Por qué la evolución nos hizo sedientos
Antropología

Por qué la evolución nos hizo sedientos

Foto: Getty Images

Tener sed no es solo una necesidad biológica, sino un rasgo evolutivo que determinó nuestra supervivencia como especie. Con el cambio climático, beber y sudar serán cada vez más actos decisivos. Le contamos los últimos descubrimientos sobre nuestra relación con el agua.

Martes, 14 de septiembre 2021, 12:20

El verano más caluroso de los últimos ochenta años nos está haciendo sudar la gota gorda, pero sepa que el ciclo continuo de beber, orinar, transpirar y rehidratarse es uno de los motores más potentes de la evolución. Para entender su influencia hay que remontarse a la prehistoria.

Hace unos dos millones de años, el clima de África, cuna de los primeros homínidos, se hizo más seco. Esto provocó que cambiasen las proporciones ... corporales de nuestros ancestros. Los bajos y fornidos australopitecos las pasaban canutas en comparación con los primeros habitantes del género Homo, más altos y delgados. «Estos cambios redujeron la exposición de nuestros ancestros a la radiación solar, al tiempo que permitían una mayor exposición al viento, pues disponían de una mayor superficie corporal. Así aumentó su capacidad de disipar el calor, haciéndolos más eficientes en el uso del agua», explica el biólogo Asher Rosinger en Scientific American.

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