Increíbles peripecias de un manuscrito secreto
'El doctor Zhivago', la novela que desafió a Stalin y acabó con su autor
La publicación de 'El doctor Zhivago' fue una odisea con torturas, operaciones secretas, la intervención de la CIA y la aniquilación de su autor, Borís Pasternak. Lo recordamos ahora que la editorial Feltrinelli lo reedita.
El piloto recibe una orden inesperada: debe aterrizar en Malta «por causas técnicas». Los pasajeros, a quienes se pide que desalojen el avión en el ... aeropuerto de La Valeta, no saben que están viviendo una operación del MI5, el servicio secreto británico. Uno de los pasajeros lleva consigo una copia de la novela El doctor Zhivago, de Borís Pasternak. En el mismo aeropuerto, los agentes británicos fotografían sus páginas. A continuación el vuelo reemprende su camino.
El material se envía a la CIA y esta se ocupa de que la editorial Mouton de La Haya publique la novela en ruso, requisito fundamental para que pueda ser considerada en las evaluaciones del Comité del Premio Nobel de Literatura.
El doctor Zhivago, la colosal novela de Borís Pasternak que narra las vicisitudes de un hombre íntegro durante el nacimiento de la URSS, es una obra valiente porque desafía la historiografía oficial bolchevique y muestra verdades incómodas para el régimen.
La novela es ella misma protagonista de una historia durísima que encumbró y aniquiló a su autor. Fue también el centro de una de las batallas de la Guerra Fría; a Estados Unidos le interesó utilizarla contra los soviéticos que la habían prohibido. La gran víctima fue Pasternak. Los soviéticos lo acosaron; encarcelaron y torturaron a sus seres queridos; lo vilipendiaron; lo privaron de medios económicos para subsistir; lo denostaron y humillaron. Su destrucción fue cruel. Como explica Manuel Florentín, autor de Escritores y artistas bajo el comunismo (Arzalia Ediciones), «falleció de cáncer, pero estaba aniquilado por los disgustos y la represión».
Borís Pasternak sospechaba que El doctor Zhivago le iba a suponer el martirio. Acertó. En mayo de 1956, hace ahora 70 años, el escritor ruso se citó en secreto con Sergio D'Angelo, periodista comunista italiano que trabajaba para Radio Moscú y, además, era ojeador de nuevos textos para el joven editor italiano, también comunista, Giangiacomo Feltrinelli. «Desde este momento queda invitado a mi fusilamiento», le dijo Pasternak a D'Angelo cuando le entregó las páginas escritas en cirílico de El doctor Zhivago. «Fue un acto de rebeldía política sin precedentes: por primera vez en casi treinta años, un escritor soviético se atrevía a publicar fuera sin autorización del Estado. Su determinación era tal que confesó a sus hermanas que la publicación del libro le importaba más que su propia vida», cuenta Marta Rebón, traductora de El doctor Zhivago.
Borís Pasternak se convirtió en un rebelde insospechado. Antes de Zhivago –su única novela completa– era un poeta de éxito, considerado hasta en seis ocasiones para el Premio Nobel de Literatura. «No fue un autor crítico con el régimen. Incluso en los primeros momentos compuso poemas para elogiar a Lenin y Stalin», explica Manuel Florentín. En los años treinta era «un poeta de los cursis», según los medios soviéticos.
La protección inicial de Stalin
Un viaje a los Urales con otros escritores en 1932 lo cambió todo. Pasternak descubrió la pobreza y el hambre que devoraba a los campesinos. Regresó a Moscú antes de lo previsto, conmocionado. Durante los primeros años infernales de persecución y terror estalinista, Pasternak se había salvado porque lo protegió el mismo Stalin: «Dejadlo, es un morador de las nubes», ordenó el dictador. Al principio no lo tocaron, pero él veía cómo el terror se expandía.
«Cargaba con la culpa de haber sobrevivido cuando tantos contemporáneos suyos –Mayakovski, Tsvietáieva, Meyerhold– habían sido ejecutados o se habían suicidado. La novela era la prueba de que había intentado dar testimonio de los sufrimientos indecibles de su pueblo», explica Marta Rebón.
