El estafador de Tinder vuelve como héroe de la machosfera. Hablan las víctimas
Hace cuatro años, este israelí se convirtió en héroe de la machosfera por haber estafado millones de euros a varias mujeres a través de una popular aplicación de citas. Condenado en diversas causas, ahora es un hombre libre. Tras seguir la pista de sus fechorías, preguntamos a sus víctimas cómo se sienten.
El 2 de febrero de 2022 se estrenó El timador de Tinder y Simon Leviev se convirtió en una celebridad. «De la noche a ... la mañana me hice famoso. Ese año mi nombre fue uno de los diez más buscados en Google en todo el planeta. Fue una locura. Otra vida», se jacta el protagonista de esta historia.
Leviev era el villano del que fue en su día el documental más visto de Netflix: un joven israelí acusado de estafar cerca de nueve millones de euros a media docena de mujeres a las que conoció en la mencionada aplicación de citas. Las deslumbró haciéndose pasar por heredero de Lev Leviev, magnate israelí de los diamantes.
La noruega Cecilie Fjellhøy fue una de las que cayeron en la trampa. Tras recibir desesperados mensajes de voz y fotos de Leviev y su guardaespaldas cubiertos de sangre pidiéndole 20.000 euros para huir de unos «enemigos», ella solicitó un préstamo y le entregó el dinero. Después, le pidió más... y más... Cuando le reclamó la devolución, él envió cheques sin fondos y promesas de transferencias bancarias no cumplidas. Tras pedir prestados otros 230.000 euros, acabó en bancarrota. Ignoraba que, mientras se endeudaba, él salía de fiesta con una rusa y una sueca llamada Pernilla Sjöholm. A Sjöholm también le pidió dinero: 40.000 euros. No sería la última...
Leviev ha sido objeto de varias demandas, incluida una de la propia familia cuyo apellido usurpó, que lo acusó de fraude, difamación y suplantación de identidad maliciosa. El año pasado, al entrar en Georgia, fue detenido a petición de las autoridades alemanas, que lo acusaban de estafar 44.000 euros a una mujer en Berlín. Tras haber cumplido condenas en Finlandia, Grecia e Israel, fue encarcelado en Tiflis. «Las condiciones eran inhumanas. Perdí veinte kilos en dos meses. Fue una dieta estupenda», comenta.
Un héroe para la machosfera
A muchos les entusiasma más la fama de Leviev que la forma en que la consiguió. En la llamada 'machosfera' es una especie de héroe por su vida glamurosa y rodeado de mujeres que actúan como meros accesorios. «Ven en mí a un tipo que no se rinde», señala. Tiene un representante en Hollywood y, asegura, gana una fortuna con actividades como grabar felicitaciones de cumpleaños a unos 190 euros la pieza, hacer apariciones en televisión o el lanzamiento (fallido) de una criptomoneda. Episodio este último que provocó su expulsión de Dubái en febrero por explotar el nombre de la familia real (Leviev lo niega y sostiene que hackearon sus redes sociales).
Su versión de los hechos es que unas ingenuas se enamoraron de él y se vengaron por despecho, lo que contrasta con la ingente cantidad de pruebas aportadas por sus víctimas
Leviev, de 35 años, habla por Zoom desde Tel Aviv. Se muestra relajado e ingenioso, con un matiz de vulnerabilidad que bien podría ser parte de su estrategia manipuladora. Su versión de los hechos es que unas ingenuas se enamoraron de él y se vengaron por despecho, lo que contrasta con la ingente cantidad de pruebas aportadas por sus víctimas. «Puede ser encantador y divertido, y fingir que le importas, pero todo es fachada –comenta Fjellhøy–. Solo busca quedarse con tu dinero. Su forma de tratarte es cruel».
Nacido Shimon Hayut, Leviev es uno de los seis hijos del rabino principal de El Al, la aerolínea de bandera israelí, y de una maestra de preescolar. Creció en Bnei Brak, localidad ultraortodoxa al este de Tel Aviv. «Es como una comunidad amish –explica–. No hay televisión, los matrimonios se conciertan, hay escuelas segregadas por sexos donde solo se estudia la Torá; el objetivo es llegar a ser rabino». Desde joven cuestionó su entorno. Sus maestros, con la aquiescencia de sus padres, lo golpeaban por atreverse a plantear dudas. «Así que también te pegaban en casa. Era mejor no decir nada. Sabía que era un chico malo».
