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Científicos cobayas: sufrir (en carne propia) para el avance del conocimiento

Vivir por la ciencia

Científicos cobayas: sufrir (en carne propia) para el avance del conocimiento

Someterse a velocidades supersónicas, ingerir productos tóxicos, implantarse microchips... A lo largo de la historia, muchos científicos han arriesgado (incluso perdido) la vida con tal de demostrar sus teorías. Así son los sabios que han hecho de su cuerpo su laboratorio.

El método científico experimental –la realización de pruebas para demostrar una teoría– no terminó de normalizarse en la ciencia hasta el siglo XVI, cuando Isaac Newton, por esa vía, probó, entre otros, los principios de la dinámica o la teoría de la gravitación universal. Antes, la ciencia estaba muy próxima a la filosofía y se entendía como pensamiento.

Newton, en cambio, casi se quema la córnea para entender las alucinaciones visuales. No se le ocurrió otra forma que mirar fijamente al Sol durante ... horas. En cierto modo, Da Vinci ya lo aplicaba dos siglos antes, jugándose incluso la vida al agenciarse cadáveres para diseccionarlos de madrugada y describir los sistemas circulatorio, óseo y muscular, algo por lo que podría haber sido condenado por herejía y necromancia. Desde entonces, todos los científicos experimentan, pero muchos, como Leonardo, van más allá y, amando la ciencia más que sus propias vidas, se juegan la piel en sus investigaciones.

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