«Desde este momento queda invitado a mi fusilamiento», le dijo Borís Pasternak al periodista italiano al que entregó, en secreto, las páginas de 'El doctor Zhivago'
Fue valiente Pasternak cuando intercedió para que liberaran al escritor Ósip Mandelstam, incluso llamó por teléfono a Stalin para ayudar a su amigo. Tras tres minutos de conversación Stalin le colgó.
Un acoso espeso y pertinaz se le echaba encima. A su alrededor prendían a escritores: Borís Pilniak, Isaak Bábel... A él lo censuraron. «Sus obras estaban incluidas entre los más de 24 millones de libros que, entre 1938 y 1939, se destruyeron por ser 'dañinos'», detalla Manuel Florentín.
Fueron años de vetos y exterminios. «En aquel tiempo solo los muertos sonreían, felices por su descanso», escribió Anna Ajmátova en Réquiem. Pasternak sobrevivió en aquel tiempo gracias a las traducciones: de Goethe y Shakespeare, entre otros.
El rechazo se intensificó. Lo expulsaron de la junta directiva de la Unión de Escritores Soviéticos en 1946. Lo atacaron Pravda y otros medios por «reaccionario y retrógrado». La revista literaria Novy Mir rechazó sus poemas… ¿Su delito? No ensalzar lo soviético, ser solo un poeta, aunque ya entonces escribía –en silencio– El doctor Zhivago: tardó diez años en culminarlo.
En pleno atosigamiento, Pasternak encontró a Lara, la protagonista de El doctor Zhivago. Sucedió en 1946. Se llamaba Olga Ivinskaya, era viuda, tenía 22 años menos que él y trabajaba en Novy Mir. Pasternak (que estaba casado, igual que Zhivago) se enamoró de ella.
El Partido Comunista lo sabía todo –el enamora-miento y la novela– y se puso en marcha. Se llevaron a Olga (que estaba embarazada de Pasternak) a la aterradora Lubianka, donde la desnudaron, aislaron, interrogaron y torturaron. En la Lubianka perdió al bebé, luego la condenaron a cinco años de trabajos forzados.
A Pasternak le dio un infarto. Sufrió la misma sádica tortura que Anna Ajmátova: los dejaban libres a ellos mientras atrapaban a los suyos 'por su culpa'.
La CIA coló la novela en la Unión Soviética a través de artistas del Este en gira por Occidente e incluso con los músicos de la Filarmónica de Moscú, que camuflaban sus páginas entre las partituras
Tras un año de penurias, Olga regresó –la liberaron tras la muerte de Stalin, en 1953– y ayudó a Pasternak con la novela: corrigió y mecanografió el manuscrito.
Pasternak sabía que su novela no iba a gustar a la nomenklatura soviética, pero aun así la envió a varias revistas y una editorial. Tenía razón: no gustó. «Su espíritu es de rechazo a la revolución socialista», argumentó Novy Mir. Sabía también que entregar el manuscrito a Sergio D'Angelo era una probable sentencia de muerte, pero creía que con Jrushchov al frente del poder se endulzaría la situación. Ahí se equivocó.
Un código secreto entre el escritor y el editor
Las presiones llegaron rápido a Giangiacomo Feltrinelli, editor reciente, hijo de una de las familias más ricas de Milán y ferviente comunista. El Kremlin se ocupó de que el Partido Comunista Italiano lo llamara a capítulo. Feltrinelli le había pasado la novela al eslavista Pietro Zveteremich, quien le había dicho, rotundo: «No publicar una novela como esta constituye un crimen contra la cultura».
Estaba preparado Feltrinelli. Pasternak lo había prevenido de que si le llegaba alguna carta o texto de su parte no creyera su contenido a menos que estuviera escrito en francés. Este código fue crucial porque, por supuesto, Feltrinelli recibió un telegrama de Pasternak (en italiano) para pedir el aplazamiento de la publicación de la novela.
