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Viajamos a Sudán: el testimonio de los peregrinos del hambre

La gran hambruna de la que nadie habla

Viajamos a Sudán: el testimonio de los peregrinos del hambre

Los sueños de libertad en Sudán han terminado en una guerra civil y en la mayor crisis alimentaria del planeta. Casi un millón de personas están en riesgo inminente de morir por falta de comida. Entre bombardeos, saqueos y violaciones, la población sobrevive gracias a pequeños comedores sociales. El epílogo dramático de un país que hace pocos años creyó tocar la democracia.

Antes de que el sol aparezca sobre el Nilo y los morteros sobrevuelen el cielo, Ayman al-Amin Taha entra en el comedor social que dirige y se sienta frente a una olla gigantesca. Cada mañana, a partir de las cinco y media, Taha cocina la sopa que servirá a cientos de personas hambrientas. Mientras este cocinero improvisado se afana con el guiso, las ciudades de Omdurmán y Jartum, antes hermanas, yacen destruidas. Barrios enteros han sido acribillados, camionetas con ametralladoras circulan entre tanques quemados. En Omdurmán, las mujeres hablan de violaciones, de niños reclutados a la fuerza y drogados con metanfetamina. En los pocos hospitales que siguen abiertos, los médicos informan de bombardeos, hambre y miembros amputados. En las carnicerías cuelgan ganchos vacíos y oxidados.

Alí Saleh tiene 60 años. Ha perdido tanto peso que los pantalones bailan en sus piernas. Como cientos de personas, acude cada día a uno de los comedores sociales para llenar su bolsa, y su estómago, con algo de sopa y unos trozos de pan. «Antes de la guerra, este era un buen barrio».
«Nunca he tenido la muerte tan cerca». | Alí Saleh tiene 60 años. Ha perdido tanto peso que los pantalones bailan en sus piernas. Como cientos de personas, acude cada día a uno de los comedores sociales para llenar su bolsa, y su estómago, con algo de sopa y unos trozos de pan. «Antes de la guerra, este era un buen barrio».

A cinco kilómetros del comedor social de Taha, al otro lado del Nilo, se elevan los rascacielos de la capital, Jartum, abandonada por el Gobierno. ... La guerra comenzó precisamente allí en abril de 2023. Estalló cuando el Ejército quiso incorporar en sus filas a un grupo paramilitar, las sanguinarias Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), que por entonces contaba con 100.000 hombres. Las tensas negociaciones para esa integración acabaron en guerra. Desde entonces, las fuerzas regulares de Sudán, comandadas por el presidente de facto, el general Abdel Fattah al Burhan, luchan contra las RSF, bajo el mando de su antiguo adjunto, el teniente general Mohamed Hamdan Daglo, conocido como Hemeti.

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