelería de España.
Lo primero que me ha venido es el título. Lo he escrito y a continuación me he puesto a pensar si podría interpretarse mal. Finalmente ... lo he dejado porque expresa con exactitud la imagen que se ha forjado en todos estos años en los que nos hemos conocido, desde que él llegó a la presidencia de Hostelería de España. Yzuel no ha hecho otra cosa que roturar, que seguir labrando hacia adelante con fuerza y determinación, sin temer la dureza de la tierra o las pendientes del terreno, como la que le tocó en plena pandemia y otras muchas menos conocidas.
Lo suyo ha sido avanzar por encima de todas las dificultades que se le han presentado con el objetivo de fortalecer al sector hostelero español, convertir su organización en un interlocutor a la altura de los tiempos y también impulsar y mejorar la imagen del gremio de la hostelería, amén de generar un sentimiento interno de pertenencia como nunca antes tuvo esa federación de asociaciones que renovó de arriba abajo, hasta en su nombre.
No nos dio tiempo a ir juntos a pescar salmones a Irlanda como me había prometido, pero lo recordaré siempre caña en ristre, ávido de que ese gran pez por fin mordiera su anzuelo y al tiempo divertido en la adversidad de la pesca escasa, feliz en cada uno de esos viajes que él hacía con sus amigos en los que la camaradería, la gastronomía y el buen humor resultaban mucho más reconfortantes que las capturas.
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