Eclipse animal: ¿Pero qué está pasando?
Cuando el sol se apaga 'sin avisar'... ¿qué hacen los animales? ¿dejan de cantar los pájaros? ¿qué pasa con las mascotas? El 12 de agosto, gorriones, murciélagos, arañas, peces... también reaccionarán al espectáculo.
Madrid
Este 12 de agosto, poco antes de las 20.30 horas, buena parte de la península ibérica vivirá un espectáculo astronómico que no se ve ... desde hace más de un siglo, un eclipse total de Sol. Durante un ratito (entre unos pocos segundos y casi dos minutos según dónde estemos), el día se convertirá en noche. Mientras millones de personas levantaremos la vista al cielo con gafas especiales, habrá otros 'espectadores' mucho menos conscientes del fenómeno, los animales.
¿Cómo responderán cuando la luz desaparezca de repente? Esto ya nos lo preguntábamos hace siglos. La primera descripción conocida se remonta nada menos que al siglo XIII, en concreto al año 1239, cuando el monje italiano Ristoro d'Arezzo escribió ante el fenómeno natural que «todos los animales y las aves se asustaron, y las bestias salvajes pudieron ser capturadas con facilidad». Desde entonces se han acumulado decenas de relatos que, de alguna u otra forma, han descrito la respuesta de los animales a los eclipses, aunque la evidencia científica sigue siendo limitada.
La luz y el reloj biológico
Las profesoras María Jesús Delgado y Esther Isorna, especialistas en Fisiología Animal de la Universidad Complutense de Madrid, recuerdan que la mayoría de los estudios disponibles son observacionales. Es decir, describen lo que sucede durante un eclipse, pero sin el rigor y el sustento científicos. De hecho, ellas han publicado un artículo sobre el comportamiento de distintas especies de animales durante un eclipse y para poder documentarse apenas han encontrado una docena de trabajos específicos, «y muchos son antiguos», apuntan.
«El eclipse que observaremos en la península ibérica, al ser próximo al anochecer natural, la señal será menos discordante para el sistema circadiano que si ocurriera en pleno mediodía, por lo que se espera que sus efectos sobre la organización temporal interna sean aún menores», precisan las expertas.
Aun así, las observaciones hechas en las últimas décadas coinciden en un patrón general: la brusca disminución de la luz y el ligero descenso de la temperatura activan respuestas propias del anochecer. El reloj biológico de muchos animales -su ciclo circadiano que sincroniza procesos fisiológicos con factores ambientales como la luz o la temperatura- interpreta que el día se está terminando y modifica temporalmente su comportamiento.
Las aves son probablemente las protagonistas más llamativas. Blas Molina, técnico de SEO/BirdLife, explica que los pájaros reaccionan como si se hubiera hecho de noche de repente. Alteran su actividad (algunos regresan a sus dormideros) y especialmente sus cantos. «El 'coro' típico del atardecer puede cesar o cambiar, mientras algunas emiten reclamos asociados al final del día», detalla Molina. Después, cuando reaparece la luz gorriones, mirlos, estorninos y otras aves urbanas vuelven a cantar y a volar como si estuviera amaneciendo de nuevo. El proceso inverso sucede con las criaturas nocturnas. Damas de la noche como las lechuzas o noctívagos como búhos y murciélagos pueden abandonar antes de tiempo sus refugios para iniciar la caza de presas 'engañados' por esa oscuridad inesperada que les empuja fuera de sus hogares.
En el mundo de los insectos, las abejas interrumpen la recolección de néctar y vuelven apresuradamente a la colmena, mientras mariposas y hormigas reducen su actividad o buscan refugio. En cambio, los grillos comienzan a cantar como lo hacen al caer la tarde; las polillas salen de sus escondites y hasta las luciérnagas pueden iniciar sus rituales luminosos al desaparecer súbitamente la luz.
Las arañas: tejer y destejer
Uno de los comportamientos más curiosos corresponde a las arañas, que empiezan a desmontar sus telas cuando llega la oscuridad, convencidas de que la jornada ha terminado. Con el regreso del Sol, cual 'Penélopes' de ocho patas, vuelven a reconstruirlas... como si nada hubiera ocurrido.
Bajo el agua también se producen pequeños cambios. El plancton asciende hacia capas más superficiales y los peces 'nadan' más lento o se esconden entre las rocas para protegerse de posibles enemigos.
Los mamíferos ofrecen respuestas mucho más variadas. Durante el eclipse de 2017 en un zoológico de Carolina del Sur (EE UU), las jirafas dejaron de comer y se agruparon cerca de su establo, los flamencos se reunieron con sus polluelos en actitud protectora y algunos primates mostraron signos de ansiedad. Y durante otro eclipse solar en Zimbabue en 2001, leones, cocodrilos, cebras y antílopes no cambiaron sustancialmente su comportamiento.
Las observaciones sobre animales domésticos indican que el ganado interpreta el eclipse como una transición hacia la noche, interrumpe el pastoreo y se desplaza poco a poco hacia sus corrales, igual que las gallinas, que vuelven a sus gallineros, como cuentan los que recuerdan el eclipse solar de 1959 en Canarias, el último total en España.
Por lo demás, mascotas, perros y gatos suelen mostrar indiferencia al pasar la mayor parte del tiempo en casas iluminadas con luz artificial, «aunque algunos parecen percibir la alteración ambiental y permanecen atentos a los cambios de comportamiento de las personas que los rodean», indican las investigadoras de la Complutense.
Óscar Martín, un salmantino que ha visto doce eclipses solares por todo el mundo, aconseja por su experiencia dejarlas en casa porque «con los gritos de la gente y el tremendo alboroto que se va a montar, se pueden asustar». Así que si sucede como pronostica Martín, quizá la reacción menos 'bestial' sea la propia de los animales.
Observaciones por toda España
Zoos, acuarios, parques naturales y otros parajes del país serán escenario de investigaciones para recoger las respuestas de animales, tanto diurnos como nocturnos, durante el desarrollo del eclipse de Sol. La Asociación Ibérica de Zoos y Acuarios (AIZA) impulsa una iniciativa que grabará en tiempo real los cambios comportamentales de distintas especies como elefantes, leones, primates, osos y aves. La mayoría de los doce zoológicos que participan en este proyecto están ubicados estratégicamente dentro de la franja de totalidad del eclipse, un área que comprende 31 provincias de trece comunidades autónomas. Entre los lugares donde se colocarán cámaras destaca el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, el Oceanogràfic de Valencia, Terra Natura Benidorm, Bioparc Fuengirola, Sendaviva o el zoo de Santillana del Mar... Relacionada con este proyecto, la iniciativa de ciencia ciudadana Ecoeclipse está enfocada a registrar la actividad acústica de aves y murciélagos. Y la goleta Cervantes Saavedra, el buque escuela de la Universidad Camilo José Cela, observará en las Islas Columbretes la respuesta al eclipse de la pardela cenicienta y la gaviota de Audouin. También SEO/BirdLife (desde su 'app' eBird) anima a registrar el canto de las aves. Otra interesante iniciativa científica de ciencia ciudadana es Umbra.Lab, creada para observar y documentar datos sobre el comportamiento de animales «antes, durante y después« de los eclipses solares. La responsable del proyecto, Keike Mai, explica su idea: «Generar datos observacionales estructurados, comparables y útiles para detectar patrones y formular nuevas preguntas de investigación y aportar información sobre la relación entre luz natural, ritmos biológicos y comportamiento animal».