Por fin El doctor Zhivago se publicó en italiano el 23 de noviembre de 1957 con una tirada inicial de 12.000 ejemplares. Se reeditó de inmediato. Y corrieron las copias piratas en otros idiomas. Se encolerizaron los soviéticos: «Pasternak es un burgués individualista lleno de rencor», dijo Dimitri Polikarpov, director de la sección de Artes y Letras del Comité Central. En agosto de 1958 se termina la edición en ruso orquestada por los servicios secretos occidentales, los que fotografiaron la novela del pasajero del avión de Malta. Y poco después, en octubre, Borís Pasternak es galardonado con el Premio Nobel de Literatura.
La novela se expandía. Era superventas en Occidente. La CIA la distribuía de manera clandestina en la URSS: imprimió 9000 ejemplares en formato bolsillo con el sello de una editorial falsa y los coló a través de viajeros (introducidos en paquetes de comida, de compresas, de tampones...); con la colaboración de artistas del Este en gira por Occidente e incluso con los músicos de la Filarmónica de Moscú, que camuflaban sus páginas entre las partituras. Solo en la Expo de Bruselas de 1958 se distribuyeron 3000 ejemplares a soviéticos que pasaron por el pabellón del Vaticano.
Pasternak se enamoró de Olga Ivinskaya, una viuda 22 años más joven que él, cuando estaba casado, como Zhivago. Ella sería lara, la protagonista de la novela
Borís Pasternak se hizo famoso en el mundo mientras en Rusia malvivía estrangulado. Lo expulsaron de la Unión de Escritores y de la dacha de la que disfrutaba en Peredélkino; también se paralizaron sus traducciones. Se quedó sin medios para vivir. Lo insultaban incluso desde las revistas para niños; «cerdo» lo llamó ante 14.000 personas el secretario general de las Juventudes Comunistas.
Se convirtió en un paria. Cuenta Manuel Florentín que el corresponsal de la radio pública alemana Gerd Ruge le daba dinero recaudado por rusos exiliados a través de la hija de Olga: fingían un encuentro casual en el Metro para la entrega. Feltrinelli también le hizo llegar alguna cantidad.
Pasternak renunció al Premio Nobel por temor a represalias contra él y los suyos. Estaba acorralado, pero no se quería ir de Rusia. Solo y aislado, deprimido, sometido a continua vigilancia policial, «estaba a punto de suicidarse», explica Manuel Florentín. El Partido Comunista se opone. Envían a Dimitri Polikarpov a advertir a Olga Ivinskaya de que debe impedir que el escritor se mate.
Borís Pasternak murió de cáncer en mayo de 1960: «Las represalias arruinaron su reputación en la URSS y el estrés deterioró gravemente su salud», apunta Marta Rebón. No llegó a ver la mítica película que David Lean dirigió en 1965 sobre El doctor Zhivago y que se rodó en España. Pero incluso muerto no cesó el tormento. A Olga la encarcelaron cuatro años. También prendieron a su hija Irina (de un matrimonio anterior a Pasternak); se truncaron las carreras profesionales de los hijos que Pasternak tuvo con sus dos primeras mujeres; y muchos ciudadanos fueron a prisión por difundir sus obras (también los poemas 'cursis').
Como dice Pasha, el marido revolucionario de Lara, en la novela: «La vida personal ha muerto en Rusia. La mató la historia». Con El doctor Zhivago dijo Pasternak que había pretendido «juzgar la realidad de una forma incondicional, como se hacía antaño».
La novela estuvo prohibida en Rusia hasta 1988 aunque circulaba clandestinamente en samizdat ('copias caseras'). Un año después, su hijo Yevgueni recogió el Premio Nobel en su nombre.
Ahora, la editorial Feltrinelli aterriza en España y arranca con esta gran novela «tan amada y leída –aún hoy– y en su tiempo rehén de tantos prejuicios», según Carlo Feltrinelli. Pasternak se inmoló con ella: «Asumió el desastre como un deber ineludible», dice Marta Rebón. Y a la vez se encumbró: «La publicación de El doctor Zhivago y el Premio Nobel transformaron a Borís Pasternak en símbolo moral y figura internacional de la libertad humana», añade.