Tras ser expulsado de varias escuelas, a los 13 años fue enviado a una yeshivá (equivalente judío al seminario) «para chicos problemáticos» en Nueva York. «Llevaba la kipá por aparentar, pero hacía lo que me daba la gana». Su padre le dio mil dólares para seis meses. «Un día vi una limusina y el conductor dijo que me llevaría a dar una vuelta por mil dólares». Recorrió la ciudad fascinado. «Me quedé sin un centavo para volver al seminario. Se lo expliqué a un policía, me dejó subir al metro gratis y pensé: 'Me encanta este estilo de vida; haré todo lo posible por conseguirlo'».
Empleado doméstico a los 17 años
A los 17 regresó a Israel obligado a cumplir el servicio militar, pero obtuvo la baja anticipada y se matriculó en una escuela de pilotos. Distanciado de su familia, ejerció como empleado doméstico y niñero para una familia. «Me trataron muy mal –cuenta–. Al final, me debían unos 7000 euros, pero me dieron un cheque por 700». Él lo alteró para que indicara 70.000 y se compró un Porsche. Se averió y lo vendió por 60.000. Al poco, relata, fue citado por la unidad de delitos económicos.
Pese a confesar, se fue libremente a Chipre. Meses más tarde, al regresar despreocupado a Israel, fue detenido en el aeropuerto por fraude, falsificación de cheques y por dejar a un niño de 5 años sin supervisión (detalle que él no menciona). «Con 20 años estaba sin trabajo, sin dinero, sin familia y sin libertad».
Sin perspectivas en su país, se hizo con un pasaporte falso y se fue a Londres, donde, cuenta, empezó a comprar coches de lujo de segunda mano que conducía hasta Ucrania para vender sus piezas. Más tarde pasó a adquirir propiedades en mal estado en la capital británica para reformarlas y revenderlas. Vivió también en Tailandia, donde se hacía con inmuebles de rusos, a bajo precio, tras el desplome del rublo provocado por la invasión de Crimea. Llegó a tener, afirma, una fortuna de «cerca de 100 millones de dólares: aviones privados, guardaespaldas, chicas, fiestas, deportivos, ropa...». Y añade: «No necesito quitarle 200.000 dólares a una chica».
Leviev, nacido Shimon Hayut, fue objeto de varias demandas, incluida una de la propia familia cuyo apellido usurpó, que lo acusaba de fraude, difamación y suplantación de identidad maliciosa
En 2015 fue detenido en Finlandia, donde cumplió dos años por usar, dice, una identidad falsa, blanqueo de capitales y evasión fiscal. Omite un cargo por estafa a cuatro finlandesas, incluida la madre de su hija. Tras su liberación regresó a Israel y cambió oficialmente su nombre a Simon Leviev, «porque admiraba a Leviev, no porque pretendiera ser él». Como no le dejaban salir del país, se hizo con otro pasaporte y, al no comparecer ante el juez, se emitió una orden internacional de búsqueda. Nada que le impidiera seguir viajando y hacer 'negocios' bajo otra identidad.
Fue entonces cuando descubrió Tinder. «Soy soltero –dice–. No soy Brad Pitt, pero soy atractivo». En 2018 hizo match con Fjellhøy, residente en Londres. Quedaron para tomar un café en un hotel, pero a los diez minutos lo llamaron para una reunión. Le envió un mensaje disculpándose y le pidió que lo acompañara esa noche a Bulgaria. Recogieron a Fjellhøy en un Rolls-Royce y en el vuelo le sirvieron champán y sushi. «Fui a mis reuniones —relata—. Ella me esperaba en el hotel, adonde llegué a medianoche». Al día siguiente le dijo que se iba a Berlín y le compró un billete a Londres. Asegura que solo se vieron dos veces más: en Noruega y Ámsterdam. «No fue una relación. No creo que pasara más de 24 horas con ella».
«No es cierto», replica Fjellhøy, que guarda archivos con los cariñosos mensajes que él le enviaba. «Nos vimos varias veces a lo largo de un periodo prolongado y manteníamos contacto diario. Me enamoré por teléfono. No entiendo por qué miente sobre cosas que no tienen que ver con la estafa».
Amenazas y desprecio a las víctimas
Pasadas seis semanas, investigadores de American Express contactaron con Fjellhøy para informarla sobre Leviev y lo denunció a la Policía noruega. Él sostiene que, por haber revelado su paradero a sus «enemigos», le dejó el mensaje amenazador que se reproduce en el documental: «Ten cuidado porque a cada acción le sigue una reacción». Y un correo electrónico: «No te creas Sherlock Holmes».
«Fue solo un ligue –alega Leviev–. Se creía que le había tocado la lotería, porque es increíble viajar en jet privado y Rolls-Royce el primer día que conoces a alguien. Además, no es precisamente Angelina Jolie. En un mal día, un cuatro te parece un seis».
Fjellhøy contactó con VG, el mayor diario de Noruega, y los periodistas que comenzaron a investigar su historia dieron con Pernilla Sjöholm, otra amiga de Leviev. «Pernilla quería ser famosa», comenta él, despectivo. Sjöholm califica esa idea de «absurda».
¿Le preguntó también por Ayleen Charlotte, que en el documental afirma haberle dado a Leviev 125.000 euros? «Era mi amiga», zanja. Lo que desmienten fuentes cercanas a ella: «Hay un rastro bien documentado de mensajes, fotografías, viajes y planes compartidos, examinado por la Policía y los autores del documental. Calificarla de 'amiga' no cambia lo que consta en los registros».
Fue condenado a 15 meses en una prisión de máxima seguridad de Israel, donde dice que recibió una paliza y le rompieron los dientes
Según Leviev, los mensajes a Charlotte se editaron para ajustarse a la narrativa de Netflix. La plataforma no comenta, pero Sjöholm sí: «Es ridículo que, tras ser condenado como estafador en serie y con un documental sobre sus crímenes, crea que puede cambiar esa narrativa. Es la prueba de hasta qué punto delira».
El reportaje de VG, en 2019, se hizo viral. Leviev relata que se escondió en casa de la familia de su novia rusa, en República Checa, pero lo echaron. Asegura que se ocultó en un granero e intentó ahorcarse, «pero la viga se rompió». Lo intentó otra vez con una sobredosis, «y entonces decidí recuperar mi vida». Cuatro meses después fue detenido al intentar salir de Grecia usando un alias. Pasó otros cinco preso antes de ser extraditado a Israel y ser condenado a 15 meses en una prisión de alta seguridad.
«Vi violencia; alguien echó agua hirviendo a una persona que dormía. Ves cómo se le descompone el rostro. Todavía oigo los gritos –relata–. Además, me dieron una paliza a puñetazos y me rompieron los dientes». Aquella etapa, cuenta, lo transformó. «Aprendí mucho. Era un engreído. Pensaba que tener dinero te hacía mejor que los demás. Ahora he aprendido a escuchar». Tras cinco meses, Leviev fue puesto en libertad anticipada por la pandemia. The Jerusalem Post informó que se hizo pasar por personal sanitario para recibir la vacuna contra la covid antes de tiempo. Al año siguiente se estrenó el documental de Netflix.
Asegura haberse reconciliado con sus padres, está soltero, tiene un hijo de tres años al que adora... y ha sido vetado en Tinder. A sus víctimas les repugna la reinvención de Leviev
Hoy, por primera vez en 15 años, Leviev no se enfrenta a proceso judicial alguno, aunque está bajo investigación por acusaciones de control coercitivo por parte de su exnovia Kate Konlin. «Se acabó que me llamen estafador o mala persona». Asegura haberse reconciliado con sus padres, está soltero, tiene un hijo de tres años al que adora y ha sido vetado en Tinder. «Estoy preparando mi propia aplicación de citas».
Fjellhøy y Sjöholm, por su parte, son conferenciantes motivacionales y les repugna la reinvención de Leviev. «El fraude conlleva un coste humano devastador –dice Sjöholm–, incluida una relación documentada con el suicidio entre las víctimas; algo que no se menciona cuando todo se presenta como una trama intrigante en lugar de como un delito».
«Me alegra ver que les va bien –replica Leviev, con suficiencia–. Ellas están sacando tajada. Yo también. El timador de Tinder fue lo mejor que me ha pasado nunca. Me río mientras me llevo el dinero».