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Patente de corso

La mujer y los dos gladiadores

Arturo Pérez-Reverte

Viernes, 02 de Febrero 2024, 10:13h

Tiempo de lectura: 4 min

Uno de los reclamos turísticos con más gancho de Pompeya son los moldes de yeso de los cadáveres de las víctimas de la erupción del Vesubio en el año 79 después de Cristo. Fue al arqueólogo Giuseppe Fiorelli a quien se le ocurrió, al encontrar huecos en la ceniza que se correspondían con los enterrados en ella, llenar esos huecos con yeso líquido para obtener moldes de los cuerpos originales cuya materia orgánica había desaparecido casi por completo. Y el método resultó tan eficaz que hoy puede contemplarse un centenar de figuras, de yeso aunque del todo reales, con las posturas, actitudes e incluso gestos que tenían en el momento exacto en que la nube tóxica y ardiente los envolvió, matándolos en poco más de un minuto, a unos 400 grados de temperatura